NACIO UN 18 DE MARZO DE 1889
Alejandro Bustillo y su huella indeleble
Llao Llao, la Capilla San Eduardo y la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi se destacan entre su legado.
Hoy se celebraría el cumpleaños de Alejandro Bustillo, arquitecto, pintor y escultor, que dejó su impronta inconfundible en el perfil de Bariloche. Allí están como testimonios el Hotel Llao Llao, la Hostería de Isla Victoria, la Capilla San Eduardo (Llao Llao) y varios edificios de la Administración de Parques Nacionales, entre otras construcciones. Nació el 20 de marzo de 1889, se entrometió con firmeza en la fisonomía de la ciudad a partir de la década del 30 y falleció en 1982.
Folletos del actual Llao Llao Hotel & Resort le reservan un lugar de privilegio. Fue “indagador de la historia del arte, con reflexiones que denotaban un espíritu de selección. Premiado en salones nacionales y extranjeros de Pintura, académico en Bellas Artes, es recordado principalmente por sus admirables obras arquitectónicas, entre las muchas que efectuó: el Casino y la ornamentación de la playa Bristol, en Mar del Plata y la casa central del Banco Nación Argentina”.
Hubo quien se encargó de reconstruir su biografía; un estudioso de la historia de la arquitectura argentina: el especialista Jorge Ramos, que escribió la crónica denominada “Alejandro Bustillo: de la Hélade a la pampa”. De ella, se desprende que el modelador de Bariloche “era hijo de María Luisa Madero y del doctor José María Bustillo, perteneciendo a una familia de estrato social alto y de largo arraigo en América pues, según declaraciones suyas, desciende en línea directa por rama materna de las hijas de Túpac Inca Yupanqui y Huayna Cápac, quienes se casaron con conquistadores”.
Según la reconstrucción, “importantes períodos de su infancia y juventud transcurren en estancias pampeanas donde se entusiasma con la práctica constructiva. Reafirmó esta vocación cursando estudios secundarios en el Instituto Politécnico Superior, la escuela industrial que acababa de fundar el ingeniero Otto Krause. Ingresó luego en la Escuela de Arquitectura que, por entonces, dependía de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de Buenos Aires...”.
El joven Bustillo era un hombre inquieto. “Tras una interrupción de sus estudios para dedicarse de lleno a la pintura, se graduó de arquitecto en 1914. Dos años antes, había ganado el Primer Premio del Salón Nacional de Pintura del Museo de Bellas Artes con su autorretrato, obra con la que volverá a obtener un premio (Medalla de Oro) en la Exposición Internacional de Pintura de San Francisco, EUA, en 1934. También obtuvo el Primer Premio de Escultura en el Salón Nacional de 1932, con el bronce El pecado original; y en 1937, sería nombrado Académico de Bellas Artes”.
En la Argentina liberal
Pero claro, su actividad central era la arquitectura, “dedicando sus primeros años de graduado a proyectos de estancias, galpones y otras obras de infraestructura agroganadera en la pampa húmeda, zona en la que fijó su residencia”, explicaba Ramos. “Con la larga estadía en Francia (dos años), cumplía además con el ritual europeísta de la clase alta argentina, y anudaba contactos con sus futuros comitentes: estancieros, diplomáticos y políticos de la Argentina liberal”.
Después de desarrollar innumerables proyectos en la actividad privada y pública, hacia mediados de los 30, le tocó a Bustillo relacionarse con Bariloche. Según Ramos “completan la serie de las grandes obras oficiales las que realiza en el Parque Nacional Nahuel Huapi durante la dirección de su hermano Exequiel, entre 1934 y 1944, destacándose especialmente el Hotel Llao-Llao. La obra, ganada por concurso en 1936 e inaugurada en 1938, se incendió un año después y la reconstruyó en 1940, respetando el proyecto original, pero sustituyendo la madera por mampostería de piedra y hormigón armado”.
La biografía apunta que “con características similares se realizó una obra sistemática en todo el Parque, abarcando distintas escalas de diseño, a cargo de una tríada: Ernesto de Estrada, Bustillo y Miguel Ángel Cesari, donde el primero se ocupó de urbanizaciones (Centro Cívico y ensanche oeste de Bariloche, planeamiento de las villas Catedral, Llao-LLao y La Angostura, parques varios, etc.); Alejandro Bustillo, de numerosos proyectos de edificios; y Cesari, del desarrollo de estos últimos, como colaborador”.
El arquitecto le imprimió a Bariloche una huella indeleble. “La imagen arquitectónica resultante, que dejaría una marca territorial, surgió del cruce ambiguo entre materiales locales, técnicas tradicionales, decisiones oficiales e inclusiones exóticas”. Es que “la zona había sido colonizada a fines del siglo XIX (1895 a 1899) por chilotes y descendientes de la colonización alemana del sur chileno quienes convivieron con algunos indígenas”.
Según Ramos, “para la época de la creación del Parque Nacional, estos pioneros ya habían definido la fisonomía de varios poblados, construidos en madera sobre la base de dos técnicas: el ‘block haus’ de troncos cruzados en las esquinas con entalladura a media madera y uniones entarugadas (de origen europeo) y, la más difundida del ‘ballon frame’, con estructura de tirantes, revestimientos de tablas y orillas y uniones clavadas (transmitidas por los carpinteros chilenos). La tipología formal inspiraba en modelos bávaros y tiroleses reelaborados en el sur trasandino”. Uno de los rostros inconfundibles de Bariloche.
Estilo regional
Sobre aquéllas bases –mestizaje arquitectónico chilote europeo-, Bustillo impuso sus criterios sobre los diseños. “El equipo técnico de Parques Nacionales, dirigido por Alejandro Bustillo, diseñó sus arquitecturas y redactó una normativa para aprobación de planos para obtener ‘un definido estilo regional’. En este afán contextualista, de clara connotación folk e historicista europea, se privilegiaron técnicas artesanales dejando de lado algunos avances sobre sistematización de componentes ensayados por los propios pioneros, en especial por Primo Capraro, primer arquitecto y constructor del Nahuel Huapi”.
En consecuencia, “fueron comunes los proyectos de Alejandro Bustillo en sistema ‘block haus’, a veces simulado, como en los casos de la Hostería Isla Victoria (1945) y las capillas La Asunción (Villa La Angostura, 1936), San Eduardo (Llao Llao, 1938) y de Villa Catedral (circa 1940), todas ellas con el lenguaje formal de las iglesias chilotas. Con esta misma técnica constructiva, desarrolló un prototipo de vivienda para guardaparques (1938), de reproducción numerosa”.
Además, “en mampostería rústica de piedra, por su parte, realizó la Catedral Nuestra Señora de Nahuel Huapi (1946), otra de sus obras mayores, en gotizante simplificado y dos edificios que retoman su vertiente minimalista: la Intendencia (del Parque Nacional Nahuel Huapi) y el edificio Movilidad, ambos prismas puros rematados con cubierta a dos aguas, ventanas seriadas casi continuas y una envolvente de material único”.
Por último, Ramos considera que “de cita obligada por su importancia y por su contradictorio abandono del chilote-tirolés es la residencia El Messidor (proyecto 1942, construcción 1948) definida por Alejandro Bustillo como un ‘manoir’ e inspirada en un castillo del sur de Francia”. Tal el trabajo del arquitecto que nació 13 años antes que la ciudad cuya fisonomía definió y que, a pesar de tanto desmadre estilístico, aún perdura.