2016-01-29

Ramos Mexía y Bailey Willis, los que soñaron con un Bariloche fabril

- EL DESTINO QUE NO TUVO LA REGION -Bariloche y su área circundante podrían constituir un enclave industrial si los planes del ministro Ezequiel Ramos Mexía y el geólogo estadounidense Bailey Willis hubieran prosperado.

Ambos concibieron la idea de construir un ramal ferrocarrilero que uniera las costas atlántica y pacífica a través del sitio que hoy ocupa esta ciudad. La cereza del postre iba ser la hipotética ciudad industrial del Nahuel Huapi, a erigirse sobre las orillas del gran lago. El proyecto, obviamente, no prosperó.

Ramos Mexía vivió entre los años 1853 y 1935. Ocupó despachos ministeriales durante las presidencias de Roca, Figueroa Alcorta y Sáenz Peña y dio algunos pasos para promover el desarrollo patagónico, pero sus iniciativas concitaron “una resistencia sorda primero y violenta después”. Fue su compañero de quimeras, el científico y técnico Bailey Willis, quien hasta llegó a sufrir alguna persecución por su carácter de colaborador del ministro.

La labor de ambos personajes en relación a la Patagonia fue rescatada por Arturo Frondizi, prócer del desarrollismo y ex-presidente de la Argentina que a mediados de los ’80 publicó un pequeño libro denominado “Breve historia de un yanqui que proyectó industrializar la Patagonia (1911-1914)”. Ese yanqui era Willis, ingeniero y geólogo del Departamento de Investigaciones Geológicas de los Estados Unidos.

El estadounidense viajó en varias oportunidades por la región y mantenía una relación estrecha con Ramos Mexía. Decía Frondizi: “Al escuchar los relatos coloridos del geólogo Willis que evocaban su juventud en el Lejano Oeste de los Estados Unidos, y al saber que Spokane se había transformado en treinta años de simple campamento ferroviario en una ciudad de 75.000 habitantes, Ramos Mexía preveía para la Patagonia un destino semejante”.

Es curioso que 100 años después, se siga discutiendo en la Argentina la necesidad de construir un ferrocarril transcordillerano a la altura de la Patagonia norte. “Así, (Ramos Mexía) concibió la idea de estudiar el tendido de una línea ferroviaria que desde San Antonio, pasando por Nahuel Huapi, debía extenderse a través de la Cordillera hasta el Pacífico, uniendo las economías chilena y argentina a través de los Andes. Se trataba en el fondo, de restablecer una línea histórica de comercio interlatinoamericano (sic), quebrada en el siglo XIX”, señalaba el Frondizi.

Otro sur

Para Frondizi, era lógico entonces que “la política estatal del fomento ferroviario de Ramos Mexía estuviese estrechamente unida a la búsqueda de agua en las zonas desérticas, al arraigo de la colonización y a la implantación de industrias en el Sur. Fue así como Willis, al explorar los pasos cordilleranos, descubrió con asombro las bellezas y las posibilidades económicas de la zona del Nahuel Huapi”.

Al momento de estudiar posibles pasos para el ferrocarril que se estaba proyectando, el estadounidense había observado “problemas similares a los suscitados por la construcción de algunos ferrocarriles norteamericanos”, afirmaba el ex-presidente. “Gargantas similares habían sido cruzadas por la Northern Pacific R.R. y la dificultad de un puente costoso. En los primeros tiempos de desarrollo, se habían vencido por medio de la construcción de puentes con armaduras de madera que tendrían una duración de veinticinco años o más”, apuntaba el propio Bailey Willis.

“Pero el proyecto de Ramos Mexía no consistía tan sólo en construir un Ferrocarril del Estado que llegase hasta Valdivia en Chile, aclaraba Frondizi. Consideraba que el ferrocarril era un valioso instrumento con un designio más amplio. Por esa razón, encargó al Dr. Willis que investigara la capacidad regional para sostener industrias de interés nacional. Al mismo tiempo, como era impensable la proyección de industrias sin energía eléctrica, además del hecho de la tradicional dependencia argentina del carbón importado, era necesaria la búsqueda de otro tipo de recursos. De está manera, Willis fue comisionado para estudiar todos los recursos probables de la riqueza hidráulica para la erección de grandes usinas hidroeléctricas”.

Más allá de las valoraciones que pueden hacerse actualmente, si el plan del ministro se hubiera impuesto sería muy distinta hoy la fisonomía de la región. “En el pensamiento de Ramos Mexía la modernización de la Patagonia incluía, en resumen, ferrocarriles estatales de fomento, agua potable, diques y usinas hidroeléctricas, caminos viables para intercomunicar el sur chileno con el sur argentino, fundación de industrias patagónicas, siembra de trigo para disminuir la dependencia alimenticia del Sur con respecto a las provincias del norte, y grandes planes de colonización para arraigar población campesina en el desierto”.

A su vez, recordaba el apologista del desarrollismo que “las exploraciones de Willis lo condujeron a redescubrir el olvidado paso del Cajón Negro, para unir Nahuel Huapi con Valdivia. De todas sus andanzas, pudo reunir un inmenso material de estudio. Al terminar las tareas que le fueron asignadas, el geólogo viajó a Estados Unidos para estudiar y reunir información adecuada acerca de las experiencias norteamericanas en irrigación, ferrocarriles y problemas generales de ingeniería. Lo esperaban a su regreso los adversarios del progreso económico argentino”. En consecuencia, la Patagonia quedó condenada a su rol de satélite de Pampa Húmeda y Buenos Aires.

La Ciudad Industrial del Nahuel Huapi

Corría 1912, cuando Ezequiel Ramos Mexía le expuso su plan al ingeniero Bailey Willis, después de superar una tormenta política provocada por los partidarios de los intereses portuarios. “Debemos tener una ciudad capital –le dijo- que sea el asiento del gobierno provincial con su universidad, cuartel militar, distritos industrial y residencial, plazas públicas , en fin, todo aquello que sea necesario para su administración civil. Usted ubicará el sitio y proyectará los planos”, ordenó con entusiasmo, el ministro.

Señalaba Arturo Frondizi que “desde Bariloche, cuartel general de Willis, todo el equipo se consagró al estudio del apasionante proyecto. Se reunieron elementos de juicio, las características físicas de la zona, sus niveles, los datos geo-económicos, el régimen de lluvias, las posibilidades de energía hidroeléctrica. Se trataba, ante todo, de encontrar el sitio indicado para emplazar la capital industrial de la Patagonia”. Quimera que nunca fue.{galeria}ramosmexiaiai{/galeria}

Te puede interesar