Llegaron las andanzas de “La brujita Alegría”
De hecho, la dedicatoria es muy ilustrativa: “a mis nietos Morena y Facundo, por permitirme entrar en sus mundos y enseñarme a volar con ellos”. Estamos entonces en primera instancia, de un enorme obsequio por parte de una abuela hacia sus nietos, pero por añadidura, de un pedacito de literatura y plástica apta para todos los niños y niñas que dan sus primeros en el sendero de la vida.
Como atractivo adicional, al menos uno de los cuentos de la “Abu Lili” tiene la ventaja de estar “localmente situado”. En efecto, en “¡¡Salvemos al pudú pudú!!!” el personaje manifiesta su preocupación al escuchar en la radio que “en la Patagonia quería talar un bosque”. Lejos de quedarse inactiva ante la perspectiva, Alegría decide tomar cartas en el asunto e involucrarse en la suerte de una familia de pudúes, que corre el peligro de quedarse sin hábitat.
El resto de la trama se parece demasiado a la realidad: una máquina retroexcavadora destruye buena parte del bosque y altera de manera sustantiva la vida de pudúes y pájaros. Alegría echa mano a sus hechizos e impide que la destrucción continúe, pero la destrucción no tiene marcha atrás. La brujita ofrece conducir a los ciervitos a un nuevo bosque, pero un viejo pudú expresa la amargura de todos: ¡este era nuestro hogar! ¡No destruyan los bosques!” Linda manera de sembrar conciencia de manera temprana.