Sobral: un pedazo de historia antártica
Para los poco avisados, recordemos que cuando los países debieron presentar ante el pertinente comité de la ONU los argumentos según los cuales reclaman soberanía sobre zonas en litigio, Londres pidió que se considere su supuesta condición de potencia costera en relación con Malvinas y demás islas del sur, reclamo que de prosperar, le significaría a la Argentina no sólo la pérdida de los archipiélagos, sino también de su plataforma continental submarina y de la porción antártica.
Por eso, existe el deber moral de rescatar determinadas historias del olvido. Sobre todo cuando sólo hace falta desempolvar un par de libros, ya que afortunadamente algunas fueron escritas. Es el caso de José María Sobral, alférez de la Armada de la República Argentina, que se convirtió en el primer con-nacional que invernó en la Antártida. Vivió esa circunstancia que lo marcaría para toda su vida a los 22 años, como parte integrante de la Expedición Antártica Nordenskjöld, de origen sueco.
Había nacido en Gualeguaychú el 14 de abril de 1880 y vaya coincidencia, falleció exactamente 81 años después, el 14 de abril de 1961, es decir, sus aniversarios se cumplieron en la víspera por partida doble. Egresó como guardiamarina de la Escuela Naval en agosto de 1898 y apenas tres años después tuvo que afrontar la aventura que cambiaría su vida. Por entonces, los congresos geográficos internacionales de Londres (1895) y Berlín (1899) había estimulado la realización de una gran expedición a la Antártida. En ese marco, la Argentina se encargaría de instalar un observatorio magnético y meteorológico en Tierra del Fuego para su apoyo.
El geólogo y experto polar Otto Nordenskjöld organizó una expedición particular para investigar a la Península Antártica. Su iniciativa fue apoyada por el país, que le proveyó víveres y provisiones. Sin embargo, a cambio se le pidió que admitiera que un representante del gobierno nacional se sumara al grupo. La idea se debió a un conocido de los barilochenses: Francisco Moreno.
La elección recayó en José María Sobral, por entonces un joven miembro de la Armada, que actuaría como observador meteorólogo y geodesta. Además, debía realizar estudios de biología y reconocimiento geológico. El “Antarctic” partió de la rada de Buenos Aires el 21 de diciembre de 1901. En febrero del año siguiente, Nordenskjöld, Sobral y otros cuatro compañeros desembarcaron en la isla Cerro Nevado donde armaron una casilla de madera prefabricada . Allí permanecieron durante todo el invierno para efectuar observaciones meteorológicas y estudios de magnetismo, entre otras investigaciones.
En el marco de las tareas que se había asignado, el pequeño grupo se aventuró hasta las proximidades del Circulo Polar Antártico. Durante el trayecto los expedicionarios caminaron más de 600 kilómetros en territorios hasta ese momento desconocidos para la humanidad. Entonces y como consecuencia de las gestiones de Moreno, Sobral se convirtió en el primer argentino en aventurarse hacia esos confines, a la vez que fue el primer compatriota que pasó un invierno en continente tan desapacible.
Luego de la estación más fría, los expedicionarios quedaron a la espera del “Antarctic”, que supuestamente tenía que recogerlos y llevarlos de regreso al punto de partida. Pero ni Nordenskjöld ni Sobral ni el resto sabían por entonces que el navío había quedado atrapado en el hielo, para luego naufragar en el mar de Wedell. Los náufragos buscaron refugio en la isla de Paulet, donde se las arreglaron para construir una pequeña cabaña de piedra.
Unos días antes otro grupo de la tripulación había desembarcado para ganar tierra caminando a través del mar congelado, pero el mar se abrió y debieron apuntar hacia otro rumbo. Como consecuencia, improvisaron un albergue en el sitio que se hoy se denomina Bahía Esperanza. Entonces y de improviso, la expedición sueca que integraba Sobral, estaba dividida en tres segmentos que no tenían comunicación entre sí, con muy pocos medios y escasas provisiones.
Recién en noviembre de 1902, casi un año después de la partida, la célebre corbeta “Uruguay” al mando del teniente Julián Irízar, rescató a los sufridos expedicionarios, que tuvieron que permanecer en la Antártida más allá de sus cálculos. Sobral había pasado su cumpleaños número 22 en la soledad de Cerro Nevado. Ese día escribió: “Son las 2:30, estoy de guardia, una taza de té por delante. Pienso en mi casa, en mis queridos viejos y hermanos. A esta hora estarán durmiendo, tal vez mi madre despierta pensando en mí. Con cuanto gusto estaría a su lado para abrazarlos. Hoy es mi cumpleaños. Cumplo 22. Por esta misma razón pienso que mi madre está despierta pensando en mi. ¡Cuánto deseo verlos! Pero me conforma la idea que para sentir la dulce sensación de verlos después de mucho tiempo tiene que suceder la separación, tiene que suceder este sufrimiento. Él que no sufre no puede experimentar el placer de dejar de sufrir...”
Dos años después del regreso, Sobral pidió la baja y viajó a Suecia para estudiar Geología en la Universidad de Uppsala, donde se doctoró. En 1914 regresó al país y tuvo otro mérito: fue el primer geólogo argentino con título universitario y el mejor petrólogo a nivel mundial de su época. Alguna vez escribió: “El hombre nunca debe contentarse con la victoria adquirida; el éxito no sólo no debe ofuscarle sino que debe darle nuevo aliento para atacar lo más difícil, porque precisamente en eso se encuentra el placer de la vida”. Que defienda el actual gobierno toda la integridad territorial de los argentinos.