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28/10/2026

Vecina de Bariloche registró 28 especies de aves solo en su jardín

Bastante más que palomas y chingolos. Hasta logró fotografiar a un caburé que rondaba para acechar pequeños ratones.
Visita inesperada: un caburé. Gentileza Laura Borsellino.
Visita inesperada: un caburé. Gentileza Laura Borsellino.

Gracias a un bebedero y a cierta habilidad con las cámaras trampa, una vecina de Bariloche registró la presencia de 28 especies de aves en su jardín. La cuenta, que todavía puede ser provisoria, demuestra la importante biodiversidad que persiste en la ciudad a pesar de la creciente urbanización, los incendios y deforestación. La considerable concentración obedece a la decisión de “facilitarles la vida” que asumió la autora de tan sorprendente estadística.

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Claro que Laura Borsellino es becaria del CONICET y, en consecuencia, está familiarizada con algunos métodos que no están muy difundidos, aunque como se verá, no son tan inalcanzables. “En realidad observo desde mi ventana que mira hacia el jardín de mi vecino y da al Catedral” desde el barrio Reina Mora. “En un sector de mi jardín puse unos comederos. Todo empezó con un nido de ratona, porque cuando me mudé hace dos años, vi que había ratonas, unos pájaros pequeños muy cantores que vienen en verano porque son migradores”, enseñó.

Los aludidos “son marrones y parecen ratoncitos. Usan casas nidos y como son pequeños, cualquier lugarcito con un agujero les sirve, entonces hice una caja, enseguida la ocuparon y tuvieron cría. Después en el invierno, vi que venía chingolos y comesebos. Como no cortaba el pasto, tenían comida. Entonces, puse comederos, que es algo controversial, pero decidí ponerlos”, destacó la doctoranda.

Sucede que “están frente a mi ventana, entonces puedo ver a las aves que vienen a comer. Como trabajo acá casi todo el día, miro con binoculares y una cámara Pocket. Después, por mi trabajo de investigación, aprendí a usar cámaras trampa, me copé y ahora tengo dos. Las voy cambiando de lugar y están buenas porque se puede ver sin estar presente y sin asustar al animal”, ponderó Laura.

La cámara trampa captó un diucón en el bebedero. Gentileza Laura Borsellino.

Al principio del proceso, la investigadora no se autolimitaba a expectativa alguna: “quería y todavía quiero captar alguna escena de depredación nocturna. En un momento se instalaron unos ratoncitos, no los colilargos, sino unos exóticos muy pequeñitos, y eso trajo gatos y un caburé. Finalmente, se los comieron, los detectó la cámara, pero no pude captar la imagen de depredación del caburé, aunque sí mientras esperaba. Esa fue una sorpresa: no esperaba encontrar un caburé en mi jardín”, admitió la paciente observadora.

Raras y vistosas

“Hace poco, también bastante sorpresivo, vino una bandada de raras, que son aves estéticamente muy vistosas, que pocas veces había visto en mi vida y nunca pensé que podían venir al jardín. Había cinco”, informó Laura. “Después vi otras cosas no tan usuales: vino al estanque una remolinera común y el año pasado venía una bandurrita a bañarse. También hay un coludito cola negra, que es re difícil de ver, aunque se lo escucha”.

La vecina del cerro Ventana también tuvo una experiencia con “una parejita de diucas que se instala acá y, de hecho, el verano pasado trajeron a comer a su crío”. Por su parte, “aparentemente, los chingolos se van repartiendo y hay una pareja que se quedó con el lugar. Los tordos renegridos parasitan a los chingolos y el año pasado pude registrar a una pareja de chingolos alimentando a una cría de tordo renegrido. Después, vinieron con sus hijos legítimos”, se rio Laura.

En definitiva, “llevo registradas 28 especies solo en el jardín. Hay otras que usan el espacio aéreo, pero no las he visto bajar. Por ejemplo, me llama la atención que esté lleno de chimangos en todo Bariloche, pero no suelen bajar. Capaz se paran en el techo o en los postes, pero no los vi ir a bañarse ni hacer uso del suelo”. A pesar de tamaño número, no es posible apreciar si se trata de un hecho inusual, porque “no sé qué tanta gente estará registrando aves”, se disculpó la investigadora.

Un chingolo a sus anchas. Gentileza Laura Borsellino.

Si alguien quisiera replicar la experiencia, “se les puede facilitar el ambiente con ciertas plantas, por ejemplo, si se ponen chilcos, es muy probable que vengan picaflores. Con cajas – nido el ave va a criar y se podrán ver más. Sé que hay gente que está en contra de ponerles comida, pero también es favorecerles o facilitarles la vida, sobre todo en invierno”, argumentó la futura doctora. “Y también agua en verano. Lo que sí, hay que tener cuidado si hay gatos alrededor, porque si se acostumbran es más fácil que sean depredadas”, alertó.

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Hay que considerar que “Bariloche cambia mucho, así que las aves que se pueden encontrar en zonas muy húmedas, por ejemplo, el kilómetro 4 o 5, difieren de las que podemos encontrar en el sur, donde estoy yo, que es un poco más ecotono y árido”, señaló Laura. “Si es boscosa la zona, es más difícil que haya teros, que son de espacios abiertos. Las que están más asociadas al agua, como el chucao o la remolinera araucana, no van a estar en lugares alejados de cuerpos de agua. No puedo saber si en mi casa hay más que en otros lugares de Bariloche”, insistió, “pero no tengo perros y mis gatos no cazan porque están viejitos. Entonces, las aves pueden venir y estar tranquilas”.

Signo saludable

En definitiva, “nunca esperé ver casi 30 especies de aves en el jardín. Me parece fantástico y un signo saludable. Está bueno difundir, porque podemos aprender que hay una diversidad interesante y desarrollar cierta sensibilidad que nos permita ver que no todo es igual, que no todas las aves son palomas o chingolos”, señaló. Laura exhortó a “diferenciar el ave, el canto y aprender a distinguir cosas entre sí para disfrutar del mundo diverso en que vivimos”.

A propósito, “los animales en general requieren de un mundo particular y nosotros les podemos facilitar la vida. La primavera es una época de mucho movimiento aviar: están buscando pareja, armando sus nidos, cantando porque el clima está hermoso y escucho un montón de canto distintos”. Entonces, “me parece hermoso levantarse con un concierto de tantas voces diferentes. A mí me alegra la vida”.

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