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16/06/2026

“Más crisis, más estudiantes vienen”, aseguró el presidente de la Cámara de Turismo de Bariloche

El presidente de la Cámara de Turismo de Bariloche analiza el impacto económico positivo de los viajes estudiantiles.
Los egresados, desde junio a enero, son parte de la postal de Bariloche. Foto de archivo: Facundo Pardo.
Los egresados, desde junio a enero, son parte de la postal de Bariloche. Foto de archivo: Facundo Pardo.

Durante junio comenzaron a verse en la ciudad estudiantes en su viaje de fin de curso. “Esos chicos son de Mar del Plata y alrededores, los primeros que llegan”, comenta el presidente de la Asociación de Turismo Estudiantil de San Carlos de Bariloche (ocupará el cargo hasta dentro de unos días, ya que se están por renovar las autoridades de la entidad) y titular de la Cámara de Turismo, Néstor Denoya.

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El empresario, al hablar de la historia de los viajes de egresados a esta parte de la Patagonia, señala que “los primeros datos son de hace setenta y cinco años. Los chicos venían en verano, en tren, y después empezaron a hacerlo en bus; ahora se trasladó casi todo a los aviones”.

El tal sentido, advierte que, en la actualidad, los traslados aéreos ocupan el setenta y cinco por ciento del panorama, contra un veinticinco en colectivo, e incluso resalta que ese porcentaje tiende a aumentar, esperándose pronto que el ochenta por ciento opte por el avión.

Denoya remarca la importancia del turismo estudiantil en Bariloche, una actividad que comenzó hace aproximadamente setenta y cinco años.

Retornando el tema del origen de los viajes de fin de curso, Denoya cuenta: “Todo comenzó con un profesor del barrio de Lanús, en Buenos Aires, que era director de una escuela y un enamorado del sur. Él trajo las primeras divisiones que vinieron. Llegaban cuando terminaban quinto año, o sea, viajaban en enero”.

“Eso se fue propagando y la gente empezó a descubrir la belleza de la Patagonia. Aquello siguió creciendo y algunas primeras empresas empezaron a organizarlo. Así comenzó todo”, continúa, destacando que a fines de los setenta y comienzos de los ochenta se perfiló el rasgo distintivo de ser una ciudad caracterizada por resultar la más escogida de la Argentina a la hora de los viajes de estudiantes.

Sobre el tema, Denoya dice que “la única vez que los chicos no vinieron fue en 1982, el año de la Guerra de Malvinas”.

En cuanto a lo que sucedió en 2020, con la pandemia de covid, aclara que no cita ese momento como un tiempo de cese porque, en realidad, las promociones vinieron, aunque después. “Los viajes ya estaban vendidos y se hicieron. La industria turística fue lo último de la economía que abrió, pero pudimos traer a los estudiantes, aunque llegaron menos de los previstos, porque resultó complicado organizar todo en cuanto a los exámenes y las actividades que tenían los chicos con sus familias”.

Al destacar alguna época por el flujo recibido, recuerda que “los mejores números se produjeron en los noventa, cuando, si bien no existía un control exacto de la gente que pasaba, vinieron entre ciento setenta y ciento ochenta mil estudiantes”.

Sobre las cifras que siguieron, tras aquellos años de bonanza en el sector, señala: “Habíamos caído a ciento diez mil, pero empezamos a remontar de a poco y estamos ya casi en un número histórico”.

Precisamente, augura: “Esperamos un buen año, con arriba de ciento cuarenta mil chicos de Argentina, más todos los extranjeros”. Sobre ese último punto, expone que se aguardan entre tres mil quinientos y cuatro mil uruguayos, un número similar de brasileros, cantidades menores de paraguayos y bolivianos, y un aluvión de chilenos (“Un poco más de veinte mil”, manifiesta). 

“En estos años de caída tan grande del destino en cuanto a turistas individuales, con todo lo referido al tema del consumo y la cantidad de días de pernocte, la llegada del turismo estudiantil nos equilibra un poco”, sostiene Denoya, destacando que se trata de “un segmento muy fiel a la ciudad”. 

Al ser consultado sobre el hecho de que haya integrantes de los cursos que no formen parte de la experiencia, sostiene que no es algo nuevo. “Desde hace unos veinte años que el aula no viaja completa”, afirma, remarcando: “Cuando empezamos a notar que eso sucedía, pedimos algún plan al Gobierno, sobre todo para que viajaran las escuelas públicas, que es donde más se observa la frustración de no poder cerrar esa etapa tan linda de los chicos con algún viaje. Y no hablamos de que necesariamente sea a Bariloche; lo que decimos es que, como cierre de ese período, los chicos tienen que viajar a algún lado, incluso puede ser a algún destino cercano a su ciudad”.

De tal forma, plantea: “Valoramos mucho un plan que tiene Chile desde hace más de veinticinco años, que es como lo que era el previaje, pero para escuelas públicas en baja temporada, algo que venimos pidiendo nosotros desde hace mucho tiempo”. Al respecto, ahonda: “Nunca tuvimos respuesta, siempre había otras urgencias. Además, los gobiernos cambian y parece que las cosas buenas que ha hecho el anterior no se pueden mantener. Recientemente, estuvimos en el lanzamiento de la temporada de Bariloche en Chile, y allí personas del Sernatur (Servicio Nacional de Turismo del país trasandino) nos contaban, adelante de Daniel Scioli (secretario de Turismo y Ambiente de Argentina), lo que significa mantener las políticas públicas por más que las gestiones cambien. Nos decían que ahora, que llegó al gobierno José Antonio Kast (político de derecha que sucedió a Gabriel Boric, de izquierda), aumentó el presupuesto para que las escuelas más vulnerables de Chile puedan viajar, algunas a destinos tradicionales, es decir, al sur o a las playas, pero otras a destinos regionales, generando trabajo. Es un plan con el que no solamente se le da una mano a la gente que no puede viajar, sino que genera empleo en baja temporada”.

En lo referido a la relevancia del turismo estudiantil en Bariloche, Denoya remarca “el impacto en la economía local”. De tal forma, explica que mientras un turista individual pasa, en promedio, menos de cuatro noches en la ciudad, los tours de chicos permanecen ocho. En tal sentido, reflexiona: “Son ocho noches por pasajero con cinco comidas diarias cada uno. Y las empresas, desde hace muchos años, compran todo en Bariloche”. 

El titular de la Cámara de Turismo considera que se beneficia a “los empleados directos del sector, con alrededor de cinco mil familias que viven con el turismo estudiantil”, pero también a “todo lo que se mueve alrededor, con las verdulerías, las carnicerías y demás”.

Egresados paseando por la ciudad. Foto de archivo: Facundo Pardo.

—¿Cómo se explica que, en un contexto de disminución del turismo nacional, aumente el estudiantil?

—Sucede que está la posibilidad de pagar en cuotas, y hay una relación entre la familia y el sueño de su hijo de poder hacer el viaje. Dicen: “Ahora estamos apretados, pero esa cuota la podemos pagar; empecemos y después vemos”. Así comienza un círculo virtuoso y se genera esto: ante más crisis, más estudiantes vienen. Los chicos que llegan ahora pagaron el viaje dos años atrás, y en la actualidad se está vendiendo para 2028. Existe toda una industria que trabaja así.

—¿Las actividades que llevan adelante los chicos en la ciudad son muy distintas de las que se hacían con anterioridad? ¿Cambiaron mucho a lo largo del tiempo?

—No. Los chicos vienen al parque nacional, a jugar en la nieve, bailar y comer chocolate. Es por donde se estructuran los viajes. Lo que ha cambiado es la seguridad, los ojos que miran a los estudiantes, el respeto que les tenemos. Antes la palabra “estudiantil” equivalía a un proceso de desgaste o daba cierto descrédito; ahora son un pasajero más en la ciudad. Algunos han entendido la importancia económica que tienen.  Ya nos miran diferente, porque saben el salto de calidad que hemos dado, con las inversiones en hoteles, transporte, seguridad, capacitación… Hace veinte años que no tenemos quejas, que convivimos bien con el resto de los turistas y los vecinos. No solamente se ha mejorado, sino que seguimos escuchando, y cuando hay que ajustar algo, se lo hace. No es que pensamos que el tema ya está cerrado, sino que también hemos mejorado nosotros como prestadores de servicio. Ese cambio fue impulsado por Bariloche; sabíamos que debíamos aumentar la calidad. Había mucha cantidad de turismo estudiantil, pero también falencia en seguridad. Entonces, se perfeccionó lo relacionado con la cantidad de camas por habitación, los horarios, la ropa para la nieve, las clases de esquí… Todos nos dimos cuenta a tiempo de que este era un segmento muy importante dentro del turismo.

—En aspectos como los que citó —por ejemplo, la cantidad de camas por habitación—, ¿el control es estricto? 

—No solamente hay un control súper estricto, sino que ha cambiado también la calidad del pasajero. Desde que apareció el celular con camarita, hay muy poco espacio para que lo que se firmó en un contrato no se cumpla. La gente está con la expectativa de que todo fluya, de pasarla bien, y la verdad es que eso se cumple y los chicos vuelven a sus ciudades muy felices.

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