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SEIS AÑOS ANTES DE SU “PARTIDA DE NACIMIENTO” OFICIAL

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03/05/2026

En 1896, el perito Moreno constató que Bariloche ya existía

Dos décadas después de su primer viaje al Nahuel Huapi, el explorador ubicó al almacén San Carlos, a unos de los puestos de Jones y a la chacra de Tauschek, entre otros pobladores.
El puesto de Jones en Nahuel Huapi, como lo viera Moreno.
El puesto de Jones en Nahuel Huapi, como lo viera Moreno.

Dos décadas después de su primera llegada al Nahuel Huapi, Francisco Moreno regresó al lugar donde ya prosperaba el poblado que, en 1902, sería reconocido como San Carlos de Bariloche. En el verano de 1896, el bonaerense estaba en plena faena como perito en Límites del gobierno para deslindar junto con sus pares chilenos, por dónde pasaba la nueva frontera entre la Argentina y Chile. Sus descripciones ratifican que más allá del decreto presidencial que se rubricó el 3 de mayo de 1902, la población ya existía años antes.

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A parte de sus apreciaciones el perito en funciones las volcó en “Apuntes preliminares sobre una excursión a los territorios del Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz”. El título se explica porque su autor aspiraba a desarrollar con mayor detalle constataciones sobre el terreno, a las que publicaría con carácter definitivo. Sin embargo, consideró oportuno compartir avances de su trabajo.

El contingente que lideraba Moreno provenía de Junín de los Andes, hasta que se presentó ante su mirada una visión que nos será familiar, porque es la misma de la actualidad cuando arribamos a Bariloche por la Ruta Nacional 237: “continuamos al día siguiente, costeando siempre la margen izquierda del Limay”, es decir, la orilla actualmente neuquina “y a las doce salimos de las angosturas para penetrar en suaves ondulaciones del valle que se ensancha, siempre dominado por la vieja toba porfírica: vemos algunas poblaciones en la margen opuesta (la rionegrina del presente); pasamos una hermosa morena frontal que antiguamente cerró el valle y en cuyas hondonadas ha trazado el río su tortuoso curso y descendimos al ancho y extenso valle del lago Nahuel Huapi, que se retira”.

Moreno anotó con precisión: “este valle, en el que próximo al lago está situado el Fortín Chacabuco (770 metros) o más bien sus ruinas, al pie de unos abruptos cerros volcánicos, debería estar ya completamente poblado. Sin embargo, sólo vimos algunas yeguas ariscas y corrales y casa abandonadas cuando se retiraron las fuerzas nacionales. Creo que estas tierras son fiscales aún, por suerte, y obra patriótica haría el gobierno que dispusiera su colonización inmediata”.

Sin embargo, la soledad no era completa: “al anochecer llegamos a la estancia del señor Juan Jones (820 metros), situada en el viejo valle morenisco (sic) del lago, resguarda por los montes y rodeada de praderas hermosísimas. Sus haciendas de raza alegran la vista y el espíritu”, consideró el por entonces director del Museo de La Plata. Las cifras que aparecen entre paréntesis en su texto refieren a la altitud sobre el nivel del mar de cada paraje.

En el actual Dina Huapi

El perito consagró el capítulo V de sus “Apuntes preliminares” al Nahuel Huapi. En primer término, se refirió a lugares que forman hoy parte de Dina Huapi. “Franca acogida recibimos de los enérgicos moradores de esa población industriosa, y con su consentimiento resolví hacer allí un campamento de reserva para las secciones del Museo que trabajan en esas zonas. En ese punto tenía en 1876 sus tolderías el cacique Inacayal, pero Shaihueque no consintió, cuando visité el lago en ese año que me acercara a la toldería de Tequel-Malal, que así se llamaba entonces el paraje”. Se refería al cerro Leones del presente.

Al día siguiente se desplazó Moreno “a la península del Oeste en busca de un punto prominente desde donde pudiera dominar el gran lago en sus ensenadas andinas, que nunca había visto antes”. Los que anotó son más bien apuntes de geología, aunque dejó constancia de “los espléndidos frutillares que proporcionaron ratos agradables a nuestro paladar”. Autóctonos, claro.

“Este promontorio está situado a trescientos metros sobre el lago y se domina desde él el paisaje morenisco del valle oriental y vasta extensión del lago con sus cuatro islas y las preciosas ensenadas del oeste; toda la orilla hasta donde alcanza la vista, una faja de árboles en la que predominan los cipreses separa del lago la morena ondulada”, escribió. A esta altura, quizás haya que mencionar que, con las morenas, se refería a fenómenos asociados al desplazamiento milenario de glaciares, en particular lomas u otras elevaciones.

Después de dar cuenta de su visión panorámica, escribió el explorador: “no puedo entrar ahora en una descripción de esa parte del lago, la que se hará a su tiempo, y refiriéndome sólo a las fotografías que acompañan estos apuntes, retrocedo a la estancia de Jones. Parece que, si bien se produce allí trigo, necesita pronto abono la tierra; pero las papas, las arvejas, las habas, las cebollas, proporcionan abundante cosecha”. Nótese qué diversidad en los productos de la tierra.

Transcurría marzo de 1896 y entre los vecinos del Nahuel Huapi la crónica policial estaba al rojo vivo: “los pobladores inmediatos están alarmados” porque “un grupo de salteadores chilenos anda haciendo fechorías, y dos días antes de nuestra llegada han asesinado a un vecino y más tarde a uno de la pandilla para robarle las botas que había quitado al vecino”, se admiró el porteño.

En el barrio Las Chacras

El 8 de aquel mes, “temprano, cruzamos el Limay en el bote de señor Jones, frente a la estancia del señor Gabriel Zapata”. Después de andar un rato, “a medio día llegaba al campamento Schiörbeck, a cargo del señor Bernichan y situado al pie de la barranca donde en 1880 tuve mi campamento, en la choza abandonada del indio valdiviano Guaito”. Dieciséis años después, “esa choza había sido reemplazada por cómodas casas de madera, habitación del colono don José Tauschek, cuyo cultivos y productos pastoriles tienen ya fama entre los colonos alemanes de Llanquihue”. Se asume que aquel poblador tenía su morada donde en el presente está el barrio Las Chacras, al este del ejido municipal.

La chacra de Tauschek estaba en el actual barrio Las Chacras.

El anfitrión aprovechó la presencia del perito para pasar un aviso, del cual Moreno tomó nota: “Pero Tauschek, como los demás hombres industriosos que han poblado en las orillas del Nahuel Huapi, no es dueño del terreno que ha hecho valer con sus esfuerzos. Esto hace parte de una de esas inconcebibles concesiones de treinta y dos leguas y está expuesto a ser desalojado, sin tener derecho a indemnización alguna por el dueño de la concesión”, denunció.

Además de tomar nota de la demanda, Moreno legó una pintoresca descripción del lugar donde en la actualidad se levanta el centro. “El señor Schiörbeck (integrante de su comisión) se había internado ya por el Lago Gutiérrez siguiendo mis instrucciones, y me dirigí en su busca. Así volví a ver el venerable del lago, el centenario ciprés que había observado en 1880, próximo al arroyo Ñiereco (sic), en la falda de la morena y dominando a la población de San Carlos, construida últimamente por los hermanos Wiederholtz (sic), de Puerto Montt, hijos de alemanes y miembros de esa raza enérgica y trabajadora que está formando al Sud de Chile y que los argentinos deberíamos tratar de formar en Patagonia”.

El malogrado ciprés hacia 1936. Foto Julio Comezaña. (Colección Comezaña en Archivo Visual Patagónico).

El “venerable” estaba donde en nuestros días se extiende el Paseo de las Colectividades, sobre la calle –precisamente- Moreno. Puede advertirse que, al nombrar al poblado, el perito omitió la denominación “de Bariloche” porque como se sabe, esa precisión fue aporte posterior del Correo cuando necesitó diferenciarlo de otra multitud de San Carlos que ya existía en la Argentina. Según las anotaciones del perito y como mínimo, Bariloche debería festejar 130, no tan solo 124 años.

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