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LA VEZ QUE LA CIUDAD TUVO UN “INTENDENTE TURISTA”

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15/03/2026

¿Qué fue el Barilochazo y qué dislates lo originaron?

Transcurría un período de dictadura, pero el vecindario de Bariloche no se dejó intimidar, ocupó el Centro Cívico y finalmente, se hizo escuchar. Sucedió en 1970.
Nevaba el 28 de julio de 1970, pero los vecinos no se congregaron para jugar con la nieve. Archivo Visual Patagónico.
Nevaba el 28 de julio de 1970, pero los vecinos no se congregaron para jugar con la nieve. Archivo Visual Patagónico.

Los acontecimientos que tuvieron lugar durante la última dictadura cívico-militar adquirieron tanta dramaticidad que indirectamente, opacaron el recuerdo de sucesos que acontecieron en las anteriores, entre ellas, las que se extendió entre 1966 y 1973. Por ejemplo, en el período que tuvo como presidente al teniente general Agustín Lanusse se dio una situación insólita en esta ciudad que motivó una movilización sin precedentes y quedó en la historia -si es que quedó- como el “Barilochazo”, aunque pocos puntos de contacto tuviera con su ilustre predecesor de Córdoba.

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Ineludiblemente, puede equipararse la experiencia barilochense con los episodios que, por analogía con el cordobés, se designaron como “Cipolletazo” y “Rocazo”, pero “los tres fueron conflictos intrarregionales y puebladas locales que no evidenciaron, al menos explícitamente, los componentes sociales y anti-régimen de la época”, aclara desde el vamos la investigación de la historiadora Laura Méndez, en la cual encontramos unos párrafos que aluden al “Barilochazo”.

Como la gente que hoy cuenta con 42 años jamás vivió bajo una dictadura, quizá haga falta contextualizar. El 28 de junio de 1966, las Fuerzas Armadas habían derrocado al presidente constitucional Arturo Illia, hombre de la por entonces Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP). Asumió como presidente de facto o dictador el general Juan Carlos Onganía, quien fue sucedido por Roberto Levingston y más tarde, precisamente por Lanusse. Así como sus colegas de 1976 llamaron Proceso de Reorganización Nacional a su proyecto, los de 10 años antes autodenominaron a su golpe “Revolución Argentina”.

Entre la opresión que significó el régimen autoritario y un modelo económico asfixiante para los sectores populares, se reunieron los condimentos que apuraron el Cordobazo, que detonó el 29 de mayo de 1969 en la capital de la provincia mediterránea. Sin embargo, los acontecimientos que se producirían poco más de un año más tarde en Bariloche no tendrían que ver con la radicalización de las protestas ni con respuestas a la represión que desde entonces, profundizaba el régimen.

Para Méndez, “las disputas entre sectores dominantes de las distintas zonas y al interior de una misma región” en la provincia de Río Negro, junto con “las estrategias preelectorales propias del proceso de recuperación democrática, son las claves que permiten comprender estos conflictos en el marco de una provincia desintegrada, afecta al orden y familiarizada con el conservadurismo”.

Un escribano de Campana

Aun así, “en julio de 1970 se produjo el Barilochazo, una reacción popular ante el nombramiento de un nuevo intendente interino por parte del gobierno militar”, introduce el análisis de la historiadora. “El entonces gobernador de facto, Roberto Requeijo, designó en ese cargo al escribano Robespierre Panebianco -oriundo de Campana, provincia de Buenos Aires- y calificado por los barilochenses como el intendente turista, única condición en la que había conocido previamente la localidad”.

Roberto Requeijo hacia 1969.

Requeijo también era militar y estuvo al frente de los destinos de la provincia entre septiembre de 1969 y agosto de 1972. Al agotarse el ciclo militar, se presentó a elecciones con el ánimo de continuar en el cargo, pero no pudo concretar sus designios porque no logró imponerse. Precisamente, el general tuvo que ver con la fundación del Partido Provincial Rionegrino (PPR), una agrupación protagonista de la política partidaria rionegrina hasta no hace mucho.

Sin embargo, no solo la designación del “turista” Panebianco ofuscó a lxs barilochenses 56 años atrás. “Colaboraba al clima social enrarecido un cuestionamiento popular a la entrega, por parte del gobierno provincial, de 99 hectáreas de tierras públicas del bosque andino en la península del Llao Llao a la Fundación Bariloche”. La entidad se había originado en 1963 y todavía despliega actividades de investigación científica en esta ciudad.

La combinación de factores hizo que “sectores empresarios y dirigentes políticos de varios partidos se reunieron en la Cámara de Comercio, donde se acordó exigir al gobernador que el intendente fuera barilochense y que no se adjudicaran las tierras a la Fundación Bariloche”. Por entonces ni redes sociales ni grupos de WhatsApp, la convocatoria se hizo a través de panfletos para el 28 de julio a las 13:30 y las firmaba un llamativo “Juan Pueblo”.

En definitiva y “como manifestaciones en repulsa a ambos hechos, el edificio municipal fue ocupado, se cerraron comercios e instituciones y hubo masivas movilizaciones. Por decisión popular, y ante la asamblea de vecinos autoconvocados, asumió como intendente interino el coronel retirado Martín Rodríguez”. Claro que por entonces esa terminología -vecinos autoconvocados- no estaba tan difundida como en la actualidad.

Según el relato de Méndez, “frente a esto”, es decir, la enérgica reacción de la ciudadanía barilochense, “el ministro de Gobierno provincial, Guillermo Acuña Anzorena, se reunió con los principales líderes del movimiento: Mariano De Miguel, Alfredo Sauter, (el propio) Martín Rodríguez, Amado Cattáneo, Edmundo Aguilar y Ariel Asuad”. Como podrá advertirse, integraban la breve nómina apellidos que son ilustres en la actividad económica de Bariloche inclusive en el presente.

A pesar del ambiente ominoso que primaba en el conjunto de la Argentina, “el gobierno aceptó los reclamos y sostuvo por cuatro días la intendencia de Martín Rodríguez, para nombrar en su reemplazo al interventor municipal Carlos Bernabé Font, quien se desempeñó como intendente entre el 1° de agosto y el 4 de setiembre de 1970”. Después, “le sucedió en el cargo el teniente coronel Carlos Belochio, quien presidió la comuna barilochense entre el 7 de setiembre y del 23 de abril de 1971”.

El aporte de nuestra vecina historiadora aparece en el capítulo “Tiempos de dictaduras y de restauraciones democráticas”, que integra el libro “Río Negro. Los caminos de la historia”, trabajo en dos tomos en el que participó como una de las autoras. A diferencia de los sucesos que tuvieron lugar en el Alto Valle antes y después, no hubo represión alguna ni consecuencias fatales. Por nuestra parte, no pudimos establecer si Robespierre Panebianco retornó alguna vez a la ciudad de la que brevemente, fue “intendente turista”. Quizá no le quedaran ganas.

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