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DE UNA DÉCADA A OTRA SE DUPLICARON LOS ARRIBOS

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01/03/2026

Si sus orígenes fueron elitistas, ¿cuándo se volvió masivo el turismo en Bariloche?

La transformación del pueblo de montaña en destino turístico que ideó Parques Nacionales se dirigió a sectores acomodados de Buenos Aires. Las afluencias sustantivas se empezaron a registrar en otro período de la historia.
La Mitre hacia 1958. Desde la década anterior comenzaron a llegar contingentes a Bariloche. Foto: Archivo Visual Patagónico.
La Mitre hacia 1958. Desde la década anterior comenzaron a llegar contingentes a Bariloche. Foto: Archivo Visual Patagónico.

El proyecto modernizador que introdujo a Bariloche sustantivamente en el ámbito del turismo no se caracterizó por su masividad, sino por el alto poder adquisitivo de las personas que la Dirección de Parques Nacionales procuró atraer. A partir de 1934, con la creación del PN Nahuel Huapi y la llegada del ferrocarril, el antiguo poblado de montaña empezó a quedar atrás, pero todavía faltaba poco más de una década para que empezara a llenarse de multitudes cada vez más crecientes.

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¿Cuándo se operó la transformación definitiva? La respuesta puede intuirse, aunque se sepa poco y nada de historia. “Las administraciones peronistas cambiaron discursivamente el perfil elitista de Bariloche por un turismo de carácter más popular o social, en tanto muy paulatinamente se comenzó a priorizar la conservación del medio ambiente”, establecieron dos que sí saben de la ciencia que explora el pasado: Liliana Pierucci y Giulietta Piantoni.

El tándem de investigadores aportó el capítulo “El turismo en la provincia de Río Negro” en el libro “Rio Negro. Los caminos de la historia” (Pido la Palabra Editorial, 2021), que tiene como compiladora a la neuquina Susana Bandieri. “Si bien durante la década peronista continuaron visitando la región sectores medios y altos con residencias privadas en la zona, el turismo pensado y ofertado como un bien al alcance de las clases humildes y como parte de la justicia social configuró un nuevo uso del discurso nacionalista”, establecieron las historiadoras.

En efecto, “la Nueva Argentina, que incluía a las masas de trabajadores, implicaba que éstas podían y debían conocer (por lo tanto, apropiarse) del territorio nacional”, dice el apartado. El paréntesis precedente está en el original. “El poder central ya no intentaba afirmar la soberanía y la propiedad del territorio en las fronteras, en nuestro caso el Parque Nacional Nahuel Huapi, debido a sus propiedades como recurso natural, su ubicación estratégica y la posibilidad para ser incluido por la alta aristocracia porteña en materia de turismo, sino como parte de un proyecto en el que cada trabajador tenía su participación y por lo tanto oportunidad para su justo goce”.

El hotel de Luz y Fuerza en Bahía Tristeza, testimonio de una época.

Quizás haga falta recordar que entre las motivaciones que impulsó el diseño de Ezequiel Bustillo en la década anterior, estaba la cercanía de ciudades chilenas como Osorno o Puerto Montt, mucho más pobladas que Bariloche en aquel entonces. Al igual que la considerable inmigración que nutría a la clase trabajadora, esa densidad poblacional era interpretada en Buenos Aires como una amenaza a la soberanía argentina.

Tierras públicas en venta

Más allá de los discursos conservacionistas que acompañaron la entrada en escena de la institución que comandó -Parques Nacionales- Bustillo interesó a amigos y conocidos suyos de la alta sociedad en la adquisición de tierras públicas a bajo valor, también como manera de consolidar la presencia argentina en el noroeste de la Patagonia. Como resultado de esas inversiones surgieron lugares como Villa Mascardi o Villa Traful, además de incidir en la fisonomía de localidades ya existentes como Bariloche o San Martín de los Andes.

El proyecto peronista vio las cosas desde otro ángulo. “En La Nación Justa, Libre y Soberana se hace hincapié en la ley que promueve las vacaciones anuales pagas permitiendo así que el mar, la sierra, el campo, el sol y el aire más puro están al alcance de todos, sin exclusiones irritantes, en el ejercicio práctico de la verdadera democracia que supone igualdad de deberes, pero también igualdad de derechos”, trae a colación el trabajo de Piantoni y Pierucci.

El crecimiento numérico fue espectacular. “Como resultado de ello, el turismo en la región andina de la Norpatagonia comenzó a recibir mayor cantidad de empleados públicos, aunque sus efectos pudieron ser más visibles a partir de los años 50 y 60, cuando la promoción del turismo no elitista y la ampliación de las conexiones abrió la puerta a los grupos familiares y a contingentes organizados”.

El centro alrededor de 1950. Archivo Visual Patagónico.

En efecto, “los planes de turismo obrero sindical lograron incrementar la llegada de visitantes de 55.000 en la década de 1950 a casi el doble en la siguiente, con mayoría de empleados públicos y miembros diversos de las clases medias”. Como contrapartida, “los sectores altos buscaron otros sitios más exclusivos para vacacionar y nuevamente cambió el perfil del turismo barilochense, que con los años fue orientándose al sector estudiantil y a la tercera edad. El comercio de la ciudad sintió los efectos del cambio, puesto que el nivel de gato de estos grupos siempre es mínimo”, destaca el análisis.

Además, al funcionar Bariloche como “nodo de distribución de la zona andina” la actividad se multiplica. La ciudad “tiene aproximadamente 136.251 habitantes según estimación de la Municipalidad local para el año 2019 y recibe en promedio anualmente (según datos registrados entre 2004 y 2019) unos 692.278 turistas”. En la actualidad, se supone que la cantidad de habitantes permanentes se acerca a los 170.000. Aun así “en determinados meses del año, la cantidad de arribos duplica la población local y, por ello mismo, no sorprende el importante desarrollo en infraestructura para disfrute de los recursos disponibles”. Que se extiende en el tiempo a pesar del sacudón regresivo que experimenta la actividad desde fines de 2023.

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