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VIAJABA SIN COMPAÑÍA MASCULINA Y SEGURO MOTIVÓ RUMORES

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15/02/2026

Hace 110 años, una mujer intrépida describió a Bariloche en la prensa nacional

Ada María Elflein conoció al pueblo cuando contaba con 800 o 1.000 habitantes. Una especialista en su obra arriesga que probablemente, fuera lesbiana.
Ada María estuvo en Bariloche en el verano de 1916.
Ada María estuvo en Bariloche en el verano de 1916.

Ada María Elflein cumplió sus 36 en pleno viaje por el norte de la Patagonia, periplo que la condujo a Bariloche 110 años atrás. Quien probablemente fuera la primera mujer cronista de viajes de la Argentina había comenzado su considerable travesía el 16 de enero a las 18:30 desde la estación de Constitución en Buenos Aires. Junto con sus compañeras de andanzas bajó del tren en Zapala, pero demoró en llegar hasta el Nahuel Huapi porque cruzó la cordillera a la altura de San Martín de los Andes, para luego reingresar por Puerto Blest. Las descripciones que legó del pueblo son entrañables y se publicaron, junto con las demás crónicas, entre marzo y mayo de 1916 en el diario La Prensa.

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“En la delicada bruma gris que se va espesando hacia el oriente, brilla de repente la luz viva de los focos eléctricos: San Carlos de Bariloche. Desembarcamos, entrada la noche, gentilmente recibidas por muchos vecinos y familias que nos esperaban en el muelle”, consignó la pionera entre las mujeres del periodismo de viajes. Para Ada María no pasó desapercibida la deformación. “La verdadera forma de este nombre indígena (que es el de un antiguo paso a Chile), es Vuriloche, que un error ortográfico en el acta de fundación trocó en Bariloche”.

En verdad, la denominación que perduró ya se había impuesto bastante antes que el decreto de 1902, aunque es real que tuvo origen en un error de transcripción, al que ya abordamos en otra oportunidad en El Cordillerano. Consignó la viajera que “a pesar de las protestas de muchos geógrafos y exploradores, que no encuentran objeto en la alteración arbitraria de nombres tradicionales, la designación nueva se ha vulgarizado”.

Más allá de la polémica, la escritora se dejó seducir por el paisaje que encontró: “San Carlos, como también la llaman a menudo, se halla en el territorio de Río Negro, en la margen Sur del Nahuel Huapi. Sus pintorescas casas de madera, en las que se albergan de 800 a 1.000 habitantes, están edificadas parte a orillas del lago, parte en lo alto de una cuesta arenosa y empinada. Por agria que esta cuesta sea, vale la pena vencerla. Desde arriba se goza de uno de los panoramas más amplios y grandiosos, en cualquier momento; y si se alcanza a divisarlo, como nosotras, en una mañana de verano, sin nubes, la memoria lo guardará como uno de sus tesoros más preciosos”.

Puede evocarse al grupito de tres mujeres, caminando por donde hoy transcurren las calles Morales, Quaglia, Villegas o Rolando, seguramente en compañía de algún anfitrión o anfitriona. Para quienes quieran profundizar, sus esbozos aparecen en “Impresiones de viajes. Mendoza; Tucumán, Salta y Jujuy; Patagonia; San Luis y Córdoba”, reunión de sus artículos que acertó a publicar Los Lápices Editora en 2018 (Buenos Aires).

Casas grises de pueblo

Oriunda de la ciudad capital, aunque de ascendencia alemana, Ada María se conmovió ante la vista del Nahuel Huapi. “Es un cuadro en el que no hay sino tres colores maravillosamente combinados: azul, verde y blanco, si se exceptúan las casas grises u oscuras del pueblo. El lago se extiende en su hoya irregular, desgarrada por penínsulas, islas y cabos, entre los que se internan brazos y ensenadas innumerables: sobre el azul radioso de sus ondas, el sol teje redecillas de oro”.

El pueblo, como probablemente lo vio la cronista de La Prensa.

Con prosa muy cuidada para sus lectores de La Prensa, añadió la también docente: “En hemiciclo imponente rodéanlo (sic) las montañas como trozos de cielo más opaco y oscuro, y la línea de las nieves sobre ellas brilla y se afiligrana como las espumas en las crestas de las olas. Un cerro, cuyo lomo alargado parece un inmenso alero nevado, se yergue en primer término; y más allá, un coloso de hielo y granito, erizado de torres y agujas: el espléndido cerro Catedral. El verde, ya claro, ya sombrío, ya matizado de las selvas, forma una zona intermedia entre los dos azules distintos del agua y de la montaña, como divide la nieve el color índigo de ésta del azul luminoso del cielo”.

Pero no solo de semblanzas cercanas a la poesía nutrió la intrépida mujer sus párrafos, también encontró lugar para transmitir demandas que, por entonces, eran caras a los barilochenses: “Apuntaremos el anhelo de los vecinos de ver levantado el prometido edificio escolar de material y una sucursal del Banco de la Nación. Ambos edificios, banco y escuela, significarían para Bariloche, activo centro de cultura, de comercio e industria, un progreso necesario y ansiado”.

Ada María y sus amigas no tuvieron la chance de conocer al intendente del futuro Parque Nacional Nahuel Huapi, Emilio Frey, porque estaba momentáneamente ausente. Sin embargo, el conspicuo vecino les había organizado un recorrido para que pudieran completar una visión sobre el pueblo y su entorno. “En gentil compañía nos embarcamos en la lancha a nafta, que, como los automóviles, depende de la gobernación de Neuquén y fue puesta a nuestra disposición por la amabilidad del señor Elordi”, agradeció la viajera.

La calle evoca a una mujer libre.

“Hasta hace pocos años, los colonos que pueblan las dilatadas márgenes del Nahuel Huapi vivían casi aislados. Sus comunicaciones se hacían por tierra a través de largos y escabrosos caminos, cuando no disponían de embarcaciones propias. Ahora, la lancha a nafta efectúa la circunnavegación de lago dos veces por mes, para llevar y recoger pasajeros y correspondencia”. ¡Qué periodicidad!

Bastante más que una calle

Cyntia Cordi, prologuista del libro, suma un ingrediente biográfico que seguramente levantará polvareda, ya que Ada María viajaba sola, es decir, sin compañía masculina, hecho que en 1916 debió generar comentarios en la sociedad barilochense. “Lo que comenzó como una fascinación por sus aventuras de viajera, se transformó en el deseo de sacar del olvido a quien hoy por hoy es solo una calle en Bariloche, otra en San Isidro, un par de escuelas, y para algunos pocos, un ejemplo de cronista de viajes avanzada, posiblemente lesbiana”. Según la también escritora, su “compañera de vida” fue María Kenny, sobre quien todavía no fue posible encontrar mayores datos. Seguramente, otra mujer libre.

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