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LA SÉPTIMA EDICIÓN DEL FESTIVAL TAMBORERAS FUE CONMOVEDORA

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02/02/2026

Vivi Pozzebón, Lula Bertoldi y Magdalena Fleitas sacudieron Bariloche

En la jornada del sábado estuvieron las artistas de esta ciudad Anahí Mariluan, Cloé Abigal, Lou Hernández e Ine Güemes, entre muchas otras. También brillaron Loli Molina y Clara Aita.
Vivi Pozzebón, emperatriz de los parches. Foto: Lucía Maia Benamo.
Vivi Pozzebón, emperatriz de los parches. Foto: Lucía Maia Benamo.

Quizá fuera Ine Güemes quien en charla fuera de micrófono con el que firma, diera una síntesis ajustada sobre el significado del Festival Tamboreras. Palabras más, palabras menos, la música que vive entre nosotrxs hace unos siete años tenía previsto estrenar un tema cuando llegara su momento: “Escondites”. Presentía que sería un lujo y así fue: en formato banda, pero de composición multitudinaria, más un set de percusión que por cuestiones de espacio se ubicó debajo del escenario. Entre las que percutía arriba, estaba la mismísima Vivi Pozzebón y se sumó como segunda vez Cloé Abigail, joven colega suya que ya dejó de ser una promesa del rock de Bariloche para convertirse en una convincente realidad. “Estrenar así es una locura”, compartió Ine con el público. Un destello.

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En rigor, fueron muchos los que fulguraron durante la tarde del sábado en la segunda jornada del festival, que tuvo lugar al aire libre, en el amigable parque que forma parte del Hotel Cagliero, un escenario desusado para acontecimientos de esta índole, pero que debería perdurar, al menos durante las épocas de benevolencia climática. Es que el desnivel que anuncia la proximidad del lago funciona como acogedora tribuna natural, si el escenario se dispone a espaldas del Nahuel Huapi, como ocurrió.

Las cosas habían comenzado cerca de las 18, cuando las Fuegas Samba Reggae, el espacio de percusión que lidera Guadalupe Sosa, empezó a hacer de las suyas en una arboleda cercana, para que el clima se fuera templando. A propósito, fue un acierto que las organizadoras prestaran cero oídos a ciertos pronósticos meteorológicos que, en los últimos tiempos, aciertan más en asustar a la gente que en anticipar lluvias, vientos o tormentas.

Después tuvo su espacio Anahí Rayen Mariluan, quien durante 2025 logró una nominación al Premio Gardel en el rubro Folklore Alternativo. La cantora mapuche se presentó junto con su pianista, Natalia Cabello, y dedicó el que sería su primer segmento de la tarde a las brigadas autoconvocadas que combaten los incendios en la zona de la Comarca y más al sur. Acto seguido, en un tablado que estaba dispuesto a la derecha del escenario desde la perspectiva lxs espectadores, desplegó su destreza Pullü Legüero, una agrupación de danzas folklóricas de Villa La Angostura (Neuquén), que combina elementos tradicionales como el uso de boleadoras, ponchos salteños y bombos, con coreografías de lenguaje contemporáneo.

Colaboraciones y complicidades

Fue a partir de la actuación de la creadora del asunto, precisamente Vivi Pozzebón, que el Festival Tamboreras 2026 comenzó a delinear los diálogos, las colaboraciones y complicidades que redundaron en varios momentos de energía inolvidable. Después de “Espíritu del agua”, de coplas norteñas y canciones galegas, el espacio escénico comenzó a poblarse de talleristas, no solo tamboreras o percusionistas, sino también de otras músicas, sello particular que imprimió la participación del Ciclo Bestias en esta edición del festival.

Quizás haga falta una recapitulación. Tamboreras no es solo aquello que sucede sobre el escenario de cara al público, sino también el trabajo puertas adentro en el ámbito del retiro. La particularidad que presentó la séptima edición tuvo que ver con la participación de Lula Bertoldi y sus cofrades, que, en síntesis, condimentaron con rock tanto los trabajos previos como las puestas en común sobre el escenario.

Anahí, Lula y Lou Hernández: potencia al por mayor. Foto: Lucía Maia Benamo.

En su momento, la front woman de Eruca Sativa compartió su alegría al resultar posible que el Ciclo Bestias saliera de Buenos Aires y reveló que, desde entonces, se instalaría en el centro de la escena un “seleccionado divino”. En efecto, la acción continuó con Loli Molina y su quietud introspectiva, cuando todavía flotaba en el ambiente el despliegue de la percusión. Tuvimos chance de ver entre tantas estrellas a Lou Hernández, otra activa animadora de la escena musical de Bariloche, al mando de una filosa guitarra. En el bajo estuvieron Mica Conte y en la batería Celina Devoto.

Desde determinado momento de la tarde, Lula y Vivi se quedaron a vivir en el escenario, para dar contenido concreto a ese lujo del que hablaba Ine Güemes. Precisamente, también debió resultar inolvidable para Cloé Abigail que tamaño “seleccionado divino” tocara una de las canciones de Ella tiene una ventana en su pecho, la banda que lidera la jovencísima cantante. En general, cada intervención combinó la interpretación de un tema propio y uno más de otra autora, que se produjo durante los talleres.

Con la guitarrista, compositora y cantante de Buenos Aires, Clara Aita, retornaron los ritmos más bien telúricos, entre ellos el candombe, que previsiblemente, en un festival de mujeres tamboreras tiene un lugar destacado. Y después, tuvo lugar aquel momento aterciopelado con Ine Güemes, al que hacíamos referencia al comienzo de esta reseña de El Cordillerano. Habrá que estar atentos para ver cuándo “Escondites” se sube a las plataformas.

Parches y electricidad

En ambientes musicales y otros ya se sabe, pero por las dudas, honremos el precepto popular: el que avisa no traiciona… La involucrada en el comentario que sigue es compañera en la vida del autor de la reseña, pero como hay un video que ya logró miles de reproducciones en redes, cualquier atisbo de subjetividad podrá confrontarse: la versión de “Mülekayiñ” que apuntalaron la distorsión de Lula Bertoldi más el monolítico set de percusión, resultó demoledora. Nunca una canción de Anahí Mariluan sonó tan rockera y nunca sonidos que tienen su origen en pliegues tal vez milenarios se actualizaron con tanta emoción. Cosa de mujeres, parches y electricidad. Minutos estelares que se estiraron cuando el conjunto interpretó “Bailan”, con otras tres cultruneras en escena. Inolvidable.

La Luna se asoció a la fiesta. Foto: Lucía Maia Benamo.

Para comenzar a delinear el cierre -mientras una Luna poderosísima se alzaba detrás de Península San Pedro- se instaló en el centro de la escena Magdalena Fleitas, otro de los grandes nombres que se hizo presente en Bariloche hasta el domingo último. En sociedad con Vivi prolongaron la fiesta, al revisitar un clásico que popularizara Totó La Momposina: “La verdolaga”. A esta altura, no quedaba nadie sin bailar.

Magdalena Fleitas y la líder de Eruca Sativa. Foto: Lucía Maia Benamo.

Siguieron coplas, versiones de María Elena Walsh y Leda Valladares, más ritmo y más electricidad. Poco antes del final, Guadalupe Mol, una de las compañeras de Bertoldi en Ciclo Bestias, tuvo palabras para denunciar el reciente femicidio de María Zapata, que conmovió a esta ciudad y sus atentas visitantes en la mañana del viernes, como para ratificar que todas las consignas que se acuñaron en la última década tienen absoluta vigencia, entre ellas y, sobre todo, Ni una menos. Después, llegaría el momento de Tía María, murga estilo uruguayo, pero la suerte ya estaba echada: la séptima edición del Festival Tamboreras subió y mucho la vara. Por entonces, la Luna se reflejaba con descaro sobre las aguas del Nahuel Huapi. Pura energía femenina por todos lados.

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