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TERRIBLE

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30/01/2026

Christian Petersen expuso cuál fue el “combo explosivo” que casi lo mata: “Me ataron y…”

El chef habló por primera vez del colapso que sufrió en el Lanín y reconstruyó, en primera persona, la secuencia que lo dejó al borde de la muerte.

Volver a poner en palabras lo ocurrido fue parte de su recuperación. Christian Petersen decidió contar cómo vivió la jornada en el volcán Lanín que terminó con un mes de internación y un diagnóstico extremo. Lejos de versiones ajenas, eligió narrar el episodio desde adentro, con crudeza y sin atajos, en una entrevista con La Nación.

El chef explicó que no se trató de un hecho aislado ni de una falla repentina, sino de una acumulación de tensiones previas. “Había tenido un año muy difícil. Se había muerto un socio mío 2 meses antes, que fue durísimo para toda la empresa y para mí personalmente. Tuve un tema también justo en diciembre, medio violento, con gente de un sindicato que me amenazó con armas. Estaba re estresado y, la verdad, que todo eso me hizo un combo muy explosivo”, relató, marcando el clima emocional con el que llegó a la montaña.

A ese estado se le sumó un escenario que no esperaba. Christian Petersen contó que imaginó una experiencia más solitaria, pero la realidad fue otra. “Además, yo tengo un tema de ataques de pánico cuando estoy con mucha gente, mucho tiempo con carisma, tratando de sostener, me agarra una cosa de querer estar a solas. Me pasó que pensé que íbamos a ser menos, cuando subí al Lanín parecía la 9 de Julio”, dijo, graficando el impacto inmediato que sintió al verse rodeado.

El desajuste continuó al llegar a la base. “En el grupo éramos 8, subieron 7 por un lado y yo subí con un portador, para tratar de tener un poco de silencio. Cuando llego a la base, había 40 personas, en la carpa éramos 10. Todo el mundo quería charlar de cocina, yo quería charlar de las flores que habían en el volcán Lanín”, recordó, describiendo una sensación de saturación que fue creciendo con las horas.

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La noche marcó el quiebre. “Y la verdad que a la noche me agarró un poco de claustrofobia. Y me quise bajar, le pedí al guía que me baje, me dijeron que no, que pase la noche y al otro día baje”, contó. En ese momento, una integrante del grupo resultó clave: “En el grupo había una azafata de Aerolíneas que tenía manejo de ataques de pánico para contener a la gente que le agarra en los aviones y fue un poco ella la que me calmó”.

Al día siguiente, el descenso fue una liberación. “Al otro día bajé, bajé corriendo, bajé feliz. Tiene que ver un poco con lo que le dije a mis hijos: 'Quiero vivir, pero si me moría en la montaña haciendo deporte, que es un poco lo que hago todos los días... (estaba bien)'”, expresó, dejando ver el límite al que había llegado.

Con distancia, Petersen reconoció un patrón propio. “Todos los días me pongo al límite. Quizás me puse demasiado al límite, quizás no me escuché, tendría que haberme hecho un chequeo mejor de lo que me hice”, admitió. Hoy, al reconstruir ese “combo explosivo”, su testimonio no busca dramatizar, sino explicar cómo una sucesión de factores terminó empujándolo a una situación de la que, por poco, no vuelve.

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