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LEJOS DE TODO

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16/11/2025

Qué fue de la vida de Iara Weich, la hija poco conocida de Julián Weich

Iara Weich, la hija de Julián Weich: cómo es hoy su vida lejos de los medios

Mientras Julián Weich construía una carrera televisiva marcada por la masividad y el afecto del público, su hija Iara avanzaba por un sendero completamente distinto. En lugar de seguir la ruta del espectáculo, optó por un perfil reservado y por un mundo que encontró su verdadero lugar: el de la moda sustentable y la economía circular.

A los 32 años y después de varios intentos profesionales que no la terminaban de representar, Iara logró dar con una pasión que la impulsó a replantear su vida laboral. Probó la medicina, pasó por administración, coqueteó con la publicidad, pero ninguna de esas disciplinas despertó el entusiasmo suficiente como para quedarse. La chispa apareció cuando se acercó al universo textil desde una mirada consciente, ética y totalmente contemporánea.

El proyecto que la llevó a consolidarse se gestó casi como un experimento doméstico. Junto a su amiga Julieta Alalu organizaron una feria de ropa usada en la casa de ella, sin imaginar que ese encuentro sería el puntapié para un emprendimiento que hoy tiene identidad propia: Bunker. Lo que empezó entre percheros improvisados se transformó con el tiempo en una marca reconocida, con tiendas en Buenos Aires y una expansión que ya llegó a Barcelona.

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En el local de Palermo -epicentro de su propuesta- cada prenda pasa por una selección minuciosa. No se trata solo de vender ropa: el objetivo es promover un consumo más responsable y accesible, donde cada pieza encuentre una “segunda vida”. Además, quienes desean desprenderse de sus prendas también pueden sumarse al circuito como revendedores, haciendo que la rueda de la sustentabilidad siga girando.

La iniciativa viene acompañada de campañas que buscan instalar una reflexión más profunda sobre el acto de comprar. Una de ellas, Segundas Oportunidades, invita a que los clientes compartan historias personales de transformación, conectando la experiencia de la moda con procesos emocionales y vitales. El mensaje está claro: no se trata únicamente de vestirse, sino de repensar la relación con lo que usamos.

Ese espíritu quedó perfectamente sintetizado en las propias palabras de Iara: “Queremos que comprar ropa usada deje de ser un plan alternativo para convertirse en una elección consciente”. Una frase que resume la filosofía de un emprendimiento que crece sin perder su propósito original.

Hoy, lejos de los flashes que acompañaron a su padre durante toda su carrera, Iara Weich construyó un espacio donde conviven creatividad, responsabilidad ambiental y una mirada fresca sobre la moda. Un camino silencioso, coherente y profundamente personal que la convirtió en referente de un movimiento que no deja de expandirse.

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