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03/11/2025

Cuarteto de Nos en Bariloche: la banda abrió sus “puertas” y el público disfrutó de un show inolvidable

Los uruguayos son un fenómeno que acompaña a quienes no siguen al rebaño.
Un soplo de energía positivo llegó desde Uruguay (fotos gentileza de Noelia López).
Un soplo de energía positivo llegó desde Uruguay (fotos gentileza de Noelia López).

El Cuarteto de Nos, en Bariloche, abrió las puertas de la percepción. El recital que el grupo brindó en el gimnasio de Bomberos Voluntarios fue una invitación para ingresar en un universo de sensaciones diversas a partir de una música “rara”.

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Roberto Musso iluminado en escena.

La alusión a la rareza se vincula a que lo que hace la banda es poco común. Canciones aceleradas mezcladas con otras donde aflora lo onírico a partir de cierto surrealismo, algo que, sobre todo, se percibe en las composiciones de su disco más reciente, Puertas. Pero, curiosamente, se trata de un surrealismo que bucea en un mundo de sueños para desentrañar la realidad.

El cantante "manejó" el recital (organizado por la productora local +AYA Group) de una manera impecable.

Por eso las puertas que abre el Cuarteto de Nos parecen apuntar a la percepción de la que hablaba William Blake (1757-1827): “Si las puertas de la percepción fuesen depuradas, todas las cosas se manifestarían al hombre como en realidad son: infinitas”. Y la calidad de infinito en las composiciones de estos uruguayos se vincula con meterse en las entrañas de su público, viajando por órganos y sangre, dando vueltas sin intención de encontrar una línea de llegada, sino una permanencia en el cerebro de alguien que, en su rareza particular, por fin encuentra a un grupo (¿de rock?) que, a través del arte, lo comprende y lo explica sin caer en la obviedad.

Las imágenes en la pantalla y los efectos de humo sirvieron para completar un espectáculo que deslumbró.

Es como si los seguidores de la banda uruguaya fueran, en gran parte, aquellos que quedan afuera de los rebaños, pero no por sentirse como ovejas negras revolucionarias, sino porque simplemente son distintos. Es decir, no se ubican al margen por opción, sino porque es lo que les toca. Y las canciones del Cuarteto de Nos los acompañan y, muchas veces, actúan como salvavidas, debido a que no viene para nada mal sentir un apoyo desde el lado del arte, un respaldo que, a la vez, los impulse a vivir sin bajar la cabeza, aceptando que cada uno es como es, o sea, sin sentirse obligados a cambiar la esencia para integrar un espacio, sino dándose cuenta de que no están solos: en realidad, forman parte de una inmensa minoría.

La emoción acompañó a los presentes.

“Ninguna llave nunca me podrá decir en qué puerta encontraré mi salvación”, canta el vocalista de la banda, Roberto Musso, en el tema Puertas, que da nombre al último álbum del grupo. Sin embargo, aquellos que concurrieron al recital que la banda brindó en Bariloche podrían afirmar que, de algún modo, la llave de su salvación fue el ticket del show, dado que esa entrada les permitió cantar, saltar, reír y emocionarse.

Juego de luces, sombras y pantalla.

Escoger momentos trascendentes del recital resulta complicado porque, en realidad, el concierto deparó una sucesión de buenos instantes, con Roberto como un líder carismático, acompañándose de la guitarra, “representando” las canciones, impulsando a los presentes a brincar y acompañar con la voz los temas. A su lado, Gustavo “Topo” Antuña sobresalió a puros “guitarrazos” (sus solos breves pero contundentes, actuados también desde la gestualidad, se llevaron muchos aplausos).

El recital no decayó en ningún momento.

Más allá de esa complicación a la hora de escoger algún segmento puntual del show, el cronista, al escribir estas líneas, remite mentalmente a la interpretación de No llora, la canción que Roberto Musso escribió pensando en su hija, composición que, expresando un sentimiento propio, se universalizó a partir de describir las emociones que vislumbran muchos padres de niñas ante las pequeñas personitas que los miran desde abajo como si fueran Dios. La elección del momento en que los músicos avanzaron con este tema en Bomberos, además de su belleza, radica en el marco que el público otorgó. Quien suscribe, por un momento, se trasladó a otros tiempos, cuando los grandes estadios se iluminaban con el fuego de miles de encendedores. Aquellos días lejanos de magia ígnea fueron cayendo en desuso, cosa que quizá se deba a algo bueno: los jóvenes de hoy ya no sucumben ante al tabaco tan masivamente, lo que deriva en que no se porten mecheros como en el pasado. Pero, aunque el motivo, entonces, sea positivo, se extraña esa exteriorización de la sensibilidad que despiertan ciertas canciones a partir de aquella suma de incandescencias. Por eso, la nueva opción, que se traduce en iluminar un recinto con los celulares, a los que portamos más años, aunque en una variante “moderna”, nos retrotrae a viejos shows que guardamos en lo más profundo. Y, en Bomberos, los móviles, cuando sonó No llora, resplandecieron como otrora lo hacían los encendedores.

Las banderas también estuvieron presentes, marcando diversos puntos de procedencia de la gente que se acercó el domingo al gimnasio de Bomberos Voluntarios.

Entre los asistentes, se vieron muchas familias, como si el gusto por el Cuarteto de Nos fuera más allá de lo generacional. O, más bien, como si se tratara de un placer intergeneracional.

Imaginación y calidad en el merchandising.

Un punto para destacar se relaciona con la gran presencia de merchandising, tanto dentro como fuera de Bomberos. Así, por ejemplo, a la salida, la calle Beschtedt mostraba un panorama repleto de venta de productos vinculados con la banda, desde pins a buzos, pasando por gorras y tazas, todo con inscripciones de frases de canciones e ingeniosas imágenes alusivas. Eso también evocó otras épocas, cuando era común que se ofrecieran artículos que tuvieran que ver con los artistas que daban un concierto. Tal vez este revival de la costumbre radique en que la sensación de acompañamiento que despierta el Cuarteto de Nos en sus seguidores impulsa a que muchos tengan ganas de ponerse “la” remera del grupo.

Alegría en el rostro de Roberto: los músicos disfrutaron del show tanto como el público, y eso es decir mucho.

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