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TRAVESÍA DECISIVA PARA LA HISTORIA POSTERIOR

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27/09/2025

Un siglo y medio atrás, Francisco Pascasio Moreno iniciaba su viaje al Nahuel Huapi

El 27 de septiembre de 1875 el futuro perito estaba en Azul, adonde había llegado después de abandonar el ferrocarril. En enero siguiente, llegó al nacimiento del Limay.
El recorte periodístico con la carta de Moreno.
El recorte periodístico con la carta de Moreno.

Exactamente 150 años atrás, un personaje que sería clave para la historia de Bariloche escribía una carta desde la localidad bonaerense de Azul y anunciaba a su padre que al día siguiente continuaría para Bahía Blanca. El joven viajero contaba con 23 años y lejos de limitarse a merodear por poblados que ya conocía, aspiraba a cruzar la cordillera por pasos que en esos tiempos estaban bajo control de Sayhueque y su gente. Como consecuencia a priori inesperada de su periplo tuvo ocasión de asomarse al Nahuel Huapi cuatro meses después y entre muchas otras impresiones, legó una descripción valiosa sobre el aspecto que presentaba el sitio donde 20 años más tarde florecería Bariloche. Muchas décadas después, hizo otro tanto Dina Huapi.

El 27 de septiembre de 1875 le escribió Francisco Pascasio Moreno a su mayor: “Querido viejo. Perfectamente bien llegué anoche a este pueblo para continuar viaje hoy a Bahía Blanca; pero los rumores de invasión de los indios que hemos escuchado por aquí han hecho que el mayoral suspenda el viaje hasta mañana temprano, lo que me viene muy bien, pues me permite escribirte”, arranca la misiva. Su hijo Eduardo la reprodujo el 7 de febrero de 1936 en el periódico “El Hogar”, a cuya versión en PDF accedió El Cordillerano.

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Moreno provenía de Las Flores, que por entonces era punta de riel, es decir, hasta ese punto llegaba el ferrocarril. No encontró mayores atractivos en Azul: “Lo único que tuvo a este pueblo en excitación es la trampa que hubo ayer en las carreras. Desgraciado el pueblo que se ocupa de estas zonceras en vez de tratar siquiera de expulsar (a) los ladrones de levita”, le confió a su padre. Finalmente, “los rumores de invasión” resultaron infundados y el futuro perito continuó con su periplo.

Al mes siguiente estaba a unos pasos del río Colorado, donde tuvo la chance de asistir a un parlamento entre autoridades de Carmen de Patagones y una nutrida delegación que el porteño identificó como picunche, voz que en mapuzungun significa gente del norte. Tenían como referentes políticos a los loncos “Queupumilla, Yancamilla y Guenupilla”, según la ortografía del viajero. En otra carta a su padre describió: “desde el día anterior las comisiones compuestas de los hijos y parientes cercanos de los caciques principiaron a visitarnos; es curioso el contraste que hay entre el traje miserable de estos individuos y los magníficos puñales, estribos y espuelas de plata que ostentan. Lo primero que hicieron en cuanto entraron al cuarto en que esperábamos fue darnos la mano derecha (la expresión está entre comillas) en nombre de sus padres y espetarnos un largo discurso en araucano, en él decían que los caciques tenían el corazón contento, que no habían dormido en la noche anterior de alegría al ver que iban a celebrar parlamento y que el día siguiente tendría lugar el saludo”.

“Indios amigos”

También participaron del encuentro los Linares, parientes de Sayhueque que revistaban como “indios amigos” y formaron del lado gubernamental. Inicialmente, Moreno preveía llegar hasta la cordillera en una sus partidas bajo la guía de Manuel, pero al final el grupo que lo acompañó se conformó con gente del lonco Ñancucheo, quien después se convertiría en dolor de cabeza para las tropas una vez desatada la ofensiva militar al mando de Julio Roca. En su compañía, el viajero abandonó Carmen de Patagones a fines de noviembre.

Eduardo Moreno y otros documentos en la publicación.

Según las sucesivas anotaciones que llevó, el periplo transcurrió por Chichinales, el Chocón y Picún Leufú. Hay que recordar que el paraje que consignó Moreno con ese nombre quedó bajo las aguas cuando se construyeron las represas sobre el río Limay en las décadas de 1960-70 y que la población que hoy conocemos tuvo que trasladarse un tanto al oeste. Luego la comitiva orilló el Collón Cura hasta llegar a la ruca de Sayhueque, que por entonces estaba a pasitos del Caleufu.

El resto de la historia es relativamente conocida porque el propio explorador la confió. Su intención de cruzar la cordillera para llegar a Valdivia se debatió en una asamblea multitudinaria: “en aquella junta tomaron parte 453 indios de lanza y que en ellos debí explicar a los caciques principales convocados por Shaihueque, Nancucheo, Molfinqueupu, Naquipichun y Jankakirque, el objeto de mi visita. Parlamento aquél, que duró cinco horas a caballo y en el que los jefes, asesorados por los ancianos de sus tribus, no sólo estuvieron de acuerdo con Shaihueque (sic) en su negativa a permitirme el paso a Chile, sino que se opusieron a que cruzara desde Caleufú hasta Mendoza, a lo que había consentido el primero. Debía regresar por donde había venido y considerarme feliz con hacerlo”.

Sin embargo, obtuvo el permiso de cabalgar un tanto más al sur en compañía y con pocos caballos. Fue el 22 de enero de 1876 que Moreno bebió de las nacientes del río Limay y pernoctó del lado hoy neuquino. Al principio, no contó con benevolencia climática, pero antes de emprender el retorno se despejó. Anotó al respecto: “no me era permitido avanzar más, aunque a pocas horas de marcha, en la hermosa rinconada de Tequel Malal, vivía entonces, el cacique Inacayal, quien me hubiera recibido bien; pero eran terminantes las órdenes de quien todo lo podía en aquellos lugares. Establecí pues mi campamento al pie de elevados cipreses y reposé dos días, lejos de la indiada [...] Al despedirme del gran lago hasta otra oportunidad, despejóse el cerro Tronador y me fue dado ver su blanca cumbre. La llanura del Sudeste del lago, verde y amarilla, parecía cultivada en parte, y tenues humaredas dentro del bosque vecino anunciaban poblaciones, quizá las de indios Valdivianos, que según datos que me habían dado en el Río Negro, cultivaban la tierra, haciéndola producir cebada y maíz para Inacayal, quien se consideraba dueño de la costa del lago. Este cacique, mi amigo después, era el jefe huilliche más accesible a los halagos de la civilización”.

En general se asume que Tequel Malal es lugar donde se erige la elevación que hoy conocemos como cerro Leones, es decir, municipio de Dina Huapi. En cuanto al “bosque vecino”, puede identificarse claramente como el ambiente que caracteriza a los alrededores de Bariloche. Si bien existe constancia sobre la presencia de gente argentina que vivía en un plano de igualdad en las tolderías de Inacayal con anterioridad, es verdad que el primero que se tomó el trabajo de consignar su llegada al gran lago fue Francisco Moreno, quien 150 años atrás, estaba en pleno comienzo de una travesía que resultaría decisiva para los sucesos posteriores.

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