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ESTUVO HASTA EL MOMENTO FUERA DEL ALCANCE DE LOS INVESTIGADORES

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16/09/2025

Primeras revelaciones de un archivo que “va a cambiar la historia local y regional”

Entre el Consulado de Chile en Bariloche, el Círculo Gabriela Mistral, la Biblioteca Osvaldo Bayer (VLA) y el Museo de la Patagonia están acometiendo una tarea monumental.
José Lupercio Vargas en el extremo de la mesa, debajo del mozo que sostiene un plato. A su izquierda, vaso en mano, Ampuero.
José Lupercio Vargas en el extremo de la mesa, debajo del mozo que sostiene un plato. A su izquierda, vaso en mano, Ampuero.

En Bariloche existe un archivo que hasta al momento estuvo fuera del alcance de los investigadores, cuyo contenido permitirá una reescritura contundente de la historia local y regional, al menos para las primeras décadas del siglo XX. Son libros de registros que existen en el Consulado de Chile en esta ciudad y que afortunadamente, se encuentran en proceso de digitalización. La fábula de la “Suiza argentina” tiene los días muy contados.

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El alcance de las averiguaciones fue puesto en común por primera vez el viernes último, en ocasión de una jornada que organizó Archivos del Sur, subcomisión de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer (Villa La Angostura) con participación del Círculo Chileno Gabriela Mistral (Bariloche). En un contexto en el que hubo otras intervenciones, la charla estuvo a cargo de Gerardo Ghioldi y Claudio Vargas Ojeda, para denominarse “Un archivo extraordinario. Los libros del consulado chileno en Bariloche (1907-1940)".

La madeja comenzó a desenrollarse cuando el segundo quiso acceder a datos sobre su abuelo, José Lupercio Vargas, “dos cónsules atrás”. En aquella ocasión, el recordado Diego Velasco von Pilgrim confió que era intención de la sede diplomática avanzar en la digitalización de “los libros de matrículas consulares”, un voluminoso conjunto de registros que estuvo al margen del conocimiento público hasta hace poco.

Durante la charla, Ghioldi puntualizó que hasta 1907 “mapuches y rotos (en referencia a campesinos empobrecidos) se movieron sin papeles a través de la cordillera”, pero a partir de la fijación fronteriza se instituyeron ciertas constancias que debían portar para “evitar problemas”. Las emitió durante décadas el Consulado de Chile en Bariloche y en la documentación figuran nombre, apellido y algunas descripciones que evidencia el espíritu de la época: “si eran oscuros, se tenían cicatrices y cuánto medían. En un momento empezaron a aparecer las huellas digitales y más tarde, las fotografías”.

Las imágenes comenzaron a incluirse a fines de la década de 1920 y se generalizaron en la siguiente. También se puntualizaba si el documentado “sabía firmar” y al momento de comparecer, debía contar con “dos testigos que pudieran acreditar su historia de vida”, básicamente, si en verdad había nacido del lado chileno y cuánto tiempo llevaba como residente en la Argentina. A diferencia de la que emitieron otras sedes consulares de Chile en el país, los libros que agrupan esas documentaciones permanecen en Bariloche.

Esclavos del Excel

La dupla se aboca hace meses a relevar el material que se produjo entre 1907 y 1940, que convenio mediante, se digitalizó en el Museo de la Patagonia. “Somos los esclavos del Excel”, bromeó Ghioldi. Hasta el momento, procesaron los datos de aproximadamente 3.000 personas, es decir, “migrantes chilenos” que se desempeñaron como “carpinteros, zapateros, jornaleros, agricultores” y otras especificaciones laborales. “Recién en 1935 aparece un estudiante”, ilustró.

Para Vargas, la información que contienen los libros consulares “va a cambiar la historia local y regional, que resalta al pionero europeo. Hay muchos más nombres” de los que registran las narraciones históricas más difundidas, gente “que ya vivía acá en fechas muy anteriores” a Carlos Wiederhold, a quien usualmente se considera como el primer poblador no indígena de la zona del Nahuel Huapi.

El mayor de Claudio en los libros consulares.

Como se trata de archivos de carácter personal se está a la espera del visto bueno de Santiago para contar con la posibilidad de reproducirlos, pero sí se está en condiciones de ponerlos en común someramente, como en el caso de la presentación del viernes. En consecuencia, Vargas compartió algunos ejemplos, entre ellos, el de Vicente Huenchupan Neipan, quien compareció en 1912, hijo de Juan y María, residente en la zona de El Foyel desde 1893 como agricultor.

La pesquisa que pacientemente despliega nuestro vecino incluyó un cruce de informaciones con el Censo de 1895, el primero que se practicó sobre el poblado que siete años más tarde, se reconocería como San Carlos de Bariloche. En la ocasión se contabilizó la presencia de 76 habitantes en el área urbana del Nahuel Huapi y Huenchupan, aparece escrito en esa ocasión con B. En otros casos “hay hasta tres versiones del mismo apellido”, compartió el inquieto investigador.

Para quienes se apasionan por el pasado local y regional quizá sean referenciados los hermanos Márquez por su aporte a la navegación comercial del lago. Daniel era oriundo de Chonchi (Chiloé), soltero y “empleado marino”. Compareció en 1905 pero según declaró, residía en estas latitudes desde 1891 y llamativamente, no aparece en el Censo. Hay que aclarar que además del área urbana, se instituyó un “Bariloche rural” que abarcaba Villa Llanquín, Comallo y El Bolsón. Del racconto surgieron otros 120 pobladores, cifra menor a la que arrojan los libros consulares.

Hallazgos sorprendentes

Con los primeros procesamientos de la información, los “esclavos del Excel” encontraron que, para las primeras décadas del siglo XX, el 80 por ciento de la población en la zona del Nahuel Huapi era de origen trasandino y que el 50 por ciento de quienes ya habían nacido en jurisdicción argentina, tenían padre/madre de aquella procedencia. Rastrearon personas que ya vivían en la actual isla Victoria hacia 1880 y en la Línea Sur, en 1860 y 1870. Una arrojó residencia en el interior rionegrino del presente hacia 1850.

Otro ejemplo relativamente conocido para los aficionados/as al estudio de pasado regional: José María Inalef era oriundo de San Pablo, paraje cercano a Osorno por el norte. Contaba con familiares en Puyehue y se estableció “primero en el Gutiérrez y después en el Mascardi”. En la documentación consular aparece “Laguna Gutiérrez”, en lugar de lago. De Inaleff Rauque (con doble F) se consigna que ya vivía por aquí en 1899.

Finalmente, fue durante la gestión del cónsul Luciano Parodi Gambetti que nuestro vecino tuvo acceso por primera vez a la documentación de su familiar, búsqueda que condujo a tamaño hallazgo. Primero hizo su trabajo la historia oral porque durante una entrevista con Eduardo Ampuero, este le dijo a Claudio: “yo conocí a tu abuelo. Él me convenció para venir a la Argentina. Estábamos pasando hambre, éramos peones rurales”.

El investigador confió que 18 días de caminata invirtieron Ampuero y Vargas desde Maullín hasta Bariloche. Después de otras alternativas consiguieron empleo en el hotel Llao Llao, contrataciones que inicialmente se limitaban a las temporadas de verano. A una comida del personal remite la fotografía que ilustra esta crónica. Hasta que se dieron las condiciones para ya no retornar a Chile, “donde las patronales son peores que en la Argentina”, mencionó el nieto de José Lupercio.

Si bien se trata de una tarea que está en pleno desarrollo, quienes quieran asomarse a tamaño volumen de datos y conocimientos pueden dirigirse a https://migraciones.archivosdelsur.ar/, donde están procesados los “Datos migratorios 1907-1931” después de relevar 2.860 registros. Son las primeras sistematizaciones. El conjunto del trabajo cuenta con el impulso decidido del actual cónsul en esta ciudad, Javier Matta Manzano, quien afrontó una tarea similar en su destino anterior: Australia. Desde el país oceánico se lllegaron a publicar dos libros como corolario de las averiguaciones. En las orillas del Nahuel Huapi, un corolario similar “va a cambiar la historia local y regional”. Ninguna duda.

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