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NUNCA SE CONSOLIDÓ COMO PRINCIPAL EMBARCADERO SOBRE EL NAHUEL HUAPI

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14/09/2025

¿Persigue a Puerto San Carlos un destino de infortunio?

La estación portuaria de Bariloche primero fue muelle de madera y luego de cemento, pero varios contratiempos conspiraron para que se abocara a su destino.
El muelle que fue insuficiente para la "Modesta Victoria" alrededor de 1927. Colección Lunde en Archivo Visual Patagónico.
El muelle que fue insuficiente para la "Modesta Victoria" alrededor de 1927. Colección Lunde en Archivo Visual Patagónico.

En la década de 1930 las embarcaciones que navegaban el Nahuel Huapi eran, en su mayoría, obsoletas para el nuevo perfil turístico que la Dirección de Parques Nacionales aspiraba a imprimir en Bariloche. Hasta mediados del período, la población retenía el perfil agrícola ganadero de sus comienzos y aunque había vapores, eran de proporciones reducidas y ya tenían años de prestar servicios.

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Para paliar la situación se procedió a botar la célebre “Modesta Victoria”, cuyo nombre fue impuesto por Agustín Justo, quien ejerció la presidencia entre 1932 y 1938, es decir, en un tramo importante de la llamada Década Infame. La embarcación, que con el paso del tiempo se convertiría en insignia turística del lago, se hizo al agua el 10 de noviembre de 1938 y entró en servicio en enero del año siguiente.

Su nombre emula incluso hoy a la pequeña velera que había entrado en el lago en 1883, para superar con éxito años de frustraciones para la Armada de la República Argentina (ARA). La fuerza había consagrado varias expediciones para logra el objetivo de remontar el río Negro, seguir por el Limay e ingresar al gran espejo de agua, meta que recién se cumplió en diciembre de aquel año. Comandaba el grupo el por entonces teniente Eduardo O’Connor.

Al informar a sus superiores sobre el ingreso al Nahuel Huapi y su primera circunnavegación de reconocimiento, el marino se refirió al logro como “modesta victoria” y de ahí surgió el nombre de su esquife, que después retomaría la motonave que vino para modernizar la navegación. Pero con su puesta en marcha sobrevinieron algunos inconvenientes que desnudaron carencias de infraestructura.

“Junto con el problema de la navegación estaba el del fondeadero y muelle de embarque. El construido por Primo Capraro, en madera, estaba en malas condiciones. Se pensó en llevar el atracadero a Puerto Moreno, pero finalmente, prevaleció la opinión de permanecer en Bariloche”, según reconstruyó Juan Martín Biedma, en su “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche, 2003).

El muelle de cemento en una postal turística. Ya estaba el Centro Cívico.

El investigador se refería al espacio donde hoy predomina el Centro Municipal de Arte, Ciencia y Tecnología, espacio que todo el mundo conoce como Puerto San Carlos. Cabe recordar que Parques Nacionales había entrado en funcionamiento en 1934, con el impulso de renovación arquitectónica que caracteriza a varias de las edificaciones históricas de la ciudad. Esa modernización implicó que viejas infraestructuras tuvieran que demolerse.

Fuego destructor

En efecto, para fortalecer el embarcadero céntrico “se deshizo el viejo muelle, previa adquisición a su propietario y se hizo uno nuevo de cemento, bajo la dirección del Ing. Repossini, técnico de la Dirección de Navegación y Puertos”, rehízo Biedma. No obstante, con el paso del tiempo los problemas continuaron porque “el 24 de marzo de 1958 un incendio lo destruyó parcialmente. El fuego se inició en la caldera de leña que un movía un martinete empleado en una reparación”.

Con suerte parcial ante el siniestro, “la Modesta Victoria y otras embarcaciones pudieron ser retiradas a tiempo, no así dos lanchones que fueron destruidos por las llamas”. Para Biedma, “este embarcadero (estaba) signado por el infortunio” porque “una nueva desgracia se abatió sobre él”. En este caso, el episodio es más conocido: “El 22 de mayo de 1960, a las 16 y 15, una gigantesca ola arrasó el muelle”.

Se trata del famoso lagomoto que está muy presente en la memoria de quienes vivieron aquel movimiento telúrico. “Ese día nada hacía presagiar ese fenómeno, producido en conexión con la erupción del volcán chileno Riñihue, posiblemente debido a una fisura en el lecho del lago”, especuló el autor. En rigor, el nombre al que aludió Biedma corresponde en el presente a un lago, cuyo extremo este, linda con el volcán Mocho-Choshuenco, al que seguramente se refería.

La cuestión es que “al promediar la tarde se oyeron ruidos subterráneos y comenzó el temblor con tintineo de cristales. El agua del lago se retiró de la costa y volvió como una gran ola”. Además de la destrucción del muelle se registró el hundimiento de la lancha “Sayhueque”. La “Modesta Victoria” tuvo suerte porque “después de romper de un tirón el cable de acero que la ataba al muelle, quedó al garete y fue rescatada por miembros de la tripulación que llegaron en un bote. No sufrió daños”.

Con cierta dosis de humor negro que seguramente no hizo gracia alguna en la familia de los involucrados, resumió Biedma que “Kempel y Julio Fratini, que estaban dentro de una embarcación, fallecieron. Como cosa curiosa, al mes apareció el cadáver de Fratini en la playa de su propia casa, mejor dicho, de su viuda”. A pesar de los destrozos, la infraestructura deteriorada sobrevivió casi una década más: “El viejo muelle, recuerdo del Bariloche de ayer, comenzó a ser demolido en 1969”.

En los últimos tramos de su existencia se convirtió en un objeto curioso. “Después del terremoto del 60, su vetusta estructura de vigas de coihue, sujetas con planchas de hierro y clavos fabricados en herrería, sirvió como espigón de pesca y paseo para residentes y turistas”, consigna la reconstrucción de Biedma. El último capítulo de la historia del Puerto San Carlos comenzó a escribirse hace unos 30 años y es relativamente conocido.

Después de una importante remodelación, que es la que perdura hasta hoy, se intentó reflotar como instalación portuaria en los 90, aunque de nuevo con mala fortuna. Hasta naufragios se produjeron. En el edificio supieron funcionar un patio de comidas, una pista de patinaje sobre hielo, un espacio para espectáculos de considerables dimensiones y después de su retorno al ámbito público, el Centro Municipal de Arte, Ciencia y Tecnología del presente. Pero nunca pudo convertirse en el puerto principal sobre el Nahuel Huapi. En un punto, su serie de infortunios continúa.

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