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"PARTICIPAN POR IGUAL POLICÍAS Y JUECES”

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04/08/2025

“La coima, gran institución pública” en el Bariloche de los comienzos

Aunque no hizo nombres, estampó la temeraria acusación Manuel Porcel de Peralta en su “Biografía del Nahuel Huapi”. Se refería a las primeras tres décadas del viejo San Carlos.
La comisaría de Bariloche en 1919. Foto: Archivo del diario "Río Negro".
La comisaría de Bariloche en 1919. Foto: Archivo del diario "Río Negro".

La administración de justicia funcionó de manera un tanto caprichosa en los albores de Bariloche, a tal punto que, según algunos estudios, hasta se hicieron desaparecer sumarios para redactar unos nuevos en los que las víctimas de la primera versión aparecían como victimarios. Tamaña volatilidad hizo que se considerara a “la coima” como “la gran institución pública”, de la que se beneficiaron tanto jueces de paz como integrantes de las fuerzas de seguridad.

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Aunque no aparecen nombres, acusación tan categórica puede leerse en “Biografía del Nahuel Huapi” (Marymar, 1969), en páginas que Manuel Porcel de Peralta consagró tanto al origen de la prostitución en el naciente Bariloche como a describir someramente el ambiente nocturno que se deslizaba siempre al filo de la ley. Aunque a juzgar por sus palabras, el contenido de las normas era materia de libre interpretación en las orillas del lago.

El relato está ambientado en las primeras décadas del siglo XX. "Las costumbres, a medida que el pueblo va creciendo, van evolucionando. Comienza lo que muy pronto va a llamarse primera sociedad , que estará integrada por las pocas familias bien organizadas", resaltó el autor. “Poco a poco se irá engrosando el núcleo inicial, hasta que llega el momento de organizar el primer baile social”.

Sucedía que “para entonces ya San Carlos cuenta con hoteles, en cuyos salones se hacen los banquetes de casamiento, las fiestas danzantes o recepciones a los personajes importantes”. Fue el caso de una reconocida figura del pasado patagónico. “En cuanto Francisco P. Moreno es huésped de uno de ellos, en adelante, como es lógico, el establecimiento se llamará orgullosamente: Hotel Perito Moreno”, ironiza un tanto el texto.

Aunque Porcel de Peralta escribió en tiempo presente, su libro se publicó por primera vez en 1958, es decir, entre 20 y 40 años después de los acontecimientos que rescató. "La comarca tiene un singular sentido interpretativo de los simbolismos. Aquí, si es posible, los homenajes póstumos tienen realización mientras los protagonistas viven. No se tiene mucha confianza en la posteridad. El reconocimiento tiene forma de homenajes que se realizan en el acto, o muy en breve. A veces tarda más en proyectarse que en llevarse a cabo".

Garitos y prostíbulos

El biógrafo del Nahuel Huapi se expandió a través de varios párrafos sobre la práctica de esos homenajes, pero su repaso quedará para otra edición de El Cordillerano. También dirigió su mirada al Bariloche de los márgenes. "Las actividades nocturnas no están limitadas a las que puedan cimentar las buenas costumbres. Habrá lugares de diversión para hombres: garitos" y "casas donde el amor se alquila" de forma clandestina, es decir, prostíbulos.

Al autor le llamó la atención el “nombre poético” de uno en particular, que se daba a conocer como “Rincón tranquilo”. En esos ambientes “desfilan elementos de armas llevar, prostitutas desahuciadas de centros más exigentes, y jugadores ventajistas que tienen tendidas las redes por toda la Patagonia para seguir a los puntos”, describió. “Es extraordinaria la capacidad andariega de las hetairas, en momentos en que los medios de transporte son precarios”, vuelve a ironizar el relato

Hace mucho, mucho tiempo se designaba de esa manera -hetairas- a mujeres de elevada condición social que ejercían la prostitución, aunque habría que ver qué significado quiso otorgarle a la expresión Porcel de Peralta, porque no condice con la descripción que sigue a continuación: “ellas recorren el mismo itinerario de los exploradores, sólo que parten desde el bajo : Paseo de Julio. Van también en busca de la quimera del oro”.

Para aquellos penosos recorridos “las etapas son las mismas: Bahía Blanca, Patagones, San Antonio Oeste, Trelew, Puerto Madryn, Comodoro Rivadavia, San Julián, Puerto Deseado, Río Gallegos, Las Heras, Esquel, San Carlos… Aquí el paisaje o la nieve aquieta sus andares. ¿Será obra de milagro?” Según el autor “ellas creen en milagros; de sus cuellos cuelgan crucecitas y suelen coleccionar estampas religiosas”.

Una vez en Bariloche, "algunas renuncian a su oficio y se convierten en la querida de algún comerciante o ganadero melancólico. Si se aquerencian, pueden cambiar de estado civil y hasta hacerse acreedoras al auto sacramental", sigue la narración con su tono burlón. Pero de algunas cuestiones difíciles se rieran en aquellos tiempos: “de estos piringundines saldrán los heridos y contusos que darán motivo a actuaciones sumariales que dejarían asombrado al mismísimo Juan Filloy”. Se refería al escritor que publicó “ Caterva, escenas de la campiña cordobesa”.

Y he aquí su acusación generalizada: "la gravedad o importancia de las heridas son motivo de libre interpretación. Si el agresor tiene medios y se acomoda con las autoridades, en el sumario constará que la herida es leve. La autoridad percibirá, en tal caso, una suma que se regula de acuerdo con la posición del victimario. En ocasión en que el heridor es pobre y no encuentra padrino, el sumario es terminante: heridas graves de pronóstico reservado".

En consecuencia, "se lo mandará para abajo: ¡San Antonio! Es de imaginar los esfuerzos que hacen los infelices para no ser sacados de la jurisdicción de la justicia local. En ocasiones hubo que destruir el sumario y comenzar otro, en el que los protagonistas cambiaban de condición: la víctima se convertía victimario", apuntó Porcel de Peralta. “La coima será, por entonces, la gran institución pública de que participe por iguales policías y jueces”.

El acto seguido relativizó la gravedad de su descripción. “Pero no se crea que los hombres que desempeñan funciones policiales o de la justicia de paz son peores aquí que en otras latitudes del país”, se atajó. "Tienen las mismas virtudes y parecidos defectos; sólo que la distancia y la carencia de medios de comunicación los parapetan tras una mayor impunidad. Tampoco se crea que no hubo comisarios ni jueces correctos. También los hubo, pero fueron los menos, desgraciadamente". Aunque haya pasado un siglo, no vendrían mal algunas precisiones al respecto.

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