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SE TARDÓ MUCHO EN CONOCER LA TOTALIDAD DE SU CURSO

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27/07/2025

Hay un río que “compite en hermosura con el Limay” y desorienta con su nombre

Fueron guardiamarinas chilenos los primeros en explorarlo. Aunque casi tres décadas después se comprobó lo desacertado de su denominación, la original fue la que llegó a nuestros días.
Rival del Limay en belleza e igual de torrentoso en algunos de sus tramos.
Rival del Limay en belleza e igual de torrentoso en algunos de sus tramos.

Al menos en las costas chilenas más cercanas a Bariloche, el Océano Pacífico no hace honor a su nombre. Son memorables los naufragios que se produjeron en cercanías del archipiélago de Chiloé e inclusive más al norte, a raíz de la tormentosa relación entre el mar y los acantilados o playas. De manera análoga, uno de los ríos cercanos a esta ciudad puede desorientar al visitante poco avisado, ya que de plácidas sus aguas no tienen nada.

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Es que, en la época de los supuestos descubrimientos e imposición de nombres, abarcar todo su recorrido se tornó esquivo para los exploradores, trabajaran para el gobierno chileno o el argentino. Entre ellos y los cartógrafos, decidieron que se dividiera en dos tramos. El que quedó como Superior nace en el glaciar del mismo nombre y desagua en el brazo Tronador del lago Mascardi.

Por su lado, las nacientes del Inferior se vinculan con los lagos Hess y Roca, para luego dar origen al Steffen. Más tarde, sus aguas continúan hacia el oeste y cruzan el límite con Chile por el paso Cochamó. A esta altura de la descripción, el conocedor/a intuirá que nos referimos a un río que tiene a buena parte de su curso jalonado por rápidos y torrentes. Que se llame Manso parece más bien una humorada de corto vuelo.

Precisamente, hubo que trabajar mucho para conocerlo en su totalidad. “Este río, de variado aspecto y que compite en hermosura con el Limay, fue develando gradualmente los misterios de su complicado cauce”, admitió en sus investigaciones Juan Martín Biedma. “Conocido por secciones, muchos exploradores contribuyeron con sus descubrimientos a armar como piezas de un rompecabezas su cauce, desde las nacientes en los Ventisqueros Negros, del majestuoso Tronador, hasta la confluencia con el río Puelo, que vuelca sus aguas en el océano Pacífico”.

Ese “complicado cauce” hizo que indirectamente, se llame en el presente de forma paradójica. Para Biedma, “hasta su mismo nombre alude a esta circunstancia. Es que su denominador conoció solo la desembocadura, en época en que sus tramos medio y superior no eran conocidos todavía”, reconstruyó en “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004).

No es así de plácida en todo su recorrido.

En su texto, el investigador historió las sucesivas exploraciones que dieron su nombre al río Manso. “El 13 de noviembre de 1871, partía de Valparaíso la expedición encabezada por el capitán de corbeta Francisco Vidal Gormaz, que, por orden del Gobierno de Chile, debía explorar la costa de Llanquihue”. Se trata del lago que, a su vez, da nombre a la provincia chilena adyacente a Río Negro, del otro lado de la cordillera.

Guardiamarinas pioneros

Según Biedma, “acompañaban a este distinguido oficial de la marina chilena”, los siguientes marinos: el teniente 2° Luis Uribe y los guardiamarinas Juan Tomás Rogers, Demetrio Eusquiza y Juan Francisco Toro. Para contextualizar, puntualicemos que todavía faltaban nueve años para que el Ejército Argentino llegara a la actual zona de influencia de Bariloche. En efecto, el contingente trasandino estuvo en el río Puelo el 15 de enero de 1872.

Al sufrir problemas de salud que impidieron su avance, Vidal Gormaz encomendó la exploración a Rogers, al práctico Tellez y a otro viajero de apellido Oyarzun. El 19 de enero encontraron que “por el lado norte desemboca un río cuya abra se dirige aproximadamente hacia el Norte, Noreste al que denominamos Manso por lo poco correntoso de sus aguas”. Biedma tomó como fuente la memoria que escribió el propio guardiamarina.

En ese tramo de su recorrido, la misión chilena se abocaba a explorar la parte superior del Puelo. A los escritos de Rogers los transcribió Vidal Gormaz en su “Exploración de la costa del Llanquihue”. Por su lado, el argentino reflexionó: “Muy lejos estaba de imaginar el guardiamarina Rogers que este tranquilo río de aguas verdes azuladas era el mismo que, torrentoso y veloz, de color lechoso, entraba en el lago Mascardi y luego, enhebrando lagos y volcándose en cascadas se encajonaba, a veces tranquilo, a veces impetuoso, para cruzar la cordillera, prodigio para quien no conociera la dislocada orografía de los Andes Australes”.

Por un tiempo prolongado nos se produjeron otras exploraciones en la zona, entonces “no nos debe extrañar –añade el texto de Biedma– que connacionales de Rogers llamaran arroyo Barros Arana al curso superior entre el ventisquero del Tronador y el lago Mascardi y que todavía en 1914, el tramo entre los lagos Hess y Steffen, no hubiera sido recorrido por nadie en toda su extensión”.

Las cosas empezaron a precisarse cuando la Argentina y Chile se propusieron deslindar sus nuevas fronteras. “Recién entre los años 1896 y 1898, por obra de las comisiones de los límites argentinas y chilenas, se fija el curso del río Manso. En 1895 se desconocía aún su naciente”, menciona la reconstrucción. “Juan Steffen, que realizó con Oscar de Fischer un viaje de exploración al Paso de las Nubes, suponía que las corrientes fluviales que nacen al Sur y Sudeste del Cerro Tronador desaguaban hacia el Pacífico en conexión con el río Blanco”.

A pie y machete

Es más, “al comienzo de 1896 la comisión Schiörbeck avanzando hacia el E. descubrió el lago Mascardi, pero no lo vinculó al río”. No obstante, este mismo año -entre el 27 de enero y el 6 de marzo- Steffen realizó el primer gran avance en el conocimiento del Manso reconociendo su curso inferior”. Según Biedma, “remonta el Puelo y luego el Manso unos 15 Km, venciendo rápidos y cascadas, hasta que una angostura los obliga a suspender la navegación”.

El grupo continuó a pie y machete. El viaje se estiró más de la cuenta, las dificultades hicieron penoso el avance y ante la inminente escasez de provisiones, el grupo decidió retornar, pero antes subieron un cerro de 1.150 metros que como presentaba viejas quemazones, llamaron Quemado. “A sus pies ven correr un río que vuelca sus aguas en el Manso: el río Villegas, y hacia el N. divisan el Manso, entre tupidos bosques, sino poder descubrir su origen”.

Los exploradores especularon con “la existencia de un lago oculto que desaguaría en el Manso. Efectivamente, el lago existía, era el Steffen, que el ingeniero (Emilio) Frey avistara en 1898”, estableció Biedma. Recién por entonces se terminó de abarcar la totalidad del Manso y su curso. A pesar de los “rápidos y cascadas” que habían mortificado a los navegantes trasandinos, prevaleció el nombre que disimula tanta energía natural desatada.

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