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PUBLICÓ EL FONDO EDITORIAL RIONEGRINO

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25/06/2025

Literatura infantojuvenil en el cuarto libro de Mónica de Torres Curth

Se titula “Wangelen” y cuenta con ilustraciones de Rodrigo Porto. Aborda las vivencias de una niña de Línea Sur que quiere ser escritora. Se presentará durante el mes que está por iniciarse.
Cuando no escribe, la autora lee. Foto: Alfredo Leiva (gentileza Mónica de Torres Curth).
Cuando no escribe, la autora lee. Foto: Alfredo Leiva (gentileza Mónica de Torres Curth).

Se pierde la cuenta. Con un ritmo que llama la atención, Mónica de Torres Curth tiene nuevo libro y la novedad no tiene que ver solamente con que es el más reciente, además implica una incursión de la autora en la literatura para público infantojuvenil. “Wangelen” cuenta con las ilustraciones de Rodrigo Porto y salió de imprenta con el sello del Fondo Editorial Rionegrino (FER), la editorial pública provincial. La autora aspira a presentarlo durante el mes que está por comenzar.

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El Cordillerano: en libros anteriores, te ocupaste de situaciones más bien escabrosas cercanas a muchas de las formas de violencia que se dan socialmente. ¿Por qué tuviste ganas de incursionar en literatura para infancias?

Mónica: Vivimos en un mundo lleno de violencia, pero es horrible y hermoso a la vez. Y así como hay vidas e infancias terribles, también las hay bellas y soñadoras. No me muevo con soltura en el terreno de la poesía propiamente dicha, pero sé que puedo producir una narrativa poética que muestre el lado amable del mundo. Eso también me gusta, es un enorme terreno para explorar y también es un desafío escribir un texto para que lea un niño o una niña. Tengo un exigente público -nietas de una amiga- que colaboran con sus impresiones y me ayudan a corregir el rumbo.

En el primer libro de cuentos, “Todo lo que debemos decidir” (2018), hay uno que se llama “Crisol de razas” cuyo personaje es una nena que vive en el campo, en la estepa patagónica. Lo que me proponía era poner en evidencia la distancia que hay entre la “realidad” que se ve en algunos momentos en la escuela -quiénes son los héroes y los patriotas- y la realidad cotidiana de mucha gente, en especial en el ámbito rural. En 2023 respondí a una convocatoria del Plan de Lecturas “A leer Río Negro” que invitaba a autores rionegrinos a proponer textos para el corpus de lecturas para las infancias y adolescencias. Esos textos, que están disponibles en Internet, son los que se utilizan en las capacitaciones para hacer los recorridos lectores con docentes de cada Nivel. Pensé entonces que sería interesante contar la vida de esta nena que va a la escuela a caballo, que ayuda a su mamá en la huerta, que tiene gallinas y un ternero, que tiene una realidad muy distinta a la de la ciudad, pero también tiene sueños. Ese cuento se llama “Historia de un ecosistema” y fue el primero destinado a las infancias. Me encantó escribirlo porque lo hice desde los ojos de una niña, con una mirada amorosa y soñadora. Me enamoré de la protagonista de esta historia…

EC: dentro del segmento, ¿por qué acercarse al pueblo mapuche, tan vilipendiado en los últimos años?

Mónica: cuando escribí “Crisol de razas” le di un nombre mapuche a su protagonista, Juanita Ancalao, pero no lo hice con la intención de hablar de la cultura mapuche. En Wangelen, cuento otra historia. Juanita quiere ser escritora, maestra y doctora. Quizás inconscientemente, le puse el apellido de una gran poeta mapuche que admiro: Liliana Ancalao. Pensé mucho sobre lo desapercibidas que pasan las identidades y las culturas de las personas que nos rodean y cómo hay una cultura hegemónica que se impone. Las costumbres, los saberes, las canciones, los cultos, los rituales, incluso la lengua del pueblo mapuche, han sido históricamente acallados por un sistema educativo que pone el acento en lo general y no en las particularidades. Creo que la atención que se está poniendo en la diversidad hoy va en camino de cambiar esto, pero también pienso que falta mucho. Juanita Ancalao es un personaje de ficción, pero podría ser cualquier nena de una escuela rural de la Patagonia o del periurbano de Bariloche. Estoy alejada de la educación primaria, pero me gustó pensar en una historia que no sólo involucre a Juanita, a su abuela y a su cultura ancestral, sino también a una maestra que le importa lo que esta nena quiere y sueña, la valora y la estimula a seguir sus deseos y sus objetivos. Fue pensar cómo me gustaría a mí que sea la escuela, que en este caso funciona como un trampolín para los deseos de Juanita.

EC: ¿Qué se van a encontrar lxs pequeñes lectores en “Wangelen”?

Mónica: wangelen quiere decir “estrella” y precisamente es el nombre de un poema para las infancias escrito por Liliana Ancalao. También de una canción bellísimamente interpretada por Anahí Rayen Mariluan. En mi cuento, Juanita encuentra en la biblioteca de su escuela un libro que se llama Wangelen y tiene su apellido en la tapa. Pero ella no puede leerlo porque no entiende lo que dice. La maestra le explica que está escrito en otro idioma y que, para entender, hay otros libros que se llaman diccionarios. Como en la escuela no hay un diccionario mapuzungun español, la maestra le propone que ella haga uno. Para eso Juanita le pide ayuda a su abuela. Eso la conecta con su propio deseo de ser escritora, pero también con su origen. Juanita empieza por traducir junto a su abuela los primeros versos del poema de Liliana: Wenu mew müley wangelen, ta iñ pepi afmatual: Hay estrellas en el cielo, que podemos admirar.

La portada de Wangelen.

EC: ¿cómo fue trabajar con ilustrador?

Mónica: fue mi primera experiencia en un libro álbum y fue muy buena. Rodrigo (Porto) es un chico muy joven, egresado del Instituto Universitario Patagónico de Arte (IUPA). Le propuse hacer este libro y aceptó con entusiasmo. Lo más interesante es el diálogo que tiene que haber entre el texto y la ilustración, en que una cosa reinterpreta a la otra, ambas partes se retroalimentan para crear un nuevo objeto. Juanita no tenía una “cara” y ahora la tiene. Lo mismo que su abuela. Es como cuando se lleva un libro al cine: la cara del del actor se transforma en la versión concreta del protagonista. Cuando empezamos le pregunté a Rodrigo si quería que yo le contara lo que había pensado para cada pliego o prefería imaginarlo y eligió lo último. Así que para cada imagen generó un bosquejo y luego charlamos sobre esa idea para hacer la versión final porque las imágenes no son digitales. Excepto la tapa, son hechas con lápiz y acuarelas. Cualquier cambio sobre la versión terminada requeriría de una nueva pintura. Funcionó bárbaro. El jurado que recomendó la publicación de Wangelen destacó que las ilustraciones acompañan muy bien el relato. Creo que logramos un libro-objeto muy bello.

EC: en los últimos cinco años publicaste un montón. ¿Cómo explicás esa hiperactividad literaria?

Mónica: publiqué tres libros de cuentos: “Todo lo que debemos decidir”, “El camino de la izquierda” y “Presas”, dos de ellos premiados en certámenes. También un libro de relatos breves junto con Cecilia Fresco e ilustrado por Cecilia Gaviola (“Circulares”), y un libro junto con Laura Méndez y Julieta Santos, con imágenes de Natalia Buch y Fernanda Rivera Luque (“Nosotras somos ellas”), que resume 100 años de historias de mujeres en la Patagonia. También tuve algunas publicaciones digitales como una crónica con una mención en el VI Concurso de Periodismo Patagónico, y como te conté, dos cuentos para el Plan de Lecturas. He abierto el abanico de mi narrativa a otros horizontes que me gustan mucho. Calculo que hay dos factores para esta hiper productividad: uno que tuve un éxito considerable en algunos certámenes y eso me dio confianza. El segundo, quizá más importante, es que me jubilé en 2022 y tengo más tiempo para leer y a escribir. Hace un tiempito nuestra querida Graciela Cros contó que se había ido un mes a Carmen de Patagones y se propuso escribir al menos una línea por día. En esa especie de “retiro literario” nació El trébol africano. Pensé: ¡buena idea! Así que ahora destino al menos un rato todas las mañanas a escribir algo. Tengo varios proyectos en manos… así que sí, seguiré. Y se no me sale nada, leo. Siempre sirve.

Mónica de Torres Curth enfrenta ahora una simpática dificultad. Probablemente presente su nuevo libro en la sala de lectura de la Biblioteca Sarmiento, pero como “soy nuevita en este mundo de la literatura infantil, tendré que inventar algo. Hay mucha gente en Bariloche que escribe cosas muy hermosas para las infancias, seguramente recurriré a sus consejos. Para nosotros, para Rodrigo y para mí, seguro va a ser una fiesta”, anticipó. Qué duda cabe...

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