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NI EL 25 DE MAYO, NI EL 9 DE JULIO Y MUCHO MENOS EL 3 DE MAYO

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23/05/2025

¿Cuál era la fiesta popular por excelencia en el Bariloche de las primeras décadas?

“Si un día los chilenos declararan un paro general, automáticamente dejarían de funcionar industrias y comercios”, advirtió en su “Biografía del Nahuel Huapi” Manuel Porcel de Peralta, alrededor de 1960.
Alumnado de la Escuela 16 desfila por las calles céntricas con una gran bandera al frente, alrededor de 1932. Colección Capraro en Archivo Visual Patagónico.
Alumnado de la Escuela 16 desfila por las calles céntricas con una gran bandera al frente, alrededor de 1932. Colección Capraro en Archivo Visual Patagónico.

¿El 3 de mayo, el 25 de mayo o el 9 de julio? Durante varias décadas, la fiesta institucional más trascendente de Bariloche no tuvo que ver con el origen formal de la población ni tampoco con la jornada que recuerda a la Revolución de Mayo. Menos aún con la balbuceante declaración tucumana que independizó a las Provincias Unidas de Sudamérica de España y recién varios días después, “de toda otra dominación extranjera”. No, en las primeras décadas del siglo XX y por un rato largo, la única festividad que conmovía la normalidad pueblerina era la del 18 de septiembre, cuando la gente chilena de esta cuidad saludaba la asunción de la Primer Junta de Gobierno en Santiago (1811). Obviamente, no todo el vecindario recibía con beneplácito tanto fervor.

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“La Patagonia es país de sorpresas escabrosas. Y como todo es paradójico, contradictorio, en estos momentos hay en San Carlos un verdadero récord de sociedades que representan a distintos países, cuyas banderas se aposentan orgullosas en sus sedes: Colectividad Chilena, Club Suizo, Club Alemán, Sociedad Italiana, Sociedad Española, Sociedad Sirio-Libanesa, Sociedad Israelita, Club Francés, Colectividad Yugoslava, Sociedad Danesa y otras”, observó Manuel Porcel de Peralta al filo de la década de 1960.

“Los únicos que no tienen entidad representativa son los argentinos. Tampoco se extraña su falta”, ironizó el autor en el libro “Biografía del Nahuel Huapi” (Marymar – 1969). Según su apreciación, “la existencia de tales organismos en un ambiente reducido y estrecho física y espiritualmente (sic) produjo un separatismo que por muchos años será el fenómeno que malogrará los mejores esfuerzos colectivos. El idioma, la religión, la raza, las costumbres, todo tiende a separar, no a unir a las gentes. Todo lo que tiene de negativo este divisionismo exclusivista aflorará para dificultar cualquier empresa ambiciosa”, opinó en su escrito.

En consecuencia, “habrá cien entidades deportivas que se fundarán, vegetarán y desaparecerán y volverán a refundarse sin haber nada constructivo que trascienda en el tiempo. Habrá una excepción: el Club Andino de Bariloche, donde la nieve ha hecho el milagro de limar las aristas que hacen desconfiados a los hombres”, resaltó Porcel de Peralta. En efecto, la institución se fundó en 1931 y avanza hacia el siglo de existencia.

Dominación abrumadora

Observó el biógrafo del lago que “existen numerosas instituciones, pero con escaso número de adherentes. Dominando en forma abrumadora el concierto societario: la colectividad chilena, numerosa, unida, fuerte. Ella está respaldada por el cónsul. Si un día los chilenos declararan un paro general, automáticamente dejarían de funcionar industrias y comercios. Ellos son la mano de obra menos calificada pero más numerosa e insustituible: peones de campo, domésticos, peones de patio, de aserraderos, construcciones, restaurantes, hoteles, almacenes”. Interpreta el cronista que la descripción del autor refiere a las primeras décadas del siglo XX.

Añade el texto: “estando el cónsul, los chilenos se sienten como en su casa; trabajan según sus vicios y costumbres. Todo es inalterable, como en su país. Una sola cosa extrañan: el vino. Los solteros: el vino y las mujeres”. Juicio suyo, claro… “Para tales días, la celebración popular en San Carlos no es el 25 de Mayo ni el 9 de Julio: que sólo festeja tímidamente algún argentino en su domicilio, actos que casi siempre están interrumpidos por la lluvia, o la nieve, o el frío. La auténtica celebración popular y bullanguera, alegre, luminosa, es la del 18 de septiembre”, cuestionaba Porcel de Peralta.

Según su parecer, “cualquier desprevenido forastero pensará, antes tales festejos, que tienen razón los trasandinos cuando dicen que esta tierra les pertenece. Literalmente, se echa la casa por la ventana. Los gallos (itálica en el original) más patriotas, los más animosos, hacen de su fiesta nacional una novena de libaciones. En el interín no alcanzan las dependencias policiales para albergar a los contraventores por ebriedad”.

Sin embargo, “los chilenos no son exigentes”, ironizaba el autor. “Duermen lo mismo la turca en el calabozo que al cierzo (un viento del norte), salvo que esté nevando. Para el caso que el cónsul presente una reclamación, hay que andar con cautela. La policía no debe cometer abusos -se entiende por tal a una pateadura- porque puede provocar una reclamación diplomática; y los milicos andan con tino mayúsculo. En el caso de que se les vaya la mano es preferible golpear a un argentino. ¡Los argentinos no tienen cónsul!”

Porcel de Peralta fue maestro. Vivió un tiempo en Bariloche, donde entre 1944 y 1946 según las fuentes, fundó el semanario “Polémica”. Su lema era una frase de José Ingenieros: “frente al quietismo de los rutinarios, la inquietud, es vida y esperanza”. Su tono crítico motivó la clausura por parte de las autoridades nacionales, cuando Río Negro todavía no era provincia. Escribió, por ejemplo, “los oligarcas de ayer son los funcionarios de hoy”.

El editor daba nombres: “a los Patrón Costas, Lagomarsino o Miranda, execrados como vende patria, se los ve ahora formando parte del Gobierno”. Durante el período en cuestión gobernaban en la Argentina los militares que habían perpetrado el golpe de Estado del 4 de junio de 1943. El mismo día, pero de 1946, Juan Perón asumía su primera presidencia. “Biografía del Nahuel Huapi” es la obra más conocida de Porcel de Peralta.

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