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02/04/2025

Kevin Johansen: reportaje desordenado con un artista inclasificable

Antes de llegar a Bariloche para brindar un show junto a Liniers, entrevista exclusiva a un músico “desgenerado”.
Un artista en movimiento... hacia el sur.
Un artista en movimiento... hacia el sur.

El cronista se siente tonto al preguntar “¿Kevin?”, cuando el interlocutor atiende el celular.

“Esa necesidad torpe de confirmar lo evidente”, piensa el periodista.

Porque la voz que acaba de disparar un “hola”, con la emisión de esa simple palabra, queda claro que es la de Kevin Johansen.

Grave.

A lo Leonard Cohen.

A lo Barry White.

Pero en versión criolla, aunque su nacimiento haya sido en Alaska.

Una de las tantas curiosidades de un artista al que resulta difícil/imposible encasillar.

Por lo pronto, hay que decir que la excusa para esta conversación es la presentación que efectuará con el dibujante Ricardo Liniers Siri en el gimnasio María Auxiliadora, Beschtedt 754, el sábado 5 de abril (las entradas anticipadas se consiguen en tuentrada.com y librería Literal, Elflein 115).

Liniers y Kevin, ¿dúo dinámico?

Hace década y media que los artistas confluyeron por primera vez en un espectáculo y, desde entonces, funcionan como una pareja de amantes a la distancia que cada tanto se reencuentran y reavivan el asunto para luego distanciarse y después volver a juntarse y así una y otra vez. Justamente, ya se puede disfrutar por Internet el trabajo Desde que te Madrid, grabado en vivo en el Teatro Albéniz de la capital española, registro que en mayo será editado en vinilo y cd en presentaciones con historietas de Liniers.

“La nuestra es una amistad de casi veinticinco años. Cuando volví a la Argentina, fui a un programa de Fernando Peña, que me hizo una nota. Enseguida, Liniers escribió un mail diciendo que le había gustado un tema mío llamado McGuevara’s o CheDonald’s”, cuenta Kevin.

El músico evoca que él ya sabía del historietista por la tira Bonjour, previa a Macanudo.

Y aquí vale la pena hacer un paréntesis ( )… Por un lado, la canción que el músico menciona es aquella que, entre otras cosas, dice: 

Todos se dejan la barba y el pelo como él

Pero no son como él

Todos declaran y hablan en nombre de él

Como si fueran él

Yo me pregunto qué estará pensando él

Si pudiera ver

Cómo se llenan de plata hablando de él

Sin saber nada de él

 

Todos se compran la remerita del Che

Sin saber quién fue

Su nombre y su cara no paran de vender…

 

Parece McGuevara’s o CheDonald’s

 

Curiosidad: menú que acompañó la presentación de Kevin en el casino barilochense hace diecisiete años.

Además, está eso de “cuando volví a la Argentina”, que también debe explicarse…

Pero, en este punto, conviene comenzar a desordenar un reportaje que se anuncia atípico.

Viaje atrás en el tiempo…

Escena de abril de 2003: el mismo periodista que en el presente charla por teléfono con Kevin estaba junto al cantante en un bar de Palermo, en la esquina de la casa donde el músico, por aquel entonces, vivía.

El artista brindaba sus coordenadas biográficas para que se comprendiera un poco de dónde venía: “Casi hasta los doce años viví en los Estados Unidos, más que nada en San Francisco, aunque nací en Alaska. De los doce a los veintipico viví en Buenos Aires, pero a los trece estuve en Montevideo. Después, de los veintipico a los treinta y pico, en Manhattan, Nueva York”.

Es decir, lo de “cuando volví a la Argentina” refiere a la etapa que siguió a la estadía en la Gran Manzana (la Big Apple), en la etapa final de sus treinta y pico.

En aquella charla palermitana también contó que su madre era argentina; el papá, estadounidense. Se conocieron en la tierra del Tío Sam. Ella, por medio de una beca, había ido a estudiar Filosofía y Letras a la Universidad de Denver, Colorado, de donde él era.

“El hecho más curioso fue que a mi viejo le tocó la colimba a mediados de los sesenta, con Vietnam. Como yankee, tenés la opción de decir que sos un objetor de conciencia, que tenés problemas éticos en cuanto al hecho de matar a un ser humano. Él apeló a esa alternativa. Y cuando eso pasa, el gobierno te manda, en una especie de castigo, a un lugar muy lejano, tipo la base Marambio, para hacer trámites de papeles para el país. Así que mi papá tuvo que permanecer tres años en Alaska; por eso nací ahí”, contaba el músico.

–¿Cómo te llevás con esa mezcla de culturas? –preguntaba el periodista.

–Está bueno. Es lo que me tocó, tampoco lo pensás mucho. Por ahí, a los demás les llama la atención, pero uno directamente lo vive.

Kevin en un bar de Buenos Aires, en 2003 (foto muy mala, tomada por el periodista que firma la nota).

De nuevo en el presente… Kevin señala que la colaboración con Liniers se dio de manera paulatina. Primero, por ejemplo, con aportes del dibujante en afiches para sus shows; luego, la portada del álbum Logo… “Y después, de a poco, se fue subiendo al escenario, para, por ejemplo, dibujar un mural. Hasta que llegamos al actual formato, donde tiene su mesa de dibujante a mi lado. Él está con sus pinceles; yo, con mis guitarras”, explica el músico, y bromea: “Nos complementamos muy bien. Ricardo hace algo que no se escucha; yo, algo que no se ve”.

Curiosamente, así como Kevin tras la experiencia estadounidense se inclinó por vivir en la Argentina, Liniers optó por residir en Vermont, Estados Unidos. “Por suerte, está lejos, caso contrario lo tendría que aguantar siempre acá, muy cerca”, ríe el cantante, divertido, y añade: “Hace como siete años que está allá. Él, que es del sur, se fue al norte; yo, que soy del norte, me vine al sur… Así somos”.

Juntos y revueltos.

–Nuestra primera charla fue en 2003, cuando, a partir de escucharse como parte de la banda sonora de la novela Resistiré, Down with my baby, que formaba parte del álbum Sur o no sur, comenzó a abrirte las puertas hacia un nuevo público… Y cuando Guacamole, que integraba tu anterior disco, The Nada, ya te había dado cierto nombre… ¿Cómo recordás aquella época?

–Más que artista de culto, yo era oculto; estaba escondido bajo una piedra. Y, de golpe, cuando Down with my baby empezó a sonar en Resistiré, entré de lleno al mainstream argento. Para un artista más bien alternativo, obviamente, se trató de un cimbronazo, pero que agradezco mucho. Fue algo muy aleccionador.

–¿Y Guacamole? Porque esa canción, antes de Down with my baby en Resistiré, ya te había hecho tener visibilización, no tanta como la que vino después, pero era una especie de hit particular. ¿Alguna vez comprendiste por qué ese tema generó lo que generó? Aún hoy sigue movilizando a mucha gente…

–Creo que Guacamole es como una anticanción. Tiene un espíritu rebelde, cuenta con un sinsentido que en aquel momento fue muy bienvenido. La gente, en ese caso, abrazó el hecho de que una composición hable más por la música que por la letra. En esa época había mucha bajada de línea, por lo que resultaba algo fresco. A la vez, era un acto de rebeldía como hecho creativo. Aún hoy siempre hay alguien que grita pidiendo: “¡Guacamole!”. Tiene su público.

–En alguna ocasión te definiste como un “desgenerado”, por la variedad de estilos que abordás. ¿Te sentís parte del rock nacional?

–La verdad es que no sé si soy rockero… Creo que soy cancionista. Me ubico en un lugar medio raro. Siempre digo, en broma, que quizá le pifié con el marketing y me tendría que haber puesto algo más acriollado, como el Chango Johansen (risas). A decir verdad, tengo una buena conexión con todos los colegas. Diría que me siento parte de la música argentina, más que del rock argentino. Y, más que nada, me parece que integro lo que es la música latinoamericana. Creo que ese es mi lugar.

–Antes de volver a la Argentina ya para quedarte, estuviste en Nueva York, donde solías actuar en el club CBGB. ¿Cómo recordás aquellos tiempos?

–Era la suerte de ser joven y bastante inconsciente… Caí en ese lugar mítico, sin saber mucho del sitio. Me lo había recomendado un baterista argentino. Me aprobaron un demo en cassette –era 1990 o 1991– y empecé a tocar. La primera vez que lo hice, apareció el dueño, Hilly Kristal, y me dijo: “Me gusta lo que hacés; acá podés hacer música y grabar”. Fue el momento justo a la edad justa; tenía veinticinco años. Sirvió para darme un envión para seguir componiendo y grabando.

–¿Cómo era Hilly Kristal?

–Un buen tipo, inquieto. Por un lado, bien dueño de boliche, pero, a la vez, compositor y músico. Las siglas CBGB significaban Country, Blues Grass and Blues. Su intención era que fuera un lugar de cantautores, pero aparecieron Los Ramones y se convirtió en un antro punk… El resto es historia. Pero Hilly gustaba mucho de los cancionistas. Quería generar apoyo para los songwriters.

–Y vos lo eras…

–Sí, totalmente.

2008: actuación de Kevin en Bariloche (foto de Noelia López).

Nuevo flashback, otra vez a 2003, pero esta vez a agosto. Pregunta del mismo periodista y respuesta de Kevin, vía correo electrónico:

–¿La alegría es solo brasilera? 

–No, por suerte.

Una conversación con Kevin (foto de Noelia López).

Días después de aquel intercambio internético, en una charla telefónica:

–¿Qué importancia le das al humor dentro de tus canciones?

–La misma que le doy en mi vida. El humor es una cuota de salud, algo que te permite reírte de vos mismo, de los demás y con los demás. Bajo el velo del humor se pueden decir muchas cosas. Hay que saber aplicarlo y siempre es saludable. El que no toma al humor en serio es quien en realidad peca de superficialidad.

Periodista y artista (foto de Noelia López).

Retorno al presente:

–A partir del uso del spanglish o de los neologismos, con la introducción de lo lúdico en las canciones –lo que no necesariamente significa que se trate de algo gracioso–, pareciera que buscás conseguir en la música algo similar a lo que Julio Cortázar hacía con la literatura, quitarle cierta pátina de seriedad…

–La comparación con Cortázar es hermosa, pero... –sonríe, sin finalizar la frase, dando a entender que es un exceso, y continúa: –Tomo la cuestión como algo natural, y creo que el hecho creativo debe tener esa libertad; conozco colegas que tienen un poco de temor al uso de la ironía o el humor en la música. No me agrada la solemnidad, para nada. Y, a la vez, me gustan la profundidad y la crítica. Creo mucho en el teatro griego, con la sonrisa y el llanto como parte de nuestra vida. En el útero de nuestras madres lloramos y reímos. 

–¿Qué es la ironía para vos?

–Un burka bajo el cual podés decir las verdades más tremendas. Joaquín Sabina puede ser muy irónico y, a la vez, expresar algo súper profundo. También los grandes humoristas son muy analíticos y críticos de la realidad que nos rodea. Y la música tiene de todo: la séptima mayor es graciosa, mientras que la séptima menor puede ser más bien bajoneante.

Entrada de un show que Kevin brindó en Bariloche en 2011.

De vuelta arriba de un DeLorean, un viaje imaginario a agosto de 2003, cuando Johansen contaba: “Vengo de una familia muy demócrata, pacifista. Mi vieja era socialista, feminista, todos los istas… Tuve una crianza de izquierda”.

Ahora, back to the future, volver al futuro en un retorno al presente:

–Venís de una familia de izquierda, ¿cómo observás la actualidad argentina?

–Son momentos de la vida política. Es parte del juego democrático. En ocasiones toca un gobierno que no te gusta tanto y hay que hacer fuerza para que, democráticamente, venga otra cosa que sea más acorde con lo que uno piensa. Pero los políticos muchas veces se queman solos, porque dicen cosas que avergüenzan, y quienes los apoyaron se dan cuenta de que eso no está bien. En ocasiones, entonces, ellos mismos se disparan en el pie.

–¿El pez por la boca muere?

–Algo así.

–¿Alguna vez volviste a Alaska?

–No, y tengo la cábala de no hacerlo hasta que tenga noventa y cinco años… si llego –ríe, y completa: –Es por las dudas de que se cierre el círculo o algo así. Además, con el lugar, no me une ninguna atadura sanguínea. Pero, a la vez, me gustaría ir porque dicen que es hermoso. En caso de viajar, tendría que ser en el verano de allá. Así que, en algún momento, podría hacer el viaje y un documental o algo así.

–Aprovechando que estás por venir a la Patagonia, aquello de Sur o no sur, la duda de veinte años atrás (“Me voy porque acá no se puede, me vuelvo porque allá tampoco/ Me voy porque aquí se me debe, me vuelvo porque allá están locos/ Sur o no sur…”), ¿ya tiene respuesta?

–Sí, era sur –sonríe.

La risa como estandarte (foto de Noelia López).

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