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CON LA PRESENCIA DE SU HIJO ESTEBAN Y OTROS DISERTANTES

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01/04/2025

Días después del gesto talibán, el legado de Osvaldo Bayer revivió en Bariloche

La Cátedra informal que lleva su nombre se desplegó durante cuatro jornadas en Villa La Angostura, esta ciudad e Ingeniero Jacobacci. El atropello a su memoria no hizo más que multiplicar la convocatoria.
Esteban Bayer en la tarde barilochense del sábado. Foto gentileza.
Esteban Bayer en la tarde barilochense del sábado. Foto gentileza.

En la lejanísima Tucumán, Max Vadalá recreó plásticamente la foto en la que Osvaldo Bayer ensaya un corte de mangas y añadió la inscripción: “A lo único que temo es a quedarme mudo ante la injusticia”. Al día siguiente de la destrucción del monumento en cercanías de Río Gallegos (Santa Cruz) la compartió en redes sociales. A dos mil kilómetros de la capital tucumana, Claudio Vargas llevó la obra del ilustrador punk a un local donde imprimen remeras que hizo rápido su trabajo. La usó por primera y última vez en la tarde del sábado, cuando se desarrolló en Bariloche el Segundo Paso de la Cátedra que lleva el nombre del venerable escritor y periodista. Al conocer a Esteban e intercambiar unas palabras, se la sacó y obsequió. A su turno, el también periodista la vistió para no cambiarse en el resto de la jornada y lucirla. Así de espontáneas, así de generosas las reacciones que generó el gesto talibán del Gobierno nacional.

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No obstante, la concreción de las cuatro jornadas que se desplegaron en Villa La Angostura, esta ciudad e Ingeniero Jacobacci, estaba prevista hacía unos meses. Obviamente, la destrucción que se instrumentó a través de Vialidad Nacional no hizo más que potenciar la convocatoria. Se llenó la sala principal de la Biblioteca Popular Osvaldo Bayer en la localidad neuquina y también quedó bastante chica la sede de la Organización Ecologista Piuke en el barrio El Frutillar. Sobre todo, en la segunda de las citas, fue notable la concurrencia de gente joven.

Esteban Bayer reside habitualmente en Hamburgo (Alemania), pero ya estaba en la Argentina cuando tuvo lugar el estropicio. Durante la charla que compartió admitió que su visita al noroeste patagónico estuvo en riesgo, porque en Buenos Aires tenía múltiples invitaciones para participar de actos de desagravio. Ante la disyuntiva, se preguntó íntimamente cómo procedería su padre frente a una duda similar y la opción fue clara: se inclinó por “las bases populares” y por la Patagonia.


Quedó chico el local de El Frutillar. Foto gentileza.

Su intervención fue descontracturada y cómplice. Admitió que de la época no recuerda nada porque apenas si era poco más que un bebé, pero confió que fue la experiencia en Esquel la que torció la vida de Osvaldo Bayer. Como se sabe, el entonces joven periodista recibió una oferta laboral para trasladarse a la vecina localidad chubutense y con su vocación de denuncia, se quedó prontamente en la calle. Lejos de desanimarse, fundó una publicación que ya se convirtió en legendaria: “La Chispa”.

Expulsado de Esquel

La década de 1950 llegaba a su fin y al poner en evidencia los abusos del poder, la corrupción y los mecanismos de despojo de los que se valían los sectores pudientes, Bayer tuvo que irse ante una apretada ilegal que practicó Gendarmería Nacional. Como el caso había trascendido a escala nacional, el futuro autor de “Los vengadores de la Patagonia Trágica” comenzó a trabajar para medios capitalinos y pasó a integrar la conducción del gremio de prensa.

Fue a comienzos de los 60 que conoció por vez primera el calabozo. Esteban contó cómo su madre (Marlies), un buen día les dijo a los cuatros hijos que se vistieran bien porque irían a visitar a su padre. Por entonces residían en el norte del conurbano bonaerense y no contaban con vehículo propio para desplazarse hasta la prisión. La mujer hizo dedo y cuando el conductor preguntó adónde la llevaba, indicó su destino sin sutileza alguna: “a la cárcel”. Es de imaginarse la sorpresa del bondadoso automovilista. Los tres niños y la niña vieron a su papá detrás de las rejas, “barbudo y hacinado”, confió Esteban. Recuerdo imborrable.

Después de traer a colación cuáles fueron los orígenes de la monumental investigación sobre los fusilamientos en Santa Cruz, es decir, una serie de artículos en la revista “Todo es historia” que dirigía Félix Luna, Bayer contó que creció casi sin ver a su padre: “Trabajaba en dos diarios y llegaba a casa a los 2 o 3 de la mañana, después del cierre, y nosotros estábamos durmiendo. Cuando nos despertábamos para ir a la escuela, él dormía porque entraba a trabajar a las 2 o 3 de la tarde. Por entonces, escribía notas de Cultura, así que nos veíamos nada más que los domingos”.

Las cosas se complicaron todavía más cuando se apasionó por relevar la verdad de los sucesos santacruceños. “Cuando tenía vacaciones, se iba a la Patagonia. En esa época la Ruta 3 era de ripio, así que imagínense”, confió Bayer hijo. De más está decir que ni mails, ni WhatsApp ni nada de las ventajas tecnológicas del presente. Así y todo, se fueron sucediendo paulatinamente los tomos que sacaron a la luz unas de las masacres más horrendas de la historia argentina del siglo XX, en la que perdieron la vida alrededor de 1.500 peones rurales.


Luis Mancilla Pérez llegó desde Chiloé. Foto gentileza.

Antes de que Esteban compartiera su combo de anécdotas entrañables y sucesos dramáticos, tuvo su espacio Luis Mancilla Pérez, quien llegó desde Castro (Chiloé) para poner de relieve la decisiva participación de los trabajadores chilotes en los acontecimientos. El escritor es autor de un libro memorable: “Los chilotes de la Patagonia Rebelde”, que está desafortunadamente agotado. No obstante, aclaró que todas las instancias que compartió en las tardes de Villa La Angostura y Bariloche durante viernes y sábado surgieron de investigaciones posteriores a su publicación, porque las líneas no hacen más que abrirse y los hallazgos multiplicarse.

Gente del sur

Con profuso aporte de documentación, Mancilla Pérez estableció que una proporción mayoritaria de los huelguistas eran originarios de Chiloé, entre ellos, un porcentaje considerables de huilliches (gente del sur en mapuzungun). Lejos de ser inexpertos e ignorantes respecto de sus derechos, venían de participar en la poderosa Federación Obrera de Magallanes (FOM), de impulso decisivo en la conformación de la Sociedad Obrera de Río Gallegos y otras organizaciones sindicales.

El investigador de Castro también compartió que, en estos momentos de su trabajo, procura correr el velo sobre las mujeres también chilotas que, de una manera u otra, estuvieron presentes en aquellos años aciagos y cuyo silenciamiento todavía es exitoso. Será cuestión de tiempo, porque como decía el propio Osvaldo Bayer: “Siempre me gusta repetir una frase que he comprobado que se hace realidad a través del tiempo. A veces tarda años, siglos, pero finalmente la ética en la Historia da su última palabra, es el juicio final que queda para siempre”. Y contra esos juicios finales, no hay talibanes que valgan.

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