Publicidad
 
16/03/2025

Jornadas de sol a sol y salario de 2 pesos para chilotes

Las condiciones laborales en Bariloche 100 años atrás.
Emilio Frey y peones camineros en 1936, cuando se construía el camino al cerro Otto. Foto: Bruno Salomón.
Emilio Frey y peones camineros en 1936, cuando se construía el camino al cerro Otto. Foto: Bruno Salomón.

En las primeras tres décadas del siglo XX, la presencia de inmigrantes chilenos fue sustantiva en el mercado de trabajo. Pero difícil concretaran su anhelo de escapar a la pobreza.

Más al sur se emplearon en las grandes estancias que en su mayoría estaban bajo control de capitales británicos. En el área del Nahuel Huapi, los trabajadores chilotes que cruzaron la cordillera para escapar a la miseria en su lugar de origen fueron carpinteros, constructores, leñadores y también cuidaron de rebaños. Las condiciones de explotación que sufrieron no fueron muy diferentes a las que padecieron los protagonistas de las grandes huelgas de 1920-21, aquellas que quedaron en la historia como Patagonia Rebelde.

Según la historiadora Laura Méndez, “es innegable que hubo -al menos en los primeros treinta años del siglo XX- mano de obra chilena abundante, barata e indispensable para el desarrollo de tareas agrícolas y ganaderas, de la industria maderera y de la construcción de viviendas, puentes y caminos, organizándose un mercado de trabajo regional a ambos lados de la cordillera”.

No obstante, “a pesar de las esperanzas del inmigrante chileno, las condiciones laborales en la región del Nahuel Huapi, según las informaciones que hemos tenido acceso, no eran demasiado diferentes a las de Chile”, estableció la investigadora en “Estado, frontera y turismo” (Prometeo-2010), el libro que se basó en su tesis doctoral. En ese mercado impiadoso estuvo involucrado uno de los próceres locales.

“El empresario chileno Juan Mercer, por ejemplo, ofreció en varias oportunidades trabajadores para la construcción de caminos a Emilio Frey, director del emprendimiento”. El primero le dijo a su interlocutor en 1917: “También durante diciembre puede mandarle hasta 20 peones chilotes, todos buenos y hombres serios. Yo les pago el pasaje de venida y usted el de vuelta, siempre que cumplan ellos […] La mitad ha venido por cuenta de ellos, de manera que no tendrá que pagar el pasaje de vuelta si no quiere”.

Las averiguaciones de Méndez establecieron que “cada peón que se incorporaba a trabajar a la Comisión de Caminos debía firmar -o, en la mayoría de los casos por ser analfabetos, poner su huella digital- la aceptación de las condiciones de trabajo a las que se comprometían”. Estas era bastante más que rigurosas e incluían “hacer toda clase de trabajos relacionados con la obra a realizarse y también a observar buena conducta y obediencia”.

Chilotes en cerro Castillo (Santa Cruz), alrededor de 1910.

Esta suerte de contrato especificaba que “el señor Frey tiene la facultad de despedir en todo momento a aquellos peones que no cumplan con sus obligaciones y de descontarles en tal caso el diez por ciento del total de haberes que tengan ganados, cuyo importe será para beneficio de los peones buenos. A los peones contratados en Chile que no cumpliesen sus obligaciones se les descontará además el pasaje de venida. Los peones tendrán comida gratis y percibirán el sueldo de dos pesos moneda nacional por día de trabajo que es de sol a sol”. Por acá, nada de 8 horas.

Mejor posición

Como generalmente se sabe, “mucho mejor posicionamiento en la trama de las relaciones sociales les cupo a los numerosos colonos alemanes y suizos que llegaron principalmente desde Chile. Estos colonos en su mayoría […] habían llegado a Chile a mediados del siglo XIX debido a una importante política chilena para fomentar la colonización extranjera al sur del Biobío”, recuerda el análisis de la historiadora.

Al igual que de este lado de la cordillera, “el gobierno y los sectores intelectuales de Chile vieron con beneplácito la llegada de contingentes extranjeros a la región, que contrarrestarían la presencia del indígena, al que identificaban como un bruto indomable, enemigo de la civilización, porque sólo adora los vicios en que vive sumergido, la ociosidad, la embriaguez, la mentira, la tradición y todo ese conjunto de abominaciones que constituye la vida salvaje”. La cursiva remite a la cita de una fuente de la época.

“En este clima de ideas, el Estado chileno propició la colonización alemana, aunque ésta no estuvo exenta de problemas. Uno de ellos, el conflicto de tierras, se explicaba por la presencia de una considerable cantidad de población indígena, aunque el gobierno chileno negaba su existencia y aseguraba que -a mediados del siglo XIX- la región estaba prácticamente despoblada”, apreciación obviamente falsa o al menos, errónea.

Por entonces, “las comunidades indígenas -que se mantuvieron al margen del mercado de trabajo que iba estableciendo el proceso de colonización- se concentraban en la zona cordillerana de la provincia de Valdivia, alrededor de los lagos precordilleranos y en el sector costero de la provincia de Osorno y, según el censo de 1845, su población alcanzaba a unos 24 mil individuos”. Probablemente fuera mayor 70 años más tarde.

Para Méndez, “estos datos resultan relevantes en cuanto permiten comprender el interés de los colonos alemanes por terrenos del lado argentino -por lo general vacíos, con un clima propicio para sus cultivos y de relativamente fácil acceso- y explica a la vez la llegada de chilenos de bajos recursos e indígenas del otro lado de la cordillera”. Un proceso de doble vía que signó los orígenes de Bariloche.

La prensa trasandina no permaneció ajena al despojo. El Mercurio opinó entonces: “Está muy bien que vengan más y más colonos, pero el supremo gobierno debe tener presente que mientras hace venir extranjeros que cuestan un platal a la nación para poblar los terrenos de la Araucanía, más de mil honrados y buenos chilenos a quienes se ha impedido importantes trabajos en los terrenos destinados a los colonos se destinan a emigrar a la República Argentina en busca de un pedazo de terreno”. En el mejor de los casos… En el peor, trabajar de sol a sol por apenas dos pesos.

Lee también: Bariloche ya se asoma en el tráiler de “Atrapados”

¿Que opinión tenés sobre esta nota?