Publicidad
 
16/03/2025

Pescados, verduras y carnes con atmósfera de mercado en el centro de Bariloche

Pueblos de modistas y tejedoras donde siempre hacía frío.
El Mercado Municipal se abrió en 1942.
El Mercado Municipal se abrió en 1942.

Hubo un tiempo en que “bajar el pueblo” implicaba invertir un tiempo en Moreno y Villegas, pero no para interesarse en artesanías o frecuentar una muestra artística, sino para proveerse de alimentos.

Hubo un tiempo en que el vecindario de Bariloche no compraba sus provisiones para la semana en supermercados cuyas sedes centrales están en otras ciudades o inclusive fuera del país. “Bajar al pueblo” implicaba detenerse por un rato largo en la intersección de las calles Moreno y Villegas, pero no para contemplar una muestra artística o hacerse de artesanías, sino de carnes, pescados y verduras, muy probablemente, de orígenes más confiables que en la actualidad.

Como venimos repasando en las últimas semanas, estampas del pasado urbano y social de la ciudad pueden actualizarse en las páginas de “Mandato paterno” (EDUCO-2011), el libro que nos dejó el antropólogo, periodista y fotógrafo Hans Schulz, quien vino al mundo en Bariloche en 1955 y falleció en 2019. Su trabajo tiene como temática central la relación de sus mayores con el nacionalsocialismo, pero en sus párrafos iniciales, hay invalorables descripciones del pueblo que ya esfumó o todavía persiste de maneras inadvertidas para las grandes mayorías.

Unos 60 años atrás, Bariloche parecía transmitir una sensación de orden. “A los ojos de un chico, en la infancia y en un pueblo de solo diez mil habitantes, todo parecía tener un lugar, como en una constelación de estrellas (sic)”, evocaba Hans. “Estaba el zapatero, la modista, el peluquero, el almacenero y hasta un limpiador de chimeneas alemán con el inquietante nombre de Frankesteiner. Todos en aquel mundo parecían estar donde tenían que estar”, insistía.

Para nuestro colega, el ejercicio de “recordarlo es como hojear las pinceladas ingenuas de los libros de Graciela Pino: Boleto a 1965 y El Picadero, con sus fotos de familias posando frente a sus casas, los chicos subidos al capó de un camión a ‘la barra de carozo’ caminando por la calle Mitre”, describió. “En contraste con los tiempos actuales, puedo recordar todavía la textura de la ropa hecho a mano por alguna modista del pueblo: los pulóveres que usábamos en el colegio, las medias, los guantes, los gorros de lana y la sensación de que siempre hacía frío”. Aunque el libro salió de imprenta en 2011, Hans terminó de escribirlo dos años antes, de manera que sus “tiempos actuales” eran 2009.

Todo en blanco y negro

Tal vez por efecto de la tecnología entonces disponible, “si pienso en esos primeros años de mi vida, veo todo en blanco y negro, como las fotos de las vestimentas, las casas, los negocios, el viejo aeropuerto y sus aviones. De aquella ciudad quedó muy poco y a la luz de aquellos documentos todo parece haber sucedido hace mucho tiempo. Mi amiga Mónica (Girón), mudada como muchos a Europa y luego a Buenos Aires, me decía que le fascinaba volver y ver cómo su casa paterna mutaba con el tiempo”.

Aunque nació en Bariloche en 1959 -cuatro años después que Schulz-, Mónica se alejó tempranamente del pueblo para iniciar su carrera artística. Después de estudiar en Buenos Aires continuó con su formación en Suiza y si bien periódicamente retorna, reside en la capital de la Argentina desde 1985. “Ahora, de la casa original en la que transcurrió su infancia y temprana juventud, ya casi no queda nada, es todo ventanal, un despliegue abarrotado de electrodomésticos de los más variados tipos. Mónica, claro está, es una artista contemporánea, hace extrañas instalaciones y podemos decir que ve las cosas de otro modo”, disculpó su amigo.

En cambio, “a los antiguos habitantes de la aldea, los que remontan sus ancestros a la era de los pioneros, no les gusta el cambio y miran con secreto terror lo que a Mónica la resulta fascinante”. La descripción que sigue se hizo entonces 16 años atrás… Qué habría que decir hoy, entonces. “Ya nadie se acuerda de la gran tienda Casa Valles, uno de los lugares memorables de mi niñez. Allí comprábamos desde zapatos hasta los uniformes del colegio. Puedo, todavía hoy, recorrer las instalaciones en mi mente y recordar con claridad los nombres y los rostros de todos los vendedores”. Desafortunadamente, no los consignó en su texto.

Sí mencionó que “en un primer piso del mismo edificio, funcionaba también el Instituto Hudson de la profesora Ruth Spagat, en donde aprendíamos inglés”. No obstante, “si hoy queremos recordar los nombres y las vidrieras de todos los negocios que a lo largo de los últimos años fueron reemplazando a esa tienda, sería imposible. En los últimos tiempos hasta desapareció el antiguo revestimiento de madera que le daba a todo el edificio un cierto carácter alpino. Fue reemplazado por otro más moderno, un simulacro del antiguo”.

Aku Aku

Es más, “frente al edificio, en la calle Mitre, estaba el antiguo Hotel Italia, con su vieja confitería Tronador. Tomar un café en el bar del hotel, de clara ambientación norteamericana, era como ingresar al decorado de una película de los 50”, evoca el texto. “En el subsuelo del Hotel, funcionó en mi juventud la discoteca Aku Aku, adonde podíamos ir a bailar por las tardes los fines de semana. Esto, en la actualidad es inconcebible, porque hoy, a esa hora, los jóvenes están durmiendo, preparándose para ir a bailar después de la medianoche”, ironizaba Hans.

Entrada para "Aku Aku". Fuente: "Historias de Bariloche y la Patagonia" en Facebook.

Más cerca en el tiempo y más fresco en las memorias está otro nombre emblemático. “Luego y algo más lejos, se inauguró Grisú, una discoteca con estética de mina de carbón a orillas del lago, que todavía existe”. Insistimos, en 2009. Por el contrario, “también desapareció el viejo mercado y sus pintorescos habitantes, de cuyo interior, con sus pescaderías, carnicerías y verdulerías, podría trazar hoy una detallada descripción. Ese espacio lo ocupa hoy una plaza, una feria y un centro de exposiciones”, es decir, el SCUM. Hoy, para encontrar sitios de atmósfera similar al que aquel mercado, hay que desplazarse hasta Puerto Montt o Valdivia. Una lástima.

El espacio donde estaba el Mercado, después de su demolición. Fuente: "Historias de Bariloche y la Patagonia" en Facebook.

¿Que opinión tenés sobre esta nota?