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OBRAS DE GRANDES DIMENSIONES EN CASA BACHMANN

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13/01/2025

Ferrarini, Otamendi, Fiala y Cavallaro exponen a “Cuatro manos”

Valeria Fiala, Cristina Otamendi, Juan Ferrarini y Fernanda Cavallaro están a "Cuatro manos". Foto: Eugenia Neme.
Valeria Fiala, Cristina Otamendi, Juan Ferrarini y Fernanda Cavallaro están a "Cuatro manos". Foto: Eugenia Neme.

Con curaduría de Aurelio García y Natalia Lukacs, pinturas, dibujos y ensamblajes guardan al público en Elflein 34 hasta el próximo 29 de enero.

No todos los protagonistas de “Cuatro manos” estaban al tanto de la producción artística de sus compañeros antes de la convocatoria, pero quedaron contentísimas y contentísimos con la manera en que los curadores relacionaron las respectivas propuestas. Así se titula la muestra conjunta que se instaló en Casa Bachmann el último viernes y se podrá visitar hasta el próximo 29 de enero. Gran manera de arrancar el año plástico.

En el amigable espacio de Elflein 34 colgaron sus obras Juan Ferrarini, Fernanda Cavallaro, Cristina Otamendi y Valeria Fiala. El primero compartió con El Cordillerano el origen de la conjunción: “Nos convocaron a cuatro artistas con el gran formato como común denominador. Hay distintas técnicas, de un lado de la sala dibujo, carbonilla y más desde la línea; y del otro, más pintura: acrílico, collage y óleo”, introdujo.

Los autores de la convocatoria fueron Aurelio García y Natalia Lukacs, quienes se encargaron de la curaduría. “En mi caso, estoy mostrando trabajos en carbonilla y tiza sobre papel. Son parte de una serie en la que trabajé cuestiones de herencia: culturales, artísticas y de familia. Son retratos y escenas de la época de la inmigración, cuando parte de mi familia vino de Europa para acá”, profundizó el artista.

Juan y sus historias de inmigración. Foto: Eugenia Neme.

Para dar vida a la serie “arranqué con relatos familiares. A medida que fui buscando raíces, fechas y lugares, hubo gente que me fue aportando historias y después sí, para representar, me valí de fotos, pero también hay cosas que me fui imaginando, por ejemplo, un retrato del personaje de un libro que imaginé, aunque con fotos e imágenes de esa época, de la moda y lo que se usaba”, confió Ferrarini.

Por su parte, Cristina Otamendi muestra “una serie de cuadros de gran formato porque esa fue la convocatoria. Son ensamblajes de cosas que cuentan una historia”, señaló. “Cada cuadro tiene una historia en sí misma. Son series que hice hace algún tiempo, quizás el último es uno que se llama Bodas de sangre, donde hay como una novia que vuela, porque ahora estoy dedicada más a la acuarela y los croquis, que son más manejables para mí”, se excusó la plastica.

Contar algo

Es que “estos cuadros son de mucho volumen y peso. Están hechos con chapas que voy encontrando en mis caminatas”, explicó. “Cuando vivía en Neuquén, caminaba por la barda, iba viendo y jugaba con ellas hasta encontrarles un sentido y resignificarlas en otra cosa. Respetaba sus colores y óxidos, pero esos muñecos articulados viven dentro de eso y cuentan algo”, señaló la artista.

Los ensamblajes de Cristina. Foto: Eugenia Neme.

Por el lado de Fernanda Cavallaro: “Estoy mostrando pinturas. Esta vez usé una paleta bastante sutil y suave. La línea aparece más que en otros momentos, cuando quizás había más color y otras cosas”, comparó. “Siempre desde lo emocional y lo que uno siente, netamente inspirados en la naturaleza, el leitmotiv de siempre”. Hace unos años, la plástica salió de Bariloche para asentarse en Meliquina, pero todavía el nuevo entorno no es definitorio en su obra.

“Todavía estoy en transición”, justificó. “No apareció una imagen muy propia. Quizás a estos sí los podría identificar con Meliquina, porque es lo que veo todos los días”. Se refería a las obras que están en la sala a la izquierda del ingreso. En la pequeña localidad neuquina, “estoy rodeada de montañas y por ahí, cuando están con la neblina abajo, se ven semejantes moles de las que salen formas sutiles y se van al cielo. Me parece impresionante, entonces las imaginé soñando. Me encanta cómo una forma tan pesada se puede utilizar en la neblina, me parece mágico”, definió.

Fernanda y las montañas que se hacen niebla. Foto: Eugenia Neme.

Valeria Fiala demostró “un honor estar exponiendo con ellos. Fernanda fue parte inspiradora de mi proceso creativo cuando llegué a Bariloche y la conocí. El vínculo con la naturaleza nos convoca a las dos”, resaltó. “Para esta muestra traje algo que ya tenía hecho, más una pieza especial que los une. Flora es una oveja, que tiene cabeza de oveja, pero en su cuerpo, hay vegetación, flores autóctonas”, describió la expositora.

Valeria y un beso para Flora. Foto: Eugenia Neme.

Persiste con la carbonilla, “pero me está gustando mucho dibujar sobre madera. Así que aprovecho su veta para que se transparente un poco e intervenga en la trama de los dibujos. No es que intente hacer un hiperrealismo”, aclaró. “Para mí, el concepto es que perfecto lo es cuando es imperfecto. Que las texturas o las miradas de los animales que dibujo sean lo que seduzca al público”, anheló.

Rompecabezas

Participar de “Cuatro manos” incluye para el conjunto un ingrediente de novedad. “Si bien yo conocí a las obras de las chicas y me gusta cómo trabaja cada una en lo suyo, cada uno vino con una propuesta y los curadores, Aurelio y Natalia, armaron este rompecabezas”, explicó Ferrarini. “No sabíamos qué iba a traer cada uno”. Valeria admitió que “no lo conocía a Juan como dibujante, sus carbonillas y tizas. Me encantó, porque ahora veo la conexión que vieron ellos (los curadores) para invitarnos”.

“Me pasó lo mismo con Cristina”, sumó Juan. “La conozco de croquiseros y por sus trabajos en acuarela, pero no esta veta de collages y ensamblajes”, señaló. “Me parece que quedó bueno como se armó y como dialogan las obras. Como decía Vale, las temáticas son distintas, pero, en nuestro caso, se unen a través de la técnica. Y del otro lado (de la Casa Bachmann) está la pintura”, describió.

En cuanto a Fernanda, es todo sonrisas. “Estoy recontenta porque tenía ganas de que hiciéramos algo juntos. Siempre le digo a Juan y hasta ahora, no se había dado. La verdad, nos convocaron sin que nos eligiéramos, pero estuvo buenísimo. Estoy recontenta, porque además ahora estoy lejos y acá siempre me dan la oportunidad de volver. No sentimos que haya ningún problema, está buena la interacción”, insistió.

“Yo no conocía la obra de nadie y me encanta cómo queda”, sumó Cristina en relación con la muestra. Sus compañeras y el compañero de sala “son grandes artistas, es un placer y me nutre de muchas cosas, cada uno con su estilo. Eso es lo lindo del arte: que cada uno expresa a su manera”, reflexionó. Será atractivo merodear por la sala el resto de enero: “Nos turnamos para cuidar la sala, así que la gente que venga siempre va a encontrar a alguno de nosotros para conversar, porque nos estamos poniendo al día de los procesos creativos de cada uno para informar o responder las preguntas que nos hagan”, indicó Valeria. “Cuatro manos” para el verano artístico de Bariloche.

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