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ERA GEÓLOGO Y DEJÓ UN TEXTO QUE CASI NADIE LEYÓ

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12/01/2025

El ruso desconocido que viajó hasta Nahuel Huapi en la década de 1890

El Limay a la altura del Traful, 50 años después del viaje del ruso. Archivo General de la Nación.
El Limay a la altura del Traful, 50 años después del viaje del ruso. Archivo General de la Nación.

Era catedrático en una universidad que funcionaba en Ucrania en tiempos del imperio zarista. Publicó sus observaciones en una revista alemana en 1893. Hay una versión en castellano en archivos chilenos.

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No fue posible encontrar mayores datos sobre su persona, salvo que era catedrático de la Universidad Real de Lemberg. Así se conoce en alemán a una ciudad ucraniana cuya denominación actual en castellano es Leópolis. Por entonces, imperio zarista. Es que el doctor José v. Siemiradzki anduvo por el Nahuel Huapi a fines del siglo XIX y escribió un artículo en el que recogió sus observaciones en 1893. Su presencia por aquí es prácticamente desconocida y la traducción de su artículo se debe a una iniciativa trasandina. , ya que una copia digitalizada puede encontrarse en los Anales de la Universidad de Chile. El texto se publicó originalmente en una revista alemana.

El ruso justificó su viaje a la Argentina y al país vecino en una serie de prejuicios. “La atención del mundo geográfico se dirige desde hace ya algunos decenios principalmente al continente negro, al paso que la América del Sur ha sido relativamente poco visitada por los sabios europeos. A mi modo de ver, la razón principal está en que se da un valor científico demasiado grande a las fuentes oficiales de los gobiernos sudamericanos y que por esto pasan por regiones bien exploradas y delineadas, regiones que son aún menos conocidas que el interior del África. ”.

Evidentemente, v. Siemiradzki no estaba al tanto de los viajes del suizo George Claraz (1865-1866) ni del inglés George Musters (1869-1870), aunque es verdad que ninguno de sus predecesores se asomó al lago Nahuel Huapi. Sin embargo, su aseveración precedente hacía referencia a todo el territorio que la Argentina había anexionado a partir de 1879, con la serie de expediciones militares que se conocen como Campaña al Desierto.

Es más, juzgó el catedrático que “fuera de la descripción del viaje de Darwin, que contiene muchas observaciones exactas sobre la Patagonia, solo existen para esta región las fuentes principales siguientes: Informe oficial de la comisión científica agregada al Estado Mayor del general Roca, parte III (Geología), 1882, por el profesor doctor Doering; dos cartas geográficas en la escala de I:I000000 de Neuquén y de la Pampa Central (1886 y 1889) levantadas por el teniente coronel del Estado Mayor don Jorge Rohde, que, a pesar de título, no poseía los conocimientos necesarios para esta tarea; y un gran mapa de la Pampa Central, publicado el año 1887 por Ducloud”.

Para el área donde hoy se levanta Bariloche hay que decir que es verdad que las apreciaciones del militar fueron un tanto erróneas. Rohde integró las expediciones al Nahuel Huapi que lideró el general Villegas en 1881 y en 1882-1883. En su transcurso, recibió la orden de buscar el Seno del Reloncaví, es decir, la entrada marina a cuyas orillas se levanta Puerto Montt (Chile). El desconocimiento de la zona era tal, que el teniente coronel confundió el actual lago Gutiérrez con su objetivo. Sin embargo, algunas de las apreciaciones de v. Siemiradzki también carecieron de precisión.

Igual a las Montañas Rocosas

Después de transitar por otras zonas de la actual jurisdicción neuquina, el viajero eslavo dio con paisajes que nos resultarán familiares. “El río Traful y el río de las Manzanas corren entre murallas de andesita que tienen varios cientos de metros de altura y que ofrecen al geólogo las formas más preciosas de segregaciones en forma de columnas. En la embocadura misma como también a la distancia de una legua, subiendo el Limay, se observa una variedad solo comparable a la de los Rocky Mountains (sic) de peñascos de toba volcánica, que tiene el aspecto de columnas y de antiguas ruinas”. Evidentemente, el Valle Encantado.

El Valle Encantado que sorprendió al geólogo viajero. Archivo General de la Nación.

También observó el geólogo que “los cerros, en la parte superior del Limay con excepción de algunos cipreses, son desnudos y desiertos, solo habitados de guanacos y avestruces”. Al parecer, todavía no era sustantiva la presencia de ganado vacuno u ovino. “En el profundo valle, el río Limay, aun bastante considerable, describe muchas sinuosidades, cuyas claras aguas poseen un colorido verde esmeralda”, describió v. Siemiradzki.

El ruso se consideró en la obligación de polemizar con el militar argentino. “El lago de Nahuelhuapi (sic) tiene una forma completamente distinta de la que le asigna Rohde en su mapa. No he tenido ocasión de visitar la parte sur, a causa de las continuas lluvias. Pero, por otra parte, puedo asegurar: primero, que el lago es mucho más pequeño de lo que se creía antes; segundo, que su mayor anchura en el centro no pasa de 3 leguas geográficas, mientras que el brazo oriental solo tiene 10 kilómetros de ancho; tercero, que el lago tiene únicamente tres brazos, de los cuales el meridional, que es estrecho, se extiende hasta los campos de nieve del Tronador, en un cajón de peñascos inaccesibles”.

En este punto, los editores chilenos de la publicación (“Memorias científicas y literarias”) incluyeron una nota al pie en la que desmienten al geólogo, porque “entre el campo de nieve más avanzado del Tronador y la extremidad del brazo más próximo del Nahuelhuapi (sic), hay una distancia de poco menos de 20 kilómetros, ocupada por todo el largo del valle del río Frío”. Sigue el ruso: “La isla más grande del lago, de la cual toma su nombre (Nahuel-Huapi, isla de tigre), solo tiene 2 leguas geográficas de largo y es cubierta de matas tupidas de tacuara (sic). La distancia en línea recta desde la punta oriental del lago hasta la ribera opuesta a la punta sur de la grande isla es de 30 kilómetros; desde ahí hasta la punta norte del lago se pueden calcular 15 kilómetros”, estimó.

Un estadounidense y un soldado

Al parecer, v. Siemiradzki no estaba muy interesado en la gente que se encontraba a su paso, porque apenas si menciona a dos personas. “El clima, en la región del lago Nahuelhuapi, lo mismo que en el valle del Maipú y al otro lado de la cordillera, es muy húmedo. Con un fuerte viento suroeste, llueve casi diariamente en el valle y nieva en las montañas, según me lo aseguraba un americano, John Jones, allí establecido, y según lo comprueba también la vegetación exuberante: robles, manzanos, cipreses y mirtos, al lado de la tacuara, forman la masa principal del bosque”.

Sería el tejano Jarred Jones, uno de los primeros estancieros en el área. “Una peculiaridad de los valles es la gran abundancia de frutillas. Se dice que el invierno es templado. Un oficial argentino estacionado aquí desde hace algunos años, me contaba que aún las ovejas podían invernar en esta parte. Al presente, el señor Jones se ocupa en la cría de ganados vacunos y caballares”. Desafortunadamente, el ruso no consignó la identidad del militar. Nos hubiera permitido continuar con nuestros rastreos por la historia añeja de Bariloche.

El periodista de El Cordillerano agradece el dato al historiador Alberto Harambour, de la Universidad Austral de Chile (Valdivia).

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