SE DESCRIBIÓ COMO UNA SIMPLE AVE O COMO UNA CALAVERA ALADA

| 10/03/2024

¿Cuáles son las maneras de alejar al tatué o chonchón?

¿Cuáles son las maneras de alejar al tatué o chonchón?
Dicen que el tatué o chonchón se parece al chuncho.
Dicen que el tatué o chonchón se parece al chuncho.

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La cultura popular de la Patagonia y también de Chile recogió varias experiencias a la hora de mantener a raya los influjos del pájaro agorero. Algunas, fáciles pero hediondas. Otras, más complejas.

Al ave agorera más temida por la cultura popular de la Patagonia la describieron de forma tan diferente que cuesta admitir que se trate del mismo ser. También llaman la atención las recetas que existen para evitar que ronde los hogares o, sencillamente, para provocarle la muerte y que deje de torturar conciencias con su presencia. Algunas son de fácil implementación, otras relativamente complejas.

Al tatué o chonchón “Félix Coluccio prefirió definirlo como ave nocturna perteneciente a ‘la familia de las Estrígidas que habita el sur de la Pampa por toda la Patagonia y nuestras Malvinas’. Según la misma fuente se trataría de un ave ‘del tamaño aproximado de una paloma, jaspeada en negros y blancos’”. Reprodujo la cita el escritor Juan Raúl Rithner en su libro “El tatué brujeril y patagónico” (FADECS-1998).

Hay otra semblanza que está en las antípodas de la anterior, hasta cierto punto, inofensiva. En efecto, “diferente, muy diferente descripción es la que recoge Vicuña Cifuentes, cuando, coincidiendo con los testimonios que se siguen encontrando, lo describe comentando que en realidad se trataría de cabezas de brujos -generalmente mujeres- que despegan del cuerpo humano”.

Una vez concretado el cercenamiento, “sus orejas crecen hasta hacerse alas. Se convierten en pájaro y salen a reunirse con los otros tué tués, tatués, chonchones o guairavos. Y también salen a reunirse con el Diablo jefe tanto para informarle acerca de las actividades realizadas como para recibir las nuevas instrucciones”. Para quienes quieran ahondar, el aporte de Coluccio se tituló “Diccionario de creencias y supersticiones argentinas y americanas” (Corregidor-1990) y el de Vicuña Cifuentes “Mitos y supersticiones. Estudios del folklore chileno recogidos de la tradición oral” (sin dato sobre editorial y año de publicación).

Añade por su parte la investigación de Rithner que “el término chonchón -tanto en Chile como en Argentina- se utiliza además para designar a algunas personas de aspecto tétrico, algo fantasmagórico, cuyas apariciones hacen presentir el acercamiento de lo funesto”. Pero para volver al reino animal, “también se suele identificar a esta ave con el chileno pájaro nocturno cuncho o chucho y esta frecuente identificación carga al tatué de otra significación fundamental: la de ser -como el mencionado cucho o chuncho- un ave agorera de la llegada de la muerte a un lugar”, infirió el escritor.

La experiencia popular acuñó ciertos antídotos contra la presencia de los pajarracos. “Para contrarrestar los males que ocasiona su presencia hay quienes recomiendan tener el esqueleto de una cabeza de caballo clavado en una rama de canelo -el foyel sagrado de los mapuche- sobre el techo de la casa”, indica al texto. “Otros proponen quemar pelo y pezuñas de cabra; el penetrante olor que esto despide espanta al chonchón”.

El inesperado anfitrión o anfitriona tal vez experimenten alguna curiosidad sobre el origen del designio. “Si el interés es mayor que el de simplemente alejarlo del lugar, y se desea saber quién lo envió allí, se recomienda clavar un tenedor sobre una manta generosamente impregnada de la transpiración de un caballo. El ave se sentará en esa manta y ese será el momento de atraparla. Teniéndola cautiva, será el momento de hablar bien con ella, de ganarse su confianza y sonsacarle a quién obedece y el porqué y para qué de sus vuelos en el lugar”, reprodujo el recopilador.

“Pero si directamente se le desea exterminar sin importar de dónde viene o quién la envía, se recomienda utilizar un recurso siempre efectivo en diferentes culturas: la Cruz de Salomón”, según la recomendación de Rithner. “Puede hacérsela a partir de un palito cualquiera” que simplemente cumplirá la función de una especie de lápiz, ya que “con él se dibujará en el suelo la estrella”, que “puede ser de cinco, siete u ocho puntas”, según la interpretación del autor.

Una vez dibujada, “se clavará un cuchillo en su centro, con el mango hundido en la tierra y el filo orientado hacia el lugar donde se supone ha de reaparecer el pájaro maligno. A esta acción es necesario sumarle la de pronunciar doce palabras”, a las que llaman las redobladas. “Una especie de anatema condenatorio”, esclareció el escritor. Además, hace falta recrear “el rito de echar sal al fogón familiar”.

Explicar en qué consisten las redobladas y cuáles son las que los recopiladores pudieron llevar al papel insumiría demasiados caracteres. Retengamos simplemente que, según Rithner, “estas cuatro acciones son suficientes para que el ave, al sobrevolar la zona de la estrella dibujada, caiga irremediablemente y se ensarte el cuchillo en medio del pecho”. Triste destino el del indeseable tatué o chonchón.

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