APENAS A TRES O CUATRO GENERACIONES DE DISTANCIA

| 18/02/2024

140 años atrás, finalizaba la misión de la “Modesta Victoria”

140 años atrás, finalizaba la misión de la “Modesta Victoria”
Recreación artística de la primera "Modesta Victoria".
Recreación artística de la primera "Modesta Victoria".

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Fue la primera embarcación de la Marina argentina en ingresar al Nahuel Huapi. Después de explorar el lago por varias semanas, emprendió el retorno el 10 de febrero de 1884 y descansó en Carmen de Patagones unos días más tarde.

Por estos días, pero 140 años atrás, la primera “Modesta Victoria” finalizaba su misión. En diciembre de 1883 fue la primera embarcación de la Marina en ingresar al Nahuel Huapi cuando todavía no finalizaba la Campaña al Desierto. Después de explorar las intimidades del lago, hasta entonces del todo desconocidas para los marinos, emprendió el retorno el 10 de febrero de 1884 y llegó a bordo del vapor “Río Negro” a Carmen de Patagones unas jornadas más tarde.

La pequeña embarcación coronó con éxito el anhelo varias veces postergado al mando de Eduardo O’Connor, por entonces teniente de la Marina. Su ingreso al inmenso espejo de agua se produjo a la vela y a la sirga, es decir, con auxilio desde tierra, el 13 de diciembre de 1883. Saihueque, Inacayal, Foyel y varios otros loncos todavía resistían, pero ya habían abandonado sus territorios originales al sufrir los ataques de las fuerzas terrestres y buscaban refugio más al sur.

El nombre no solo bromeaba sobre el alcance del logro, además rindió homenaje a la esposa del navegante: Modesta Castro Higueras. Parte de estas alternativas fueron rescatadas por Enrique González Lonzieme en el trabajo que denominó “Personajes de la Conquista del Desierto: el vicealmirante Eduardo O’Connor”. El autor lo expuso en el Congreso Nacional de Historia que homenajeó a la empresa de Julio Roca, en noviembre de 1979, plena dictadura militar.

El investigador reprodujo algunos párrafos escritos por O’Connor en “Parte informe de la exploración del Alto Limay y lago Nahuel Huapi” (1884-1885), al que consultó en versión manuscrita. Para González Lonzieme, O’Connor era un “hombre de exquisita sensibilidad” y quedó “profundamente impresionado por la majestuosa belleza del paisaje que conforma las orillas del famoso lago” y así lo manifestó en su informe oficial.

Escribió el futuro vicealmirante: “Presentóse a nuestra vista un grandioso panorama en forma de inmenso anfiteatro que desarrolla un horizonte de miles de metros; desplegándose una dilatada superficie líquida de una extensión aproximada de tres leguas, de contornos parabólicos, perdiéndose en lontananza y teniendo por base una extensa cadena de montañas de cimas altísimas, cubiertas de nieve. Nada más imponente y caprichoso que la disposición de las crestas salientes de las montañas”.

Tuve ante su mirada “monolitos gigantescos de variadas formas elevándose a las nubes, figurando ruinas de castillos fantásticos, torres truncadas, cimientos de construcciones sin concluir y, en fin, contornos de objetos y seres extraños como la imaginación más rica pueda forjar... La inmensa superficie líquida sólo es interrumpida por una gran isla cubierta de vegetación. El silencio es solemne y ningún ruido interrumpe la serena tranquilidad de las aguas en sus raros días de calma. La superficie se presenta entonces como un espejo de plata”.

Según la reconstrucción de González Lonzieme, “las tareas de O’Connor y sus hombres en este escenario se prolongaron por casi dos meses, durante los cuales realizaron un prolijo levantamiento hidrográfico. El 7 de febrero de 1884 dieron por terminadas esas tareas y emprendieron el regreso, riesgosa navegación por los rápidos del Limay que sortearon hábilmente, no sin poner en peligro la embarcación y aún sus propias vidas”.

Otro historiador naval, Teodoro Caillet Bois, aportó por su lado que “después de algunos días de descanso y de comunicarse O’Connor con las fuerzas del Ejército, acampadas a unas veinte leguas de distancia, en Junín de Los Andes, dieron principio los marinos a la tarea del levantamiento hidrográfico del lago, del que solo había un croquis muy imperfecto de (Guillermo) Cox. Esta tarea les ocupó mes y medio, y el 10 de febrero emprendieron el regreso por el Limay despedidos fraternalmente, en una última comida y velada, por sus camaradas de la guarnición del fuerte Chacabuco”.

Al comienzo, el retorno no tuvo nada de plácido y el propio marino se vio en figurillas. “Al dirigir el Modesta Victoria desde la popa, cayó al agua en medio de los remolinos del río, salvándose a duras penas de morir ahogado”, completó González Lonzieme. Pero las maniobras resultaron finalmente exitosas y “el día 17 de febrero amarraron en Villa Roca (cerca de la localidad del Valle de hoy) donde saludaron al jefe de la División, general Villegas, dándole parte del éxito de la misión”.

Según el relato, el periplo continuó hasta que “el 19 del mismo mes encontraron el vapor Río Negro a la altura de Chichinales y a su bordo llegaron a Patagones donde O’Connor dio por terminada la expedición. Con ella había completado brillantemente los estudios de la cuenca del río Negro iniciados por Guerrico y Obligado. Así lo reconoció el Gobierno Nacional cuando el 1º de julio de 1884 ascendió a quienes habían acompañado a O’Connor en aquella aventura”. Acontecimientos que tuvieron lugar apenas tres o cuatros generaciones atrás.

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