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“SERÍA UNA PENA QUE ESTO DESAPARECIERA”

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28/12/2023

El último videoclub de la ciudad estuvo a punto de cerrar pero el dueño apuesta por la supervivencia

El último videoclub de la ciudad estuvo a punto de cerrar pero el dueño apuesta por la supervivencia
El último videoclub de la ciudad estuvo a punto de cerrar pero el dueño apuesta por la supervivencia

Carlos Suez, en el videoclub New Zonic, ubicado en Belgrano 108, recuerda tiempos donde, en Bariloche, llegó a haber cuarenta y tres locales del rubro.

Pero, a diferencia de los demás, que tuvieron que cerrar por los cambios impuestos por el tiempo, él se adaptó a los avatares que llegaron con los avances tecnológicos.

Del VHS al DVD, la breve aparición del blue-ray, luego la grabación en pendrives (sin olvidar los otros formatos citados)… Carlos se adecuó a cada momento sin perder la esencia del local, el amor por el cine.

Pero la realidad, en ocasiones, se presenta taimada y busca imponerse al afecto.

El 7 de diciembre de este año, en su Facebook, tras unos días de ingresos casi nulos, con el ánimo por el piso, escribió que quizá cerrara su negocio, “el primer videoclub que hubo en Bariloche y el último que queda”.

Los lamentos no tardaron en llegar y gran cantidad de gente posteó recuerdos vinculados al lugar.

Carlos explica el porqué de que casi bajara la persiana de manera definitiva: “En noviembre el trabajo había venido bastante flojo, y los primeros días de diciembre realmente fueron para desanimar a cualquiera… Por ahí entraba una persona por día”.

Reconoce que no mantiene el sitio para obtener un rédito económico, porque sino ya hubiese optado por cerrar hace rato, pero dice que tampoco puede estar poniendo plata para sostener lo que no da ganancia. “Por lo menos, salvar los gastos”, sostiene. No se hace a la idea de continuar con una existencia de la que New Zonic no formara parte. “Me aburriría mucho”, asevera.

Carlos comenzó a ver películas a los seis años. Vivía en Buenos Aires. Los martes y los jueves, cuando la entrada costaba ochenta centavos, el padre le daba un peso, y él iba a un cine del barrio de Flores que quedaba a unas nueve cuadras de la casa familiar. Con el dinero que sobraba, tenía la posibilidad de comprarse una porción de pizza a la salida o bien ir y volver en tranvía. Carlitos a veces se inclinaba por la muzzarella que convocaba la atención del estómago, y, en ocasiones, por la aventura que significaba, para un nene, el viaje vehicular.

Esa unión con el séptimo arte, de grande, se tradujo en estar a cargo del videoclub.

“Sería una pena que esto desapareciera”, expresa, y habla de sentimientos que le despiertan cuestiones similares en otro tipo de negocios con los que, según reflexiona, existen analogías: “Por ejemplo, cuando se cierra una librería me da un dolor enorme”. A esos sitios donde, gracias al arte, el saber y el placer se entremezclan, él los llama “refugios culturales”.

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“El cine puede ser entretenimiento, pero, al mismo tiempo, es una conjunción de varias disciplinas artísticas. En una película hay literatura, música, fotografía, actuación… Un filme puede verse como esparcimiento, pero también para aprender o emocionarse”, señala.

Yendo específicamente a su videoclub, afirma: “Existen cosas que no se encuentran en ningún lugar más que en este”.

En tal sentido, cuenta: “Desde hace muchos años, está considerado el más grande de la Argentina en cantidad de títulos, porque hay más de veinticinco mil doscientos”.

New Zonic acaba de cumplir treinta y nueve años. Pasó por varias direcciones, pero la esencia siempre ha sido la misma (en el local actual, está desde 2001).

Los recuerdos abarcan tiempos donde, además de las películas, incluso se alquilaban televisores y videocaseteras, porque no todo el mundo contaba con esos equipos y, por ejemplo, querían disfrutar de un puñado de films durante un fin de semana.

“El video es la mitad de mi vida”, suspira Carlos, quien, cerca de cumplir setenta y ocho años, resalta todo lo que significa el lugar y el rol que él ocupa en ese espacio, como aquello de reconocer los gustos de cada cliente y hacer recomendaciones. Es decir, se trata de vivir el videoclub como un lugar de encuentro, un amparo cultural frente al avance de una modernidad que no siempre va de la mano con el buen gusto.

“Si solamente querés pasar el tiempo, quedate con Netflix; si pretendés ver buen cine, tenés que venir aquí”, sostiene, en referencia a que casi todas las películas que ofrece no se pueden encontrar en las diversas plataformas.

“La intención es seguir con el videoclub abierto todo lo que pueda”, aprecia Carlos. En tal sentido, advierte que los próximos dos meses serán fundamentales para ver si la eternidad del cine le gana a una realidad que pisa fuerte.

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