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ESTÁ ENTRE EL VILLARINO Y EL TRAFUL

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15/09/2023

¿Uno de los Siete Lagos homenajea a un espía inglés?

¿Uno de los Siete Lagos homenajea a un espía inglés?
¿Uno de los Siete Lagos homenajea a un espía inglés?

Cuando publicó en Gran Bretaña su “Descripción de la Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional”, el Gobierno pagó por sus servicios.

Forma parte de uno de los circuitos turísticos más visitados de la región y queda entre los lagos Villarino y Traful. Miles de visitantes se detienen fugazmente para tomarse fotos, mientras recorren asombrados la Ruta de los Siete Lagos, que, en realidad, es la Nacional 40. Durante los veranos, algunas y algunos se animan a pernoctar en la hostería que jalona sus costas o bien, en el camping. Seguramente sean muy pocos quienes sospechen que, con su nombre, tan paradisíaco paisaje puede homenajear a un espía inglés.

Son varios los historiadores que suponen que al escribir su “Descripción de la Patagonia y de las partes adyacentes de la América Meridional”, Tomás Falkner tuvo la intención de acercar información valiosa al Gobierno británico, útil para sus disputas territoriales con España. Esa posibilidad fue aceptada por Andrés Carretero, prologuista de la edición 1969 de la “Colección de Obras y Documentos Relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata”, que se había publicado originalmente en 1835.

Para el introductor, “no es muy descabellada la intención de atribuir a Falkner propósitos ocultos”. Alimentó su sospecha después de leer un trabajo de Diego Molinari, para quien “la versión dada a conocer en 1774, era la fuente de inspiración para numerosos aventureros al servicio de la corona inglesa”. Además, “las alusiones referentes a las posibilidades de ocupación no escaparon a la percepción de los primeros ministros ni de los estrategas de la política exterior británica pues numerosos planes de expansión tenían como objeto secundario o principal la ocupación de la Patagonia en su totalidad o en alguna parcialidad”.

Carretero también resaltó “que el padre Falkner recibió dinero al término de su obra. Este dinero fue pagado por el Gobierno británico. Además, es muy sospechosa la práctica desaparición del jesuita después de su expulsión de América, en el viaje de España a Italia, para aparecer en Inglaterra, su tierra natal. Hasta el padre (Guillermo) Furlong, en su trabajo sobre el autor de la descripción, señala que no hay pruebas, para indicar cómo hizo para viajar ni de qué medios se valió para ello. Esto da una pauta por demás interesante para ser investigada con minucia, pues posiblemente en ese período de su vida, es donde se encuentre la clave de su trabajo”.

Según Furlong, Falkner había arribado a Buenos Aires el 7 de mayo de 1730. Cayó enfermo, “recibiendo ayuda de los jesuitas. Ingresó a esta compañía el 14 de mayo de 1732, pasando a Córdoba, donde se ordenó en 1739. Años después, “fue destinado a fundar reducciones en territorio de la actual provincia de Buenos Aires, sobre la zona costera. Llegó hasta lo que se llama en la actualidad Laguna de los Padres, distante 16 kilómetros de la ciudad de Mar del Plata”.

En la narración de Carretero, “ese mismo año Falkner se internó en las pampas, rumbo a Mendoza, de donde tomó noticias de las cantidades de animales yeguarizos que vagaban en libertad y que según su versión le impidieron continuar la marcha durante tres días”. Luego, “entre 1744 y 1746 permaneció en la ciudad de Bueno Aires. Este último año acompañó al padre Cardiel en su internación hacia la Sierra del Volcán, con intención de refundar la Reducción de Nuestra Señora del Pilar, ubicada, según su versión ‘junto a una laguna que los españoles llaman Laguna de las Cabrillas, a tres leguas de la costa del mar’. Esta reducción se fundó con indios pampas y serranos”.

Al parecer, “la vida de esta reducción fue muy precaria, pues varias veces el padre Falkner debió internarse en busca de comida y la política de los indios con respecto al establecimiento hizo que debiera abandonarse. Por ello en 1751 el autor se encontraba nuevamente en Buenos Aires, siendo destinado al año siguiente a la estancia de los jesuitas, ubicada en Areco, donde permaneció hasta 1756”.

Desde “este destino realizó viajes en distintas direcciones, tomando conocimiento de distintas regiones y en uno de ellos descubrió los restos de un animal prehistórico para él desconocido y que estudios posteriores indican como el gliptodonte. De ese destino pasó a Santa Fe y luego a Córdoba, donde desempeñó el cargo de profesor de matemáticas en la Universidad. Allí lo sorprendió la expulsión” de su orden.

Como puede advertirse Falkner, nunca estuvo en la Patagonia. No obstante, escribió su minuciosa “Descripción”, la que según su subtítulo “contiene una razón del suelo, producciones, animales, valles, montañas, ríos, lagunas, etcétera de aquellos países. La religión, gobierno, política, costumbres y lengua de sus moradores, con algunas particularidades relativas a las Islas de Malvinas”. Obra que recogió elogios, pero también despertó suspicacias. Quizá con razón.

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