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120° ANIVERSARIO DE LA CIUDAD

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03/05/2022

La Torre del Reloj, el "tótem" que marca y cuenta la historia de Bariloche

La Torre del Reloj, el "tótem" que marca y cuenta la historia de Bariloche
La Torre del Reloj, el "tótem" que marca y cuenta la historia de Bariloche

Bariloche, la “Capital de los Lagos”, "La Perla del Sur”, cumple hoy 120 años. La ciudad sinónimo de turismo, chocolate y nieve (entre otras cosas icónicas) fue fundada un 3 de mayo de 1902 y 38 años después, fue inaugurado el Centro Cívico, epicentro de festejos deportivos, políticos, reclamos y manifestaciones. Quien no pasó por el Centro Cívico no pasó por Bariloche. La obra estuvo a cargo del arquitecto Ernesto de Estrada. 

Gran parte de los 4.000 habitantes que tenía por esos años Bariloche asistió al acto inaugural del conjunto edilicio del Centro Cívico y la plaza seca “Expedicionarios del Desierto”.

El epicentro de la ciudad fue construido entre 1936 y 1939 con forma de U. En el Este, la Biblioteca y el Museo simbolizan la Cultura. Al Oeste, la Policía simboliza la Fuerza Pública. En el Sur, la Municipalidad, el Correo y el Juzgado, la Fuerza Humana y al Norte, luego de un barranco verde, se materializa la Naturaleza, reflejada a través del lago Nahuel Huapi y la cordillera de los Andes. Hoy la denominada Playa del Centro incluye las letras corpóreas que forman Bariloche, escenario de fotos para los turistas.

En la Torre del Palacio Municipal, se encuentra el antiguo reloj, instalado entre 1940 y 1941. A las 12 y 18 horas “cuenta la historia” con la danza de las cuatro figuras de madera que emergen desde las entrañas de la torre de piedra: con las campanadas de fondo, surgen el aborigen, el misionero, el soldado y el labrador, ejes y protagonistas de la historia local.

El imponente reloj funciona a través de un complejo sistema de engranajes y un mecanismo único emplazado en el corazón de Bariloche. La torre está compuesta por cuatro pisos y un quinto donde se encuentra instalada la campana que anuncia el inicio de cada hora. 

Pablo Sanz es relojero “de sangre”, heredó el oficio de su padre Francisco Sanz y actualmente realiza el mantenimiento de la enorme máquina del tiempo.

En diálogo con El Cordillerano, explicó que, aunque suene difícil de creer, "el reloj funciona como un reloj de pared gigante, es la misma mecánica, tiene los mismos engranajes y sistemas de un reloj normal, pero a una escala mucho mayor”.

“Yo soy relojero como mi papá, él era amigo del Beto Icare. Una vez que murió Jorge Stanoievitch me llamó el Beto porque el reloj se había parado”. Stanoievitch fue un inmigrante francés radicado en la ciudad que desde 1985 se hizo cargo del cuidado de la máquina, durante casi veinte años.

“Fui a verlo y estuve cuatro horas descifrando cómo funciona. Si bien el sistema es el de un reloj normal, cada reloj tiene su particularidad y se necesita tiempo para descifrarla. Desde ese momento comencé a mantener la torre del reloj, ya son casi veinte años”, comentó Pablo Sanz.

“Había arreglos que realizó Stanoievitch a su manera y tuve que estudiar para determinar cómo funcionaban esas intervenciones. Pero cuando vi toda esa estructura me llené de preguntas”, manifestó entre risas.

Ante la consulta sobre si fueron agregados otros elementos más modernos a la mecánica del reloj, Pablo señaló: “Desde que se instaló sigue igual, con el mismo mecanismo, solo se le agregó hace 40 años un motor de carga y una vez que se gastó se colocó otro, la cuerda se carga y dura entre 28 y 30 horas. Para casos extremos aún cuenta con la cuerda manual”.

Además, aclaró que el clima repercute en la precisión de las agujas. “El frío y el calor influyen en el funcionamiento. Cuando bajan las temperaturas en invierno se enfría el aceite y se atrasa y cuando hace calor se adelanta. Yo le coloqué lámparas de calor, similares a las que se usan para los huevos de gallina. La función que cumplen es que el frío no perjudique su funcionamiento”.

Por último, explicó: “En general no hay períodos de revisión calculados, puede dejar de funcionar de acá a un mes o pueden pasar años. Está hecho como se hacían las cosas antes, para que duren toda la vida, es un fierro. Sin embargo, un corte de luz que afecte al motor puede hacer que se clave y no cargue la cuerda y en ese caso tengo que ir y darle cuerda”.

Hoy el reloj marcó el inicio de un nuevo aniversario de la ciudad y será testigo, una vez más, de los festejos. La estructura de piedra, como gran parte de la arquitectura de la época de los inicios de la ciudad, resiste el paso del tiempo y se erige como el tótem que cuenta y marca la historia de Bariloche.

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