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RINALDELLI Y SU BALANCE PRELIMINAR

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08/03/2022

En la ribera, hay “puras buenas personas nomás”

En la ribera, hay “puras buenas personas nomás”
En la ribera, hay “puras buenas personas nomás”

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El kayakista del Nahuel Hue remó casi 900 kilómetros antes de llegar a su destino: el mar. De todas las experiencias que vivió, resaltó la calidad humana de la gente que conoció en las orillas del río Negro.

Si bien quedó pendiente el tramo Piedra del Águila – Neuquén, Mathías Rinaldelli considera que cumplió su objetivo de unir el Nahuel Huapi con el Mar Argentino por vía fluvial, a través del Limay primero y del río Negro después. El kayakista del barrio Nahuel Hue superó las expectativas que tenía antes de partir y, sobre todo, resaltó la calidad humana de la población ribereña con la que compartió las diversas instancias de su viaje.

El expedicionario partió de Bariloche algo más de un mes atrás y encalló su kayak en un banco de arena sobre el mar, el domingo último por la tarde. Con gran esfuerzo y peligro, siguió luego hacia el balneario El Cóndor, donde finalmente, coronó su hazaña. Si bien las fichas terminarán de caerle probablemente los próximos días, accedió a trazar un balance preliminar con El Cordillerano, sus lectoras y lectores.

“Mi objetivo primario y deportivo, era llegar remando hasta el mar, así que eso se logró, pero vamos a aclarar que, desde la represa de Piedra del Águila, hasta Neuquén me levantaron”, admitió Rinaldelli. Prefectura Naval no consintió que siguiera a través de los embalses y represas. “Me fueron comentando que a casi todos los que han hecho este viaje, los han levantado ahí, porque es muy peligroso”.

Un vecino de la capital provincial, con quien el barilochense hizo buenas migas, ostenta la marca íntegra, en nada menos que tres oportunidades. “En Viedma está Javier Patiño, que, con un amigo, hizo todo el recorrido con unos kayaks de carrera, más livianos. Es la única persona que conozco que lo hizo. Los lugareños, prefectos y gendarmes con los que hablé, me confirmaron eso”, resaltó el barilochense.

De acuerdo a las premisas que se había fijado, la expedición 2022 “superó las expectativas que tenía. Lo mejor, y esto quiero que quede claro, es el material humano que hay en la ribera, la gente que me encontré. Puras buenas personas nomás”, subrayó. “No sé si es por la vibración en la que uno está en momentos como este o que la gente es así nomás. Gente criolla la mayoría, que vive en el campo, todas muy buenas personas”.

En efecto, “la calidad humana es lo que más resalto del viaje. Todo muy lindo con la flora y la fauna, pero lo que más me aportó fue la gente”, insistió Rinaldelli. “Tengo muy buena relación conmigo mismo, pero después de tanto taca, taca (de tanto remar), uno se vuelve loco por hablar con alguien”, admitió. “Eso ayuda a apreciar la compañía, las relaciones con la gente. Además, en la mayoría de los tramos, ni siquiera había señal de celular”, confió.

El viajero no pudo sustraerse al paisaje económico social de los sucesivos valles rionegrinos. “Imagínense como trabajan los de la fruta y los de la pera, que a las 6 de la tarde estaban entrando al turno noche, en medio del monte. Bajaron de un colectivo medio cachuso, todos del noroeste, que venían con sus ropas de trabajo. Después, en Viedma y en las grandes ciudades, son distintas las cosas”, describió.

En definitiva y como balance, “uno reaprende a valorar la compañía, a valorar mucho más al ser humano, porque después, cuando pasan los días en el monte, no te encontrás con nadie”, señaló. “No solamente por la necesidad de preguntar dónde estás, que te ayuden en algo o te asesoren, uno necesita el contacto humano. Cuando estás mucho tiempo solo, te das cuenta”, resaltó Rinaldelli.

Hasta la relación con la pandemia es distinta en las orillas alejadas del río Negro. “Otra cosa que vi: acá la gente no anda con celulares, los tienen, pero no los sacan. Y el COVID no existe. Cuando llegaba a algún pueblo y la gente se ponía el barbijo, me llamaba la atención porque en la vida rural, no existe”, resaltó.

Como corolario, “me gustó recuperar la comunicación real, como eran las cosas antes. Las personas se toman su tiempo para conversar, hablar y no se distraen con la virtualidad. Fue como volver a la vida real, a la vida natural”, proclamó el kayakista. El martes tenía previsto emprender el retorno, pero en el transporte estándar de un ómnibus. Seguro que le resulta aburrido el periplo.

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