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HISTORIA DE VIDA

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07/11/2021

“El cáncer nos enfrenta a nosotras mismas”

“El cáncer nos enfrenta a nosotras mismas”
“El cáncer nos enfrenta a nosotras mismas”

Hay etapas de la vida donde se pone a fuego el poder de la fuerza y la voluntad. Existen algunas palabras que asustan y cáncer es una de ellas, pero no se trata de una lucha, sino de hacerle frente para salir adelante.

Mariana Rodríguez es una vecina que compartió con El Cordillerano su experiencia. “Quizás hablar de mi propia historia le pueda servir a alguien que esté atravesando algo similar”, comenzó diciendo.

Desde sus 38 que cada año se hace controles incluyendo mamografías: “Mi tía falleció de cáncer de mama y mi madre de ovarios, con lo cual era un tema al que tenía que estar atenta”. Siempre dieron bien los resultados.

“Una sola vez, en el 2016, estaba viviendo en Buenos Aires porque habían fallecido mis padres, cuando en una ecografía salió una imagen sospechosa”. Los médicos le contaron entonces que hay instancias que despiertan dudas “que los bordes sean irregulares, que dé sombra, lo cual significaría que tiene volumen y mi estudio tenía esas dos cosas”.

Mariana habló de la primera sensación que tuvo: “No me hice cargo ni un poquito de lo que me estaban diciendo, había hecho mucho trabajo interno y mi alimentación era orgánica, vegetariana, impecable”. Además hacía ejercicio de manera cotidiana entonces sentía que estaba fuera de las posibilidades que se convirtiera en algo grave.

Allí comenzó un recorrido con esos estudios por siete médicos para ver qué diagnóstico le daban. “El último profesional fue de Lalcec, especialista en cáncer y me dijo que la respuesta que estaba buscando no la iba a encontrar”. Le sugirió directamente sacar en quirófano lo que se veía en las imágenes.

Comentó: “Al hablar con mis hijos les prometí hacer todo lo que me dijeran los médicos, pero que primero necesitaba tres meses para probar tratamientos alternativos y es lo que hice”.

Mariana dijo: “Tengo la sensación de que además de cuerpo, somos mente y alma y la enfermedad es el aviso de que algo no está bien en nuestra vida, uno a veces se ocupa solo del cuerpo y creo que ese es el error”.

Con ese punto de vista se dispuso a analizar qué era lo que le había pasado para llegar a una sospecha de cáncer. “Hice memoria celular, biodescodificación y todo lo que fue apareciendo en ese momento y en Buenos Aires había miles de opciones”.

Luego de esos tres meses repitió los estudios médicos, “no solo estaba el mismo tumor de 8 milímetros sino que había aparecido un segundo, entonces fui a quirófano”. Le sacaron dos partes de una de las mamas, “salieron con tejidos limpios y con muy buen pronóstico, por lo que no debió realizarse quimioterapia, pero sí sesiones de rayos”.

Para esta etapa del tratamiento le hicieron marcas en el cuerpo para saber por dónde dirigir los rayos. “Por un error de cálculo entraron por donde no debían y al cuarto día tuve úlceras sangrantes en el esófago y la boca del estómago”. 

Dijo: “Nosotras nos enojamos mucho con los médicos porque te dicen que los rayos no hacen nada, pero te dejan quemadas partes del cuerpo, los medicamentos que tomamos después también tienen consecuencias en las articulaciones”. Entonces la pregunta que se hace es: “¿Por qué no nos cuentan todo lo que nos va a pasar para dejarnos decidir sobre nuestro cuerpo o al menos, estar preparadas de otra manera?”.

Todo el trabajo interno que hizo la llevó a un punto donde se tuvo que enfrentar con lo que le había dolido en su vida, ya que lo relacionaba directamente con el tumor. “Uno se tiene que encontrar con su propia m…, revolcarse en ella, olerla hasta poder desarticular qué es lo que nos está afectando”. Todo lo que le estaba sucediendo lo analizó desde lo emocional. “Encontrarse con esa parte nuestra que nos duele y que detona en algo, puede ser en una alergia, una gastroenteritis o un cáncer”. El cuerpo se manifiesta dando aviso de que algo hay que modificar de manera urgente.

“Es un trabajo interno muy fuerte porque nadie quiere encontrarse con su propia porquería, hay gente que lo evita toda su vida, entonces empieza a tomar medicamentos y naturalizar la dolencia”. Aclaró: “No digo que no hay que ver médicos porque es lo que nos va a dar el diagnóstico, pero hay una parte de ese trabajo que es interno”.

“A veces es el recalcular en nuestra alimentación o el mantener relaciones enfermas, el cáncer nos enfrenta entonces a nosotras mismas, a sí o sí ponernos a revisar qué estamos haciendo mal”. Agregó: “Preguntarnos qué queremos para nuestras vidas, qué nos lastima, qué situaciones o sentimientos modificar”.

“Muchos seres humanos no aprendemos si no es a través de un golpe fuerte, culturalmente las mujeres estamos destinadas a padecer, a postergarnos como personas, nuestras madres nos educaron para eso y creo que mantenerlo en el tiempo nos enferma”.

Mariana graficó: “Llega un momento en el que tenés que parar la rueda y decir 'basta, déjenme en paz', porque cuando vos no podés parar la pelota, lo hace el cuerpo”. Ponernos como prioridad. “Somos el sostén de nuestros hijos, pero si no estamos sanas, no podemos sostener nada, no solo tenemos que crearnos un tiempo para un turno médico, sino para salir a caminar o hacer lo que nos haga bien”.

Quizás el bancarse todas no es sinónimo de fortaleza, sino de no saber poner freno a lo que daña. “Caemos una vez, a veces volvemos a tener metástasis y caemos nuevamente, ponernos a nosotras como prioridad quizás no nos evite un cáncer, pero puedo asegurar que mejorará la calidad de vida nuestra y de quienes nos rodean”.

Aseguró: “Las estadísticas muestran que cada vez somos más las mujeres con cáncer y creo que es porque cada día estamos más agobiadas de aguantar todo, ya sea una pareja que no toleramos, pero no nos separamos por seguridad económica o por nuestros hijos”.

“No digo rebelarnos y tirar todo por la borda, sino hacernos cargo y charlar más con nosotras para ver qué nos hace mal, no nos ahoguemos en la lágrima permanente ni en la angustia”.

Mariana es una integrante de la Asociación Civil Nahuel Rosa Bote Dragón. “El hecho de que tengamos un lugar donde juntarnos y charlar de todas estas cosas es indispensable”. Cuando salen a remar disfrutan de momentos que son solo de ellas, sin interrupciones. “Podemos llorar, reírnos o hacer ridiculeces disfrazándonos, podemos ser nosotras”.

Para finalizar, dijo: “Creo que el cáncer es un oportunidad para animarnos a cambiar”.

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