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AGUA, BARRO Y NIEVE NO PUEDEN PARARLO

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05/09/2021

Víctor y la dura tarea de llevar y traer alumnos a las escuelas rurales

Víctor y la dura tarea de llevar y traer alumnos a las escuelas rurales
Víctor y la dura tarea de llevar y traer alumnos a las escuelas rurales

Víctor Marín desde hace siete años que recorre los caminos de la zona de Corralito con el transporte que lleva los viernes a los alumnos de la escuela de ese lugar hacia sus hogares y los regresa cada lunes.

Esta tarea quizás suena simple, incluso, algo liviano de realizar pero no es así, el estado del suelo cambia constantemente y según la época del año, le lleva muchas horas cada recorrido. El retorno de las clases presenciales suma un esfuerzo extra, en lugar de un viaje a cada lugar, debe hacer cuatro, para mantener las burbujas y evitar así que se junten muchos chicos en la camioneta.

“Hago zona de Corralito Abajo, Melicó, Paso de los Molles, parte de Paso Miranda, Panquehuao y Arroyo Blanco”, éste último, uno de los más complicados. Partiendo desde la escuela, la casa más cercana está a una hora y media, continúa y recién dos horas y media después, retira al segundo chico.

“Por el COVID hago cuatro entradas los lunes y los viernes porque no los puedo juntar a todos, arranco ocho y media de la mañana y termino cerca de las cinco de la tarde” comentó.

Esto sucede de manera semanal “yo soy chofer de Tomás Hercigonja porque a él lo contrató Educación”, aclaró. Víctor nació y se crió en Paso Flores, “teníamos la casita en lo que es ahora la cola del lago de Collon Cura, fue por eso que le dieron una tierra a mis viejos en Corralito”.

El transporte de los chicos y chicas generalmente lo hace solo en la camioneta pero en época invernal, es acompañado por su hermano menor o algún sobrino. “Somos de la zona y conocemos bien los caminos pero eso no evita que dos por tres nos quedemos empantanados” aseguró.

Así regresó a las diez y media de la noche de un recorrido que habitualmente finaliza a las 14 horas.

“Hay lugares en los que no se puede pasar por la senda entonces me tengo que meter por el campo así que ellos van mirando que no haya piedras o me ayudan a palear cuando nos quedamos”, detalló.

“Lo único importante de todo esto es que el vehículo no se rompa para que los nenes y nenas lleguen sanos y sin golpearse, tanto a la escuela como a sus casas”, rescató.

Caminos duros

Solo quien ha transitado los caminos de la Línea Sur sabe de qué se trata. “Muchas veces me da bronca porque las autoridades por ahí no mandan a enripiar donde hace falta, me gustaría que se arreglaran más, no por mí sino por todas las familias que lo transitan todo el tiempo”.

“Muchos de los nenes que traslado son hijos de mis excompañeros de primaria entonces son como mis hermanitos del corazón, hago mi trabajo con todo el gusto y mucho amor”. Mientras maneja les pone música, escucha sus relatos de lo que hicieron durante la semana y si hay un partido de fútbol, lo comparten entre todos por la radio.  

Más allá de la dedicación y el esmero que Víctor pone a su trabajo, a veces lo gana la desilusión y la soledad, “trato de tomarlo con tranquilidad para ver cómo saco la camioneta cuando se me queda en algún zanjón, el frío también es muy duro”. Mientras que los nenes estén resguardados del clima invernal, todo lo demás tiene solución.

Los más sufridos son los chiquitos de Arroyo Blanco, “son de la familia Currual, es el recorrido más complicado, me he quedado sin batería incluso, hemos tenido que ir caminando hasta sus casas un tramo largo o pedir ayuda a la estancia de Cueto”, relató.

Consultado acerca de si en algún momento se arrepintió de la tarea que realiza dijo “seguramente que sí pero se me ha pasado enseguida, es una responsabilidad muy grande la que tengo, nada menos que la vida de los nenes que transporto”.

“Muchas veces no me entienden cuando lo digo, por ejemplo para ir a Arroyo Blanco hay que pasar por la parte más alta, Los Pinos, y casi siempre hay mucho barro o se acumula la nieve, en otro tramo al que llamamos La Angostura es puro hielo y se nos complica la cosa”, detalló.

Aclaró, “mi meta es llegar a destino en cada viaje, si no lo logro, está más allá de mis posibilidades”. Agregó “ojalá que nunca me pase nada pero si me pasara, sé que la responsabilidad va a recaer solo en mí y eso pesa”.

Tiene una cábala antes de encender el motor al comienzo del día, “pido a Dios que me proteja y me permita cumplir el recorrido, hacer las cosas lo mejor posible y que me dé paciencia para resolver lo que surja”.

Víctor tiene 38 años y en una de las fotografías que acompañan esta nota, se lo ve completamente lleno de lodo y bromeando, dijo que no fue para embellecer la piel. “En ese viaje me tuve que tirar debajo de la camioneta, meter el cricket, levantar para colocar piedras mientras mi hermano palea o intenta acarrear algunas hierbas para afirmar las ruedas”.

En estos siete años ha perdido muchas de las fotos y los videos que ha ido registrando, el motivo siempre fue el mismo, se le caen los celulares al barro o en algún río. “Es parte de la vida y del recorrido, lo voy a seguir haciendo porque le pongo toda la fuerza” afirmó.

Una tarea desconocida y admirable de enorme responsabilidad y compromiso.

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