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RELATO DE UN VECINO

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26/08/2021

La eterna espera por un riñón que cambie su calidad de vida

La eterna espera por un riñón que cambie su calidad de vida
La eterna espera por un riñón que cambie su calidad de vida

En el país, 6.946 personas necesitan un trasplante de órgano para seguir viviendo. Una espera que agota y desgasta física y mentalmente a los pacientes, sumado a un contexto de pandemia que no solo genera incertidumbre y preocupación sino que impactó justamente en el proceso de trasplantes de órganos.

Luis Acosta es un joven barilochense que luego de muchos años de tratamiento continúa en la espera del llamado telefónico que por fin le informe que hay un donante que le permita continuar con su vida sin métodos invasivos.

Lucho, como lo conocen sus amigos, padece una patología que hace que sus riñones no funcionen correctamente, su rutina diaria está definida por la diálisis que realizó desde su casa durante 7 años, pero que con el correr del tiempo el proceso fue deteriorando su cuerpo y ahora debe implementar otro tratamiento. Mientras se prepara para una nueva metodología para tratar la enfermedad, espera por un riñón para poder tener una mejor calidad de vida.

 En comunicación con este medio, Luis relata cómo comenzó a transitar su vida a la espera de la donación de un riñón. “A partir del final de mi adolescencia tuve problemas con mis riñones, tengo una patología que se llama glomerulonefritis que me fue deteriorando esos órganos, luego de distintos tratamientos terminé en diálisis”.

“Empecé el tratamiento con hemodiálisis a través de un catéter en el cuello mientras tomaba la decisión de qué opción iba a tomar: podía seguir con hemodiálisis o pasarme a diálisis peritoneal que me permitía más independencia y yo era el responsable del tratamiento. Consiste en tratarme 4 o 5 veces por día cada 4 horas con la ventaja que lo puedo hacer desde mi casa con la duración de 40 minutos” explica.

“Estuve 7 años con este tratamiento y se fue deteriorando este sistema, ahora en unos días empiezo con hemodiálisis. A seguir con este nuevo sistema a la espera de un trasplante renal”, detalló.

Luis también focalizó en la importancia que tiene la familia que está detrás de una persona que falleció y que debe tomar la decisión si donar los órganos o no. “Cuando una persona está en terapia intensiva y por algún motivo fallece y está en condiciones de realizar la ablación de órganos es un momento muy duro para la familia el decidir si van a donar los órganos, muchas veces por cuestiones religiosas, por miedo o ideales eligen no donar, la verdad que es una lástima, con cada persona que fallece y puede donar se puede salvar mucha gente”.

“Es un momento en el que hay que tener la mente fría y tomar la decisión correcta, los órganos si no son donados se descomponen con el cuerpo y son desperdiciados, si son donados pueden seguir viviendo en otro cuerpo y salvando una vida. Son muchas las vidas que se pueden salvar solo a partir de un donante y ahí radica la importancia de donar órganos”, valoró.

Además aclaró que “mucha gente no sabe que, por ejemplo en el caso del trasplante renal, no hace falta que el riñón provenga de un donante cadavérico, puede ser a través de donantes vivos. Lo normal es que sea a través de hermanos o padres, porque la similitud genética hace que la compatibilidad sea muy alta y la probabilidad de rechazo muy baja. Personas que manifiesten su voluntad de donar pueden hacerlo en vida, puede ser un amigo, vecino o pariente lejano. Solo hay que realizar los análisis de compatibilidad”.

“Una persona que decide donar un riñón en vida es importante que sepa que no por vivir con un riñón va tener una vida de mala calidad, puede tener una vida normal como cualquiera”, recordó.

Ante la consulta sobre su opinión respecto de la Ley Justina y su implementación más allá de la sanción, Luis manifestó: “Si bien está la Ley Justina a partir del 2018 que dice que todas las personas mayores de edad son donantes excepto que hayan manifestado lo contrario por escrito, la verdad no sé si se cumple, me he enterado que muchas personas han tenido un familiar en terapia intensiva con grandes posibilidades de morir y en ese momento eligen no donar los órganos”.

“El INCUCAI se encarga de contactar a las personas que están en la lista de espera del trasplante que son más compatibles con ese órgano. Llaman a los más compatibles y una de esas personas termina recibiendo ese órgano. Sin embargo no es tan sencillo porque hay poca mentalidad de donar, si bien hay muchos trasplantes, hay muchas más personas esperando”.

Hablando específicamente de los pacientes que necesitan de la donación de un riñón, Luis señaló que “un paciente en diálisis se considera de emergencia cuando ya no puede dializar, la diálisis peritoneal que es a través del peritoneo (membrana que cubre los órganos del abdomen), llega un momento que se desgasta, como en mi caso que aguantó 7 años, en ese caso recurrís a la hemodiálisis que consiste en poner una fístula en un brazo que se conecta a la máquina de diálisis que limpia la sangre. El tema es que esa fístula con el tiempo se tapa y se infecta, en ese caso se accede por el otro brazo, si esa igual se tapa tienen que acceder por las piernas, si esas también se tapan llega el momento que no podés dializarte, en ese momento ese paciente pasa a ser paciente de emergencia nacional y necesita un trasplante ya o le queda morir, no hay más opciones”.

Luis está transitando la transición de un sistema de tratamiento a otro más invasivo y complejo. “Estoy haciendo el cambio de la diálisis peritoneal que luego de siete años ya no me alcanza, estoy pasando a la hemodiálisis y sigue mi espera para que llegue un riñón para poder trasplantarme. Todos los años viajo al centro de trasplante donde te hacen una serie de análisis para la base de datos del INCUCAI”.

Por último, manifestó la importancia de donar órganos como un gesto de bondad hacía una persona que transita una importante enfermedad, un gesto que da vida. “La donación es importante para salvar la vida de mucha gente, miles de personas esperan un órgano para seguir viviendo, en mi caso un riñón, la realidad es que necesitamos de ese trasplante para tener una vida normal, plena y salir de estos tratamientos tan invasivos como la diálisis. La realidad es que yo no podría seguir viviendo sin la diálisis”.

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