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ANTIGUO POBLADOR

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30/05/2021

Francisco Felipe Fürst: “Bariloche ya no es el pueblo que vimos crecer”

Francisco Felipe Fürst: “Bariloche ya no es el pueblo que vimos crecer”
Francisco Felipe Fürst: “Bariloche ya no es el pueblo que vimos crecer”

Es bueno mantener latente la historia de nuestra ciudad y la gente que la fue construyendo en base a esfuerzo y dedicación. Los antiguos pobladores tienen un rol fundamental y conocerlos en primera persona aporta herramientas para seguir creciendo.

Francisco Felipe Fürst esta semana cumplió 73 años y pertenece a una familia con un enorme arraigo, puesto que también su madre nació en Bariloche. Consultado en el programa "Mano y contramano" de El Cordillerano Radio (FM 93.7) acerca de qué es lo que más le gusta de la ciudad, dijo: “De hoy no sé bien, lo quiero porque soy 'nyc', como dicen, pero ha cambiado mucho y ya no es el pueblo que vimos crecer”. Describió: “Hoy te encontrás con autos que impiden que salgas de tu casa, todo saturado, son situaciones de las grandes ciudades y las comprendo”.

El Bariloche de antes

Recordó momentos de aquel pueblito de montaña: “Vivir acá era un enorme sacrificio, no teníamos gas, sacábamos agua de un pozo y juntábamos leña para el invierno”. Vivió un tiempo en Tiscornia entre Palacios y Rolando, “después nos mudamos a Beschtedt y 25 de Mayo, antes eso era el barrio Alto”.

Hizo la primaria en la 185: “Era un anexo de la escuela 16, cursábamos en verano porque los inviernos eran muy crudos, al empezar las clases todavía llevábamos una bolsita de leña porque había que calentar un poco el aula”.

La nieve convertía la pendiente de Beschtedt en una gran pista de patinaje: “Con una cámara, un fuentón o una pala servía para tirarse”. Antes era algo cotidiano jugar en las calles porque los autos pasaban esporádicamente: “En El Mallín lo único que se veía eran las vacas que tenía la familia Mange, nada más”, recordó.

“De 25 de Mayo hacia arriba, por lo que después fue Onelli, estaba lleno de quintas y de a poco todo eso se fue poblando, al cerro Otto íbamos a cazar loros, pero yo no tenía mucha puntería con la gomera”, dijo.

La familia

Su abuelo era de Austria, pero su padre vino de Buenos Aires: “Acá se conoció con mi mamá y nos tuvieron a mí y a mi hermana”. En el 48, cuando nació Felipe, su familia vivía en el lago Hess: “Ese invierno, que dicen que fue uno de los más bravos que se vivieron, nos mudamos al pueblo”.

Francisco Felipe tiene un sinfín de anécdotas para recordar: “Me acuerdo que cuando salíamos a pasear con mi abuela paterna siempre se perdía, algún vecino nos traía hasta mi casa de vuelta”.

Su mamá era apellido Sánchez: “Ella y mis tías eran costureras, hacían y arreglaban pantalones, así que las han conocido muchos vecinos”.

Al finalizar sus estudios primarios, continúo en la Escuela Industrial: “Primero funcionaba en la Ceferino Namuncurá y después nos mudamos adonde está ahora”, detalló. Iba y volvía caminando: “Por ahí en bicicleta o hacíamos dedo, siempre algún camioncito que pasaba nos acercaba un poco”.

De muy joven comenzó a trabajar: “Estuve en un kiosco, en un taller mecánico, una temporada en isla Victoria y después entré al Centro Atómico y ahí estuve durante 30 años”. Se especializó en vidrios: “Fui enseñando a los que entraban porque era una profesión que se trasmitía de persona a persona”. También fue instalador de gas matriculado, taxista y realizó otras actividades laborales.

La diversión siempre estuvo presente: “Íbamos a esquiar a Catedral con las tablas de madera, nos llevaba Hugo Jung en el colectivo del Club Andino y subíamos en el cablecarril que era de Parques Nacionales”.

“En esa época había turismo, pero la gente de Bariloche tenía acceso a un montón de lugares y actividades, eso se fue perdiendo”, afirmó.

Recordó además que las estaciones del año estaban más definidas: “El invierno era muy frío, si no cubrías los caños del agua reventaban por la helada, si tenías auto le tenías que sacar el agua a la noche para que no se congele”. Dijo que hay cosas que no cambian: “El paisaje sigue igual de maravilloso”.

Francisco Felipe tuvo cuatro hijos: “Los dos más chicos todavía están acá, tengo un varón en Costa Rica y la otra hija que vivía en Ushuaia falleció”, se lamentó. Pero la vida también le ha regalado cinco hermosos nietos, que lo acompañan de lejos o desde cerca.

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