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MAIA GATTÁS VARGAS, ARTISTA E INVESTIGADORA

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12/05/2021

Una barilochense en el estallido colombiano

Una barilochense en el estallido colombiano
Una barilochense en el estallido colombiano

Viajó para concretar una residencia artística y al poco tiempo, comenzaron las movilizaciones que pusieron al país en el centro de la escena. Pasó varios días aislada en Puerto Boyacá, pero ahora está en Bogotá.

Maia Gattás Vargas suele desconcertar. Al anunciar la inauguración de la muestra colectiva Laboratorio Isla Victoria en San Martín de los Andes para mediados de abril, era de suponer que andaría por la vecina localidad. Pero no, por esos días arribaba a Colombia para participar de una residencia artística. A poco de instalarse en Medellín, las calles colombianas explotaron y desde entonces, no deja de derramarse sangre. Sin preverlo, la joven artista e investigadora se convirtió en testigo de un acontecimiento que ya es histórico.

“Vine para hacer una residencia artística de dos meses en Medellín”, le dijo a El Cordillerano, en una pausa de sus actividades académicas. “Es el premio que me gané en la Bienal de Arte Joven de Buenos Aires y que se suspendió en 2020 por la pandemia. Yo había participado en 2019 y como se abrió la posibilidad de viajar, aproveché porque, además, perdía el pasaje. Entonces, vine para hacer un proyecto, pero en este contexto, quedó todo un poco difuso”.

Comprensiblemente, el estallido popular alteró sus planes. “Colombia me afectó desde el primer momento. En el barrio donde vivo hay mucha gente en situación de calle. Lo identifico como algo parecido a San Telmo (Buenos Aires), quizá por la cercanía al centro. Está como en un borde… Tengo un taller en la residencia que es una vidriera a la calle y por esa ventana, vi mucha gente en situación de calle y en situación de adicciones. Entonces, desde el primer momento me cuestioné qué hacer en arte, en pandemia y sabiendo que no iba a poder hacer una muestra. Desde el principio, tuve varios dilemas”, compartió Gattás Vargas.

Ante las convulsiones, pero “sin querer que se perdieran mi interés y mi eje, fui avanzando con ciertas entrevistas que quería hacer. Vine a trabajar en lo que suelo hacer: pensar la representación de la naturaleza o cómo el colonialismo atraviesa el paisaje, también en Colombia”, relató. “Entonces, estuve yendo al Jardín Botánico, al Herbario y a ciertos parques educativos, entrevistando a muchos científiques (sic). También empecé a intervenir esa vidriera donde trabajaba con partes del proceso de mi obra, que además se fija en cómo son vistos los colores desde la ciencia. Iba viendo las reacciones de la gente que pasaba caminando”.

Por las dudas, recordemos que Maia es artista contemporánea. “En un momento, escribí algo que me dijo una chica en una entrevista: pensar el color verde como una frontera… Desde la calle, alguien escribió algo en el vidrio del otro lado, así que se generó un pequeño intercambio. Todo esto, antes del estallido”, hilvanó. “Dio la casualidad que cuando empezó todo, tenía pautado encontrarme con una amiga en el campo, viajé y quedé varada. La semana pasada, cuando empezaron las marchas, estuve totalmente aislada en Puerto Boyacá, una zona poco turística y medio petrolera”.

No parece el lugar ideal para varar. “Según me contaron, es la zona donde nació el paramilitarismo, lo cual también me obligó a informarme”, confió Gattás Vargas. “Desde afuera, uno siempre escucha sobre Colombia, pero estar acá implica un esfuerzo para entender, porque uno está muy acostumbrado a Latinoamérica y sus dictaduras, el vínculo con los militares o la Policía. Acá, eso tiene otra especificidad que todavía no sé si entiendo”.

El intríngulis es considerable. “Por un lado, están los militares, por otro los paramilitares y por otro más, la guerrilla. Tuve la oportunidad de conversar con Teo, un guerrillero que ahora está en el proceso de paz… Todo eso me impactó mucho y siento que me cuesta terminar de entender la densidad y la cantidad de años que todo eso lleva acá e impacta en la vida cotidiana de les colombianes (sic)”.

Al momento de charlar con el cronista, la barilochense estaba en la capital del país. “Ahora (por el martes) llevo dos días en Bogotá, pudimos viajar recién el domingo porque estuvieron las rutas cortadas por el paro. Con este contexto, todo el trabajo que yo venía haciendo, se me disolvió bastante. Me preguntaba qué valor tenía ese trabajo en este momento preciso… Quizás a largo plazo, sí lo tenga, pero en este momento, lo estoy pensando”. El despertar colombiano se produce bajo la atenta mirada de una inquieta artista barilochense.

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