Publicidad
 

¿LA TERCERA ES LA VENCIDA?

|
21/03/2021

Los guardaparques nacionales apuestan por un sindicato propio

Los guardaparques nacionales apuestan por un sindicato propio
Los guardaparques nacionales apuestan por un sindicato propio

El Sindicato de Guardaparques Nacionales de la República Argentina (SIGUNARA) vive su tercer período de vida, tras su fundación en los ochenta -con su correspondiente desarticulación al inicio de los noventa menemistas- y un fugaz intento de reactivación en los primeros años del siglo XXI.

Pero el nuevo despertar los encontró con una fuerza que llevó a que, incluso cuando aún no cuenta con la normalización correspondiente, sus representantes fueran recibidos por el ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, Juan Cabandié, en un encuentro donde se planteó la necesidad de actualizar la carrera, lo que posibilitaría mejoras profesionales y económicas para los trabajadores del sector.

“Los entusiastas actuales estamos reorganizando el sindicato”, contó el secretario adjunto interino del gremio, Danilo Hernández Otaño. 

El guardaparques relató que, para lograr el objetivo, en este momento cuentan con una herramienta tecnológica de gran importancia: “Nos apoyamos fuertemente en la virtualidad, lo que se potenció el año pasado, como consecuencia de la pandemia”, aseveró.

A inicios del menemismo, ese instrumento no existía, lo que conllevaba una falta de comunicación que facilitó la decisión gubernamental de desarmar la entidad.

Hernández Otaño explicó que, en aquel entonces, se produjeron traslados que imposibilitaron seguir operando como gremio, ya que se separó a la cúpula.

“El objetivo que tenían lo lograron, porque el sindicato quedó inactivo”, reflexionó el guardaparque.

“Al no funcionar, y vencer el mandato de aquella comisión directiva, la entidad quedó en acefalía”, explicó.

Pero el presente los encuentra en una posición activa, con gran cantidad de adherentes, y en pos de regularizar la situación.

“Lo que solicitamos a la Dirección Nacional de Asociaciones Sindicales, del Ministerio de Trabajo, es la normalización del sindicato, que consiste en que se designe un agente normalizador, para guiar y orientar a la entidad gremial en un proceso que incluye lo que refiere a la elección de autoridades, la comisión directiva y los delegados, así como también la elaboración de los libros de actas, contables… todo lo que tiene que tener un sindicato para estar adecuadamente en funcionamiento”, señaló el secretario adjunto interino.

“Cuando eso se cumpla, se declarará la normalización del sindicato, y el agente normalizador dejará de prestar funciones. Quedará la dirección de la comisión directiva, como en cualquier otra entidad gremial”, añadió.

“Actualmente, estamos funcionando de hecho, con una comisión directiva interina, a la espera de la normalización”, dijo, en referencia al porqué de que su cargo, como los restantes de la agrupación, esté acompañado del término “interino”.

Aquellos que decidieron reiniciar las actividades del sindicato comenzaron a reunirse hace un par de años.

Pero, según indicó Hernández Otaño, todo lo referido al pedido de normalización  resultó “un poco caótico”, ya que los trámites derivaron a distintos expedientes: “Nos cuesta bastante trabajo que unifiquen todo”, apuntó.

“En general, en las sedes administrativas del Estado, se está trabajando por medio remoto, y es difícil encontrar a alguien que te atienda el teléfono y dé una explicación acerca de por qué, dos años después de solicitada la normalización, no hay ningún avance”, agregó.

El referente gremial expuso que en la actualidad hay algo más de quinientos guardaparques en la Administración de Parques Nacionales, de los cuales doscientos veinte están nucleados en SIGUNARA.

Los restantes no están inscriptos en ningún gremio o adhieren a la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) o a la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN).

SIGUNARA se presenta como el único sindicato dedicado específicamente a los guardaparques nacionales, es decir aquellos que cumplen tareas en las áreas que integran el sistema al que refiere la Ley de Parques Nacionales (N° 22.351).

“Por más que estemos en un proceso de normalización, tener tantos afiliados es significativo. Y nuestro reclamo de carrera, después de tres décadas sin ella, se ha hecho oír, por lo que se nos concedió una reunión con el ministro Juan Cabandié, que dejó buenos resultados”, aseveró Hernández Otaño.

“El cuerpo de guardaparques, en la década del noventa, sufrió podas en su estructura, y toda la cúpula fue desarticulada. Desde ese momento, las funciones que tenía la Dirección de Guardaparques fueron repartidas entre otros sectores de la Administración de Parques Nacionales, donde interviene personal administrativo, y eso no fue bueno, porque derivó en la falta total de carrera y progreso laboral durante treinta años”, puntualizó.

Además, aunque aclaró que no se conversó sobre eso en la reunión, sentenció que “es ineludible una recomposición salarial”.

“El sueldo de un guardaparques nacional está bastante por debajo del de los guardaparques de los sistemas provinciales, que antes nos miraban queriendo pasar a formar parte del cuerpo de la Administración de Parques Nacionales; ahora ya no, porque, en algunos casos, ganan el doble que nosotros”, se explayó.

Incluso detalló que “existen diferencias en el sueldo básico con el personal que, con los mismos requisitos de ingreso que los guardaparques, cumple funciones en el escalafón administrativo”.

“Estamos muy por debajo de ellos”, consideró.

“Es necesaria, al menos, una equiparación en los salarios de base”, opinó. 

Cuando se le consultó sobre cuánto dinero recibe en promedio un guardaparque nacional, manifestó: “Alguien con unos veinte años de servicio, de bolsillo, está teniendo unos cincuenta mil pesos por mes; ‘discutimos’ cada día con la línea de pobreza”.

En ese sentido, apuntó: “Si bien no se planteó en la reunión con el ministro, en función de ella, donde se abrió el diálogo para discutir sobre la carrera, el tema se instala solo, así que en los próximos días llevaremos una propuesta de equiparación salarial”.

“Otra cosa que se reclama es que no puede ser que gane lo mismo un guardaparque que trabaja en una seccional remota, a ciento cincuenta kilómetros de un centro urbano, que aquel que vive en la ciudad. No existe un reconocimiento por ese esfuerzo”, dijo.

“De la misma manera, aquellos que ejercen una jefatura no poseen una respuesta económica por la responsabilidad que asumen, y ese es un problema no solo para el trabajador, sino también para la propia Administración, porque cada vez hay menos interesados en tener ese cargo, ya que no existe una correspondencia salarial”, sostuvo.

Y desarrolló: “Un guardaparque que asume una jefatura pasa a tener una disposición horaria, dentro o fuera del trabajo, superior a las doce horas. Eso no es reconocido. Dos guardaparques, de la misma antigüedad y categoría, uno que es jefe y otro que no, cobran lo mismo, y quien se desempeña como jefe tiene una mochila de responsabilidad mucho más pesada”.

Volviendo al tema de la carrera, precisó que, en este momento, a lo máximo que puede llegar un guardaparque, justamente, es a esa jefatura de departamento que ni siquiera se reconoce con un incremento salarial. “Antes, había supervisiones regionales, direcciones, y el puesto único de director general del cuerpo”, expresó.

“El problema es que hoy no hay guardaparques en los cargos de decisión en la casa central del organismo; la gestión la ejerce personal administrativo, muchas veces sin el conocimiento real de terreno”, amplió.

Para que se comprenda hasta dónde llegan los límites a los que se enfrentan los trabajadores que representa SIGUNARA, ejemplificó: “Si un guardaparque quisiera ser intendente de un parque nacional, debería dejar de ser guardaparque, o pedir una licencia especial sin sueldo, afectando su carrera y su progreso profesional, porque ese cargo está reservado para el escalafón administrativo”.

En cuanto a la concreción del encuentro en el ministerio, por la solicitud de reinstaurar la carrera, Hernández Otaño reflexionó que el mensaje que queda es que se trata de “una demanda justa”.

“Hubo una muy buena aceptación del ministro, y una invitación a trabajar en nuestra propuesta, con la participación de la mayor parte de guardaparques posibles, estén o no en SIGUNARA”, contó el secretario adjunto interino.

Pero todo este desbarajuste interno tuvo su inicio hace treinta años, cuando se combatió, desde el gobierno nacional, a una entidad gremial que tomaba fuerza.

Para poner en situación la temática, el reconocido ecologista Alejandro Beletzky, por aquel entonces guardaparque, fue aun más atrás en el tiempo y recordó el contexto en que se pergeñó la agrupación gremial.

“Durante la dictadura, los guardaparques no tenían ninguna posibilidad de sindicalización; no nos dejaban hacer nada. Pero, a final de 1982, propiciamos el ingreso de ATE en Parques Nacionales. Lo convocamos para tener un sindicato que nos defendiera”, declaró.

Beletzky recordó que, luego, comenzó a haber roces en la relación con aquel gremio, y surgieron internas.

“Eso hizo que creáramos el sindicato de guardaparques”, esclareció.

“Lo iniciamos como una forma de defender ante el Estado, que era quien nos contrataba, las cosas diferenciales relacionadas con el cuerpo de guardaparques”, argumentó Beletzky, quien por aquel entonces estuvo afectado al área de prensa del naciente SIGUNARA.

“Con Raúl Alfonsín nos fue muy bien, porque él apoyó la creación del decreto 1.455, que es el que nos daba un plan de carrera, pero cuando asumió Carlos Menem como presidente empezó una persecución feroz”, rememoró.

“Cuando comenzó a hablar de canje de deuda externa por naturaleza, el sindicato dio inicio a las ‘marchas por lo nuestro’, donde denunciamos lo que se pretendía hacer”, ahondó.

“Así como entregó las empresas públicas, proyectaba hacer lo mismo con los parques nacionales”, aseveró.

En ese momento, SIGUNARA, más allá de que contaba con adherentes en todo el país, según recuerda Beletzky, “tenía toda su cúpula en el Parque Nahuel Huapi, porque es donde había nacido”.

Entonces, ordenaron el traslado de sus miembros.

“A mí me querían mandar a Diamante, que aún ni siquiera había sido determinada como un área protegida”, expresó Beletzky, que se resistió al traslado por las vías pertinentes, lo que determinó su salida de Parques Nacionales.

“Me echaron cuando cumplía años, el 16 de julio de 1991”, expuso (luego, en el siglo XXI regresaría a su función de guardaparque en carácter de asesor de la presidencia de la Administración de Parques Nacionales, pero esa es otra historia).

“Los que habían sido mandados a Iguazú sostuvieron la bandera y, alrededor de 2003, rearmaron el sindicato en Misiones”, contó, para luego añadir: “Ahí, los de ATE se pusieron locos y empezaron a boicotear”.

Eso significó un nuevo parate del gremio, que hace dos años volvió a dar señales de vida.

Que sus representantes hayan sido recibidos en el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible da idea de la importancia que adquirió SIGUNARA, al mismo tiempo que parece indicar que esta vez, la tercera, puede ser la vencida.

Christian Masello

¿Que opinión tenés sobre esta nota?