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UNA ENFERMERA DE TERAPIA INTENSIVA REPASA LA ACTUALIDAD DEL SECTOR Y RECUERDA AL COMPAÑERO QUE FALLECIÓ

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01/01/2021

“Esta pandemia nos ha quitado mucho, pero no nos tiene que sacar la humanidad”

“Esta pandemia nos ha quitado mucho, pero no nos tiene que sacar la humanidad”
“Esta pandemia nos ha quitado mucho, pero no nos tiene que sacar la humanidad”

“Estamos 'a cama caliente': se va un paciente, se limpia, y llega otro; eso antes no lo vivíamos”, sostuvo la enfermera Viviana Díaz, de la unidad de terapia intensiva de adultos del Hospital Zonal, quien fue una de las primeras en vacunarse contra el COVID-19.

En diálogo con el programa “Chocolate por la noticia”, en El Cordillerano Radio, tras advertir que vive “la pandemia muy de cerca”, ya que se encuentra “en la primera línea”, calificó la jornada de vacunación como un momento “especial, muy esperado”, que, en lo laboral, transcurrió como un día más, en el que trabajó dieciséis horas.

Díaz consideró que “la vacuna, más allá de cuestiones políticas, es una estrategia para bajar la morbilidad y la mortalidad en la población”.

“Hay personas que están en contra de las vacunas, pero tendrían que vernos y ponerse en nuestro lugar”, sostuvo.

Y añadió: “Desde hace meses luchamos con este virus. Vemos otra realidad. Se cierran las puertas de la terapia intensiva y, dentro, es totalmente distinto a lo que pasa afuera. A veces una escucha quejarse porque tienen que usar el barbijo para ir a hacer una compra, o, antes, porque no podían salir cuando estaba el aislamiento… y nosotros estamos dieciséis horas con un barbijo que no es el común, con toda la protección personal que tenemos que usar”.

“En ocasiones la gente cree que los pacientes son todos mayores, y yo les puedo decir que, en la terapia del Hospital Zonal, tenemos personas que tienen cuarenta, cincuenta, sesenta años… no son de noventa. Nos puede tocar a todos, y la realidad es que no sabemos cómo va a afectar a cada uno”, recalcó.

Al recordar a las personas que fallecieron, suspiró: “Lamentablemente, durante estos meses, hemos visto muchas muertes solitarias”.

La enfermera indicó, desde el nosocomio, se trata de acompañar a la familia de los pacientes. “Esta pandemia nos ha quitado mucho, pero no nos tiene que sacar la humanidad”, apreció.

“Todavía está el horario de visita permitido, con un familiar por paciente, para que, aunque sea, lo pueda ver a través de un vidrio”, relató.

Además, explicó que “es muy difícil cuando llega alguien y la familia está aislada”, ya que se tienen que “dar informes médicos por teléfono”.

Expuso que, también, “debe ser muy duro estar del otro lado, ser familiar y no poder ver al paciente: no saber qué está pasando con el papá, el hermano, el hijo… es una situación desgarradora”.

Remarcó que, desde el sanatorio, se “está colaborando mucho en lo que es acompañar el final de vida”.

A su vez, recordó al enfermero Carlos Burgos, recientemente fallecido. “Era una persona muy querida, un enfermero de años, amaba su profesión, creo que por eso seguía trabajando: el hospital era su vida. Es un orgullo haberlo conocido”, manifestó.

Y, al evocarlo, reflexionó: “Yo me volvería a vacunar, porque no quiero tener otro compañero en una cama, atendiéndolo. No quiero tener a ningún familiar en ese lugar… Le diría a toda la población que, cuando esté disponible la vacuna, también lo haga”.

Cuando se le consultó si había sentido algo tras vacunarse, señaló que “solo un poco de dolor muscular y cansancio”.

Al rememorar este año, la enfermera apuntó: “El 11 de marzo se declaró pandemia a nivel mundial por la Organización Mundial de la Salud, y, ya antes, veníamos viendo cómo enfrentaríamos el virus”.

“Estamos muy cansados. Son muchos meses en los que trabajamos el doble de lo que lo hacíamos. Tenemos nueve camas en la terapia, y se han extendido cinco o seis más, fuera, con todo lo que eso lleva, porque no se trata solo de tener un respirador, hay que disponer de la medicación y, especialmente, del personal capacitado para que pueda atender, ya que no todos pueden hacerlo, lleva un tiempo de formación”, especificó.

De esa manera, Díaz explicó que desde agosto la terapia está llena, y habló de “un escenario agotador”.

“Estábamos acostumbrados a tener pacientes durante diez o quince días como mucho. Este virus ha llevado a tenerlos treinta o cuarenta días, y eso bloquea las camas, porque los enfermos llegan pero demoran en salir”, dijo.

En cuanto a la tarea que se realiza, en la actualidad, contra el coronavirus, la enfermera mencionó “el tratamiento de aporte de oxígeno, que va de a poco, y casi siempre termina con la conexión a un respirador”.

También citó la pronación, “que es poner boca abajo a la persona; puede estar setenta y dos horas así”.

“Después están los antibióticos, y también se ha utilizado plasma, que es algo que se sigue usando, pero eso más que nada antes de llegar a la terapia”, agregó.