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OTRA CAUSA QUE CERRÓ SIN CULPABLES

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24/12/2020

La "Masacre de Nochebuena": la venganza policial fue terrible

La "Masacre de Nochebuena": la venganza policial fue terrible
La "Masacre de Nochebuena": la venganza policial fue terrible

La Nochebuena de 1992 probablemente haya sido una de las más sangrientas que registre la historia de la ciudad. Cuatro individuos fueron acribillados por una comisión policial que investigaba un intento de robo que acabó con el asesinato del sargento primero Guillermo Osses. Fueron condenados pero la sentencia fue anulada y luego se perdió en los laberintos de la justicia para consagrar la impunidad.

José Pedro "Pedri" Figueroa, Daniel Omar Palma, Florentino Jaramillo Oyarzun y José Oyarzo Navarro, fueron víctimas de una emboscada perpetrada por efectivos de la Policía de Río Negro que investigaban el crimen del sargento primero Guillermo Oses.

Los autores del hecho, siguieron en la fuerza policial con diversos destinos y en la actualidad solo uno de los protagonistas permanece en actividad. El caso acabó en la nada. Tras una sentencia que les aplicó penas menores, todo quedó diluido hasta que un fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación declaró la prescripción de la acción penal por el paso del tiempo.

Según la autopsia, Figueroa tenía ocho heridas de bala: una en el cráneo, tres en el rostro, dos en las piernas y las otras dos en el pecho. Palma, tenía un proyectil en el cráneo y otra bala había atravesado su muñeca izquierda. Jaramillo Oyarzún tenía tres balazos en el pecho, mientras que Oyarzo Navarro tenía siete balas en el cuerpo: cuatro en el brazo izquierdo, dos en el pecho y una en el abdomen. El vehículo en el que se desplazaban, tenía muchísimos impactos de bala. Palma fue el único que no murió en el lugar, aunque lo hizo apenas ingresó al Hospital Zonal.

La investigación judicial inmediatamente ligó lo ocurrido al oficial principal de la Policía de Río Negro Daniel Jesús Navarro, que ubicó a Jorge Saúl Bobadilla a comandar un grupo abocado a la pesquisa de un hecho ocurrido dos días antes y que además estaba integrado por los suboficiales Héctor Mario Gadea; Ricardo Jesús Chávez; José Luis Antilaf; Alejandro Schmeisser; Osvaldo Raúl Sánchez; Néstor Fabián Millaqueo y José Luis Bobadilla.

La masacre se concretó cuando los petardos y estruendos de balas, se confundían por la llegada de la Navidad de 1992, frente a un domicilio del barrio Lera. Horas más tarde, los autores del hecho se tomarían fotografías junto a cada uno de los cadáveres, mientras eran examinados por el médico forense que practicó las autopsias.

 La historia del caso

 En 1992 Bariloche tenía poco más de 80.000 habitantes. El 20 de diciembre de ese año, cuando caía la tarde, alguien robó en algún lugar del Alto de la ciudad una camioneta Ford F 100 color verde. Era el primer paso para un plan urdido por delincuentes para obtener un jugoso botín navideño.

Ya en la madrugada del 21 de diciembre, la F 100 ingresó al predio donde funcionaban los talleres y las oficinas de la empresa Micro Ómnibus Tres de Mayo, en la intersección de las calles Palacios y Hermite.

A bordo del utilitario, iban entre 6 y 10 hombres jóvenes fuertemente armados. No tuvieron problemas para reducir a los empleados que estaban en el lugar y comenzaron a requisar las instalaciones en búsqueda de dinero y cajas fuertes.

Simultáneamente, el sargento primero Guillermo Osses se alejaba caminando del lugar, tras haber cumplido su turno. Tenía 36 años y probablemente una fuerte vocación que le hizo pensar que algo raro ocurría con aquella camioneta que acababa de cruzar y volvió sobre sus pasos.

Alcanzó a dar la voz de alto y se identificó como policía al desenfundar su arma 9 milímetros y efectuar un disparo intimidatorio al aire. La respuesta fue inmediata, recibió ocho balazos por debajo de la cintura y falleció varias horas después en el Hospital Zonal de la ciudad.

Los integrantes de la banda supieron que el plan debía abortarse y escaparon del predio sin concretar el robo.

La investigación recayó en el Juzgado de Instrucción 4, a cargo por entonces del juez Fernando Bajos, siendo su secretario Ricardo Calcagno y el fiscal, Héctor Leguizamón Pondal. Al primero, el caso le costó la carrera, los otros dos siguen dentro del Poder Judicial como jueces.

La por entonces subcomisaría 77, que luego se convertiría en la unidad 28 del Alto de la ciudad, tenía al oficial Daniel Jesús Navarro como subjefe y fue quien estuvo a la cabeza de la investigación en la parte policial.

Decidió convocar a un grupo de policías considerados "duros", para trabajar exclusivamente en la búsqueda de los autores de aquel hecho. Designó a Jorge Saúl Bobadilla como cabeza de ese grupo que integraron los suboficiales Héctor Mario Gadea, Ricardo Jesús Chávez, José Luis Antilaf, Alejandro Schmeisser, Osvaldo Raúl Sánchez, Néstor Fabián Millaqueo y José Luis Bobadilla.

Hasta el 23 de diciembre se habían producido diversos procedimientos y allanamientos en los que los uniformados detuvieron a Pablo Martín Figueroa, Juan Javier Figueroa, Oscar Horacio “Chivo” Báez y a José Andrés Otarola.

Pero la razzia continuaba y seguía la búsqueda de otros presuntos autores del hecho y obtuvieron el dato que esperaban. La pareja de uno de los hombres buscados aportó la pista fundamental que derivaría en la masacre. Según contó, la Nochebuena de 1992, sería aprovechada por un grupo de personas buscadas para abandonar la ciudad, rumbo posiblemente a Neuquén o el Alto Valle rionegrino. Pero antes irían a despedirse de su entorno, aprovechando los festejos de Navidad.

Así, Jorge Bobadilla organizó a su equipo y sin dar aviso a sus superiores ni a las autoridades judiciales que trabajaban en la investigación del crimen de Osses, trazó su plan de trabajo.

Horas después, todos los integrantes de la comisión policial, vestidos de civil y a bordo de dos vehículos particulares, prepararon una emboscada en Los Colihues 1105, a metros de la barda del Ñireco.

Apenas minutos antes de los brindis de las doce, un Renault 18 se detuvo en el lugar. A bordo estaban José Pedro Figueroa, Daniel Omar Palma, José Oyarzo Navarro y Florentino Jaramillo Oyarzún. Este último fue el único en descender, buscando la vivienda de su pareja para despedirse.

Pero no llegó: fue interceptado, reducido y ejecutado de tres disparos en el pecho efectuados a 30 centímetros de distancia.

Casi en simultáneo, el resto de los policías se abalanzó sobre el Renault 18 y comenzó a disparar, desde distancias establecidas entre un metro y un metro y medio. Más tarde distorsionarían la escena: borrarían pruebas, plantarían armas y seguirían efectuando disparos con otras.

Extrañamente la causa fue caratulada como homicidio en agresión y en un juicio desarrollado un año después, se aplicarían seis años de prisión para Jorge Bobadilla, cuatro para Chávez y tres años y seis meses de prisión para Gadea, José Bobadilla y Antilaf. Sánchez, Schmeisser y Millaqueo fueron absueltos.

Más tarde la sentencia fue anulada por el Superior Tribunal de Justicia por errores procesales y se ordenó un nuevo juicio que nunca llegó, hasta que la Corte Suprema declaró la prescripción de la acción penal.

En cambio, por el hecho que derivó en el homicidio del sargento Osses, sí hubo juicio y condenas firmes. En esa causa resultaron absueltos Oscar Horacio Báez y José Andrés Otarola, mientras que Juan Javier Figueroa, que era menor al momento del hecho, primero fue declarado responsable y luego le impusieron siete años de prisión y Pablo Martín Figueroa recibió quince años de prisión. La sentencia determinó que algunos de los ejecutados por el grupo policial, no había tenido intervención en el asalto a la Tres de Mayo.

Mariano Colombo