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ACUÑA, PRIEBKE Y EL CAPRARO

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27/11/2020

Córtenla con la cuenta fácil de Bariloche + alemanes = nazis

Córtenla con la cuenta fácil de Bariloche + alemanes = nazis
Córtenla con la cuenta fácil de Bariloche + alemanes = nazis

La única matanza de judíos que registra la historia argentina tuvo lugar en Buenos Aires y bajo un gobierno radical, en el transcurso de la Semana Trágica. En el país, el antisemitismo es anterior al ascenso de Hitler al poder.

El fallecimiento de Diego Maradona alejó de la consideración pública los malabarismos discursivos e intelectuales de cierta prensa oficialista, que en su afán de cargar contra la ministra de Educación de Buenos Aires, asoció sin mayores matices a Bariloche con el nazismo y al ideario de la funcionaria con su paso por el colegio alemán de esta ciudad. Como si en Buenos Aires no funcionaran establecimientos similares o como si Adolf Eichmann hubiera vivido 10 años en la Antártida antes de su captura por parte del Mossad. A veces, la búsqueda fácil de repercusión magnifica algunos acontecimientos para dejar en la penumbra otros.

No fue en Bariloche donde nació el primer grupo claramente racista y que hoy tildaríamos de ultraderecha de la historia argentina, sino en la mismísima Buenos Aires. Es más, cuando una especie de sucursal se instaló a orillas del Nahuel Huapi, curiosamente fue Primo Capraro quien con más tenacidad se opuso a sus designios (ver aparte). Sí, el mismo “pionero” que, bastante más tarde, dio su nombre al establecimiento educativo que Erich Priebke condujo por varios años.

Como más o menos se sabe, la inmigración europea que promovieron los gobiernos de la llamada Generación del 80 no provocó los efectos que habían soñado intelectuales como Juan Bautista Alberdi y hombres de acción como Domingo Sarmiento. Efectivamente, durante décadas arribaron a Buenos Aires centenares de miles de trabajadores que tenían hábitos fabriles y campesinos, pero también ideas anarquistas, comunistas y socialistas. Para hacerles frente y no solo ideológicamente, se conformó la Asociación Argentina y luego la Liga Patriótica.

En su “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo 2010), la historiadora Laura Méndez describió a la primera entidad como “organización paramilitar nacionalista surgida tras los sucesos de la Semana Trágica (1919) que incluía un heterogéneo –tanto en lo social como en lo ideológico- conglomerado social, que bajo el lema 'patria y orden' se constituían en ‘guardián de la argentinidad’, para ‘estimular el amor a la patria’ y ‘cooperar con las autoridades en el mantenimiento del orden público’”.

El único pogromo que registra la historia argentina tuvo lugar en 1919, cuando el nazismo no estaba en los planes de nadie, y se desarrolló en Buenos Aires. En Bariloche se enteraron varios días después por los diarios. Y tampoco fueron inmigrantes alemanes quienes lo propiciaron. Ese fue el año de la Semana Trágica y el claro carácter antisemita de la matanza se diluyó en el marco mayor de la represión contra los trabajadores que propició el gobierno de Hipólito Yrigoyen.


La portada de Kohsmar - Pesadilla.

Pesadilla

Durante los acontecimientos fue detenido Pedro Wald, quien trabajaba en el diario Di Presse y también era carpintero. La Policía lo arrestó: se lo acusaba de estar designado por los “maximalistas” como el futuro presidente del soviet argentino. A pesar de las torturas que sufrió en la Comisaría 7° no confesó, por la movilización popular fue liberado y, 10 años después, publicó el libro “Koshmar”, que significa pesadilla en idish. Wald era judío.

Algunos de sus párrafos fueron rescatados por la prensa el año pasado, cuando se cumplió un siglo de la Semana Trágica. “Salvajes eran las manifestaciones de los ‘niños bien’ de la Liga Patriótica, que marchaban pidiendo la muerte de los maximalistas, los judíos y demás extranjeros. Refinados, sádicos, torturaban y programaban orgías. Un judío fue detenido y luego de los primeros golpes comenzó a brotar un chorro de sangre de su boca. Acto seguido le ordenaron cantar el Himno Nacional y, como no lo sabía porque recién había llegado al país, lo liquidaron en el acto. No seleccionaban: pegaban y mataban a todos los barbudos que parecían judíos y encontraban a mano. Así pescaron un transeúnte: ‘Gritá que sos un maximalista’. ‘No lo soy’, suplicó. Un minuto después yacía tendido en el suelo en el charco de su propia sangre”.

Salvo para sectores de la izquierda, los directamente agredidos o ciertos historiadores, el antisemitismo del que hicieron gala policías, militares, integrantes de los sectores adinerados y funcionarios gubernamentales en 1919, es prácticamente desconocido. A la hora de explicar los pensamientos de la ministra Soledad Acuña, debería ahondarse un tanto más en lugar de insistir con la cuenta de resultado fácil: Bariloche + alemanes = nazis.

Al término de los sucesos, el embajador estadounidense informó que se habían producido 1 365 muertos durante la Semana Trágica, 179 de los cuales eran “rusos judíos”. Fueron epicentro de los acontecimientos los barrios de Villa Crespo y Once. Otro texto, del médico y político entrerriano Juan Carulla, describió el carácter dantesco del pogromo: “Se luchaba dentro y fuera de los edificios. El cruel castigo se extendía a otros hogares hebreos. El ruido de los muebles y cajones violentamente arrojados a la calle se mezclaba con gritos horrendos: ¡Mueran los judíos!” Por entonces, Bariloche no albergaba a ningún criminal de guerra y la Asociación Cultural Germano Argentina se formalizó recién en 1953.

Adrián Moyano