Columnistas
05/10/2020

Hablemos de la gente tóxica

Por: Doctor Bernardo Stamateas

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

¿Sabías que los tóxicos son iguales en todo el mundo? Podemos encontrar gente tóxica en todos los ámbitos: la familia, el trabajo, el lugar de estudio, la calle, etc. Pero lo cierto es que nadie viene a lastimarnos de un momento para el otro. Nadie viene y nos insulta o nos descalifica o nos envidia de repente. Puede ocurrir ocasionalmente, pero en general lo primero que alguien con toxicidad emocional hace es entrar en nuestro círculo de intimidad afectiva.

Supongamos que mi espacio afectivo es un círculo. En el medio estoy yo, afuera están los conocidos y adentro están aquellos que tienen un interés especial en mi vida (aquí incluimos a los amigos y a las personas más cercanas). Y, dentro de ese círculo de intimidad afectiva, hay distintos grados de conexión emocional y de intimidad. El tóxico intentará siempre entrar en mi círculo. ¿Por qué? Porque desde allí va a lastimar y a causar dolor. Un hecho es cuando alguna vez nos enfrentamos con alguien que nos insulta; y otra cosa muy diferente es cuando nos insulta alguien que se encuentra en el círculo íntimo. Sin duda, eso nos va a doler tres veces más. Por eso, el tóxico tratará por todos los medios de construir intimidad rápidamente. Cuando uno ve mucho de alguien en poco tiempo, hay que abrir los ojos. Que una persona cuente toda su vida de golpe y quiera saber todo de tu vida de un minuto a otro debería ser una llamada de atención.

Esto es importante tenerlo presente, en especial, si estás formando (o tenés el deseo de formar) pareja. Si en los primeros encuentros, el otro dice: “Contame toda tu vida” y busca recolectar datos nuestros que no son importantes, debemos recordar que no es algo a revelar al comienzo de una relación, sino más adelante cuando la relación ya está afianzada y se está construyendo la intimidad, que es un proceso gradual y no un acontecimiento.

El tóxico suele “volcarnos” su intimidad para generar un apego emocional y utilizarlo luego a su favor para dañar. Entonces, de forma encubierta, nos exige que le compartamos cosas íntimas o que no deseamos revelar. Es muy común, por ejemplo, que se acerque y te diga algo como: “Decime, ¿vos cuánta plata ganás? ¿Cómo te está yendo?”. Busca recolectar información del espacio íntimo del otro porque quiere ingresar en ese aspecto. ¿Y qué va a hacer una vez que ingresó en ese aspecto? Desde allí, va a lastimar emocionalmente. Por eso, duele tanto cuando alguien cercano y tóxico nos lastima.

La tarea de nuestro cerebro es la supervivencia. Por eso, en lo que dura medio parpadeo, chequeará si la atmósfera es tranquila. Entonces, si alguien me rechaza o me trata mal, mi cerebro pegará ese recuerdo a través de la emoción. El cerebro fija un recuerdo negativo para ayudarnos a aprender hacia adelante. Te animo a usar esta capacidad innata que todos tenemos para detectar a los tóxicos y, aunque alguna vez seamos presa de ellos, seamos cuidadosos para no volver a caer. Cuidemos hoy más que nunca nuestra salud emocional, tanto como cuidamos nuestra salud física.

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