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SE QUITÓ LA VIDA DE UN DISPARO

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04/10/2020

Primo Capraro: se cumplen 88 años de la muerte de uno de los hacedores de Bariloche

Primo Capraro: se cumplen 88 años de la muerte de uno de los hacedores de Bariloche
Primo Capraro: se cumplen 88 años de la muerte de uno de los hacedores de Bariloche

El mediodía de aquel nuboso 4 de octubre de 1932, la figura más importante de los últimos treinta años del entonces pueblo, decidió quitarse la vida. Tenía 57 años, una enorme figura y cientos de responsabilidades, aunque se estima que la construcción del ferrocarril, era la que más le preocupaba y que estuvo vinculada a su trágica decisión.

“Se suicidó Capraro”, fue la lamentable noticia que causó estupor en aquella pequeña aldea que era nuestra ciudad por aquel entonces. Esa tarde, amigos y adversarios ocuparon las calles, en la manifestación más numerosa que se recordara hasta la fecha. La flota naval entera del gran lago Nahuel Huapi -con más de 200 embarcaciones- se concentró a la vista del viejo cementerio del Ñireco (donde hoy está el Colegio Nacional), dejando oír sus sirenas durante todo el entierro.

Un año más tarde, en 1933, unas 300 familias aportaron dinero para inaugurar un busto con su imagen, la cual se constituyó en el primer monumento de la ciudad. Su epígrafe dice Primo Capraro: Espíritu del progreso de Bariloche.

Ese busto fue realizado por el escultor Oliva Navarro y fue situado de espaldas al lago en una plazoleta ubicada en Quaglia y Costanera (actualmente homenajea a la Prefectura). Durante los primeros años posteriores a su muerte, familiares y vecinos se acostumbraron a congregarse cada 4 de octubre en ese lugar, para homenajear al empresario. Años más tarde, la estatua fue mudada a los pies del Centro Cívico, junto a un ciprés. Ambos mirando hacia el Nahuel Huapi.


En 1933 se inauguró un busto para homenajearlo. (Archivo Visual Patagónico)

Primo Modesto Capraro había nacido en Belluno, Italia, en 1875. Según cuenta la historiadora Laura Méndez en su trabajo titulado “El león de la cordillera” que repasa la historia de Capraro, este fornido hombre estudió en una escuela industrial. Allí asimiló matemáticas y técnicas de la construcción.

Realizó el servicio militar en Suiza, donde aprendió a construir diques y caminos. Estuvo en Austria, Suiza y Alemania. En el 1900 se instaló en México, país en el que trabajó en las minas de oro de Pachuca, contratado por una empresa británica. De allí se fue a Chile y posteriormente, a la Argentina.

Llegó al Nahuel Huapi llamado por Federico Baratta, quien fuera su compañero en el servicio militar. Baratta era un perito minero italiano, empleado de la Dirección de la Oficina de Tierras y Colonias, dependiente del Ministerio de Agricultura de la Nación quien, frente al proyecto de creación de la Colonia Agrícola y Pastoril del Nahuel Huapi, le propuso a Capraro adquirir un lote en sociedad.

Capraro llegó a la región en abril de 1903, y se instaló en el lote del lago Correntoso, sobre la margen noroeste del lago Nahuel Huapi. Tras un fallido intento de encontrar oro en los lagos del sur, se dedicó a la venta de madera para la construcción de estancias y viviendas, montando un aserradero en esa zona.

En 1908, Primo Capraro obtuvo del gobierno nacional, en arrendamiento a título precario, una superficie de 4.500 ha entre el lago Correntoso y el lago Espejo. Al trasladarse a San Carlos de Bariloche por intereses comerciales -inició junto al comisario de policía José Alanís, una fábrica de ladrillos-, nombró en su estancia del Correntoso a un “encargado habilitado”.


La escultura estaba de espaldas al lago, luego fue mudada. (Archivo Visual Patagónico)

Una de las características típicas de su accionar fue el no respetar los límites locales, sino pensar la región como un todo en cuanto a mercado, conglomerado humano y posibilidades de desarrollo.

Según consta en los registros catastrales, el capital inicial de Capraro fue muy reducido. En 1905 era propietario de un terreno cuyo valor no superaba los $300. Cuatro años más tarde el valor de su propiedad ascendía a $1.000, a la que se le sumaban los dos terrenos que figuraron a nombre de su esposa alemana, Rosa Maier, por un valor de $7.500 y $2.500.

Desde su instalación en la ciudad de Bariloche, Capraro comenzó a comprar lotes en el radio urbano y en la Colonia Agrícola llegando -hacia la mitad de la década de 1920- a ser dueño de numerosas propiedades en el Nahuel Huapi, entre ellas, hoteles, embarcaderos y almacenes de ramos generales.

En San Carlos de Bariloche instaló una usina, carpintería, herrería y taller mecánico, monopolizando así las actividades de la construcción en la región. A comienzos de los años 20 el aserradero de su propiedad abastecía la madera con la que su empresa constructora levantó prácticamente todas las viviendas del pueblo, las estancias vecinas y los puentes.

En los terrenos del actual Centro Cívico tuvo su base de operaciones, llegando a concentrar en las inmediaciones cerca de 300 empleados, en su mayoría compatriotas italianos. Sus actividades comerciales se expandieron cuando se convirtió en dueño, en 1916, junto a otros socios, y desde 1919 como único propietario, de la parte comercial de la Compañía Chile-Argentina, empresa que liquidó en esos años la totalidad de los bienes que poseía en territorio argentino, según expuso Méndez en su texto.


Mayo del 32, en la flamante oficina radiotelegráfica de Villa La Angostura. (Archivo Visual Patagónico)

Desde el comienzo de su actividad empresarial, Capraro se convirtió en un firme defensor del tendido de la línea férrea que uniría el puerto de San Antonio recostado sobre el océano Atlántico con la región cordillerana rionegrina la que, desde el inicio de su construcción en 1910, sufrió permanentes postergaciones.

Para Capraro, el facilitar las comunicaciones y el traslado de mercaderías a través del tren, sería la base del desarrollo regional, ya que permitiría reemplazar las importaciones chilenas por productos nacionales, aumentar la población, integrar la región al mercado nacional, así como favorecería el desarrollo industrial del Nahuel Huapi, en el que incluía a su empresa maderera.

Pero la crisis de 1930 lo dejó al borde de la ruina, y las elecciones de ese año lo privaron del control absoluto de la política local que había ejercido hasta entonces. Aun así, tuvo tiempo de asociarse con otros empresarios locales para abrir la oficina radiotelegráfica de Villa La Angostura el 15 de mayo de 1932, fecha en que se considera fundada la ciudad.

Convencido de que solo con la llegada del ferrocarril al lago -tantos años la punta de rieles alejada de su verdadero destino- se sellaría el progreso de Bariloche, arrastraba desde varios años antes, las penurias como contratista de los terraplenes del ferrocarril al lago. Tironeó de los rieles con tal vehemencia, que agotó primero sus reservas financieras, porque adelantaba capital propio y el Estado Nacional retrasaba el pago de las certificaciones de obra. Su sentido del honor hizo lo demás.


Capraro se quitó la vida a los 57 años de edad. (Archivo Visual Patagónico)

Durante su vida, se casó con su esposa Matilde y tuvieron dos hijos: Luisa y Francisco. Además de empresario, visionario y principal hacedor del progreso local, fue vicecónsul de Italia, miembro de la Comisión de Fomento local en forma casi ininterrumpida entre 1906 y 1930, presidente del Automóvil Club Argentino, agente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), representante de la East Indian Oil Company, Ford y Fordson, Vacum Oil Company, Pirelli, Sociedad Anónima Platense, Compañía Seguros La Buenos Aires, Compañía de Seguros La Columbia, Banco de Italia y Banco del Río de la Plata.

También se desempeñó como corresponsal de los diarios La Nación y La Patria Degli Italiani. A partir de 1927, formó parte también de la Sociedad de Fomento Rural de Río Negro y Neuquén y en 1929, participó de la fundación de la Sociedad de Fomento Rural de Bariloche.

Pocas de las actividades de la ciudad se hacían sin la presencia de Capraro. Participó en la generación de energía eléctrica instalando otro generador, aparte de la usina de Benito Bock, cedió una casa para que se reuniera el primer club de fútbol de la ciudad, creó la Banda de Música Municipal, y hasta fue el protagonista principal de los carnavales.

Fue el mejor impulsor del turismo inicial y el referente de todo viajero de importancia, por lo que quedaron testimonios diversos de su personalidad vigorosa.

Estos roles múltiples ejercidos por Capraro en el espacio regional le permitieron acceder a un amplio caudal de información sobre el mercado (precios de los productos primarios y manufacturados, del trabajo y del transporte) que le posibilitaron -desde su lugar de propietario, comerciante, fabricante y político- tomar decisiones que fortalecieron su capital material y simbólico.

 

 

Diego Llorente