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TUVO QUE LLEGAR A MEDIDAS EXTREMAS PARA LOGRAR LA REPATRIACIÓN

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24/08/2020

Nano Martínez volvió a tocar en la calle después de una odisea

Nano Martínez volvió a tocar en la calle después de una odisea
Nano Martínez volvió a tocar en la calle después de una odisea

Estaba en la costa peruana cuando se declaró la pandemia y se cancelaron los vuelos. Pasó las mil y una para retornar a la Argentina. Hoy, busca el mango con la música entre la afluencia de una sucursal bancaria.

Los clientes del Banco Patagonia sucursal Gallardo quizá repararon en la música que ayudó a sobrellevar la espera en los últimos días. Allí se instala periódicamente Nano Martínez, habitual animador de la escena local, a quien la irrupción de la pandemia tomó en mal momento. El músico estaba en Perú cuando se cerraron fronteras y cancelaron vuelos. Su retorno fue una auténtica odisea en la que no faltaron algunos detalles un tanto macabros.

“Estaba de viaje”, le dijo a El Cordillerano. “Venía de grabar el cuarto disco de mi banda, Patada Punk Rock. A los primeros tres los había grabado acá en Bariloche. El primero con Pablito, de Mal Momento; el segundo con el Chavo Bergés y en el cuarto, tuve la suerte de que se sumara Luciano Napolitano. Con ese, voy a representar el rock de Bariloche, ante la dificultad que teníamos los músicos callejeros en la era Macri para poder tocar en la calle y demás”, contextualizó Martínez. Aquellas dificultades parecen nimiedades si se las compara con el áspero presente.

En marzo último, “estaba tocando en restoranes, lo que se usa mucho fuera de la Argentina, en lugares como Bolivia, Perú y Ecuador. En un momento, pensé en regresar, estaba tocando en el mundial de surf, representando a Bariloche como rockero y ahí me agarró la pandemia. Quedé varado y en los primeros días la pasé muy mal”, compartió. “Después, empecé a tocar en la puerta del único mercado que había porque en Perú había estado de sitio”.


Palabras claras.

En aquellos días no tan lejanos, “muchas veces fui prepoteado (sic) por la Policía y el Ejército, hasta que logramos la repatriación. Volvimos en un Hércules a mediados de mayo y estuve alojado en el hotel Patagonia Sur”, señaló el músico. Desde ya, de vuelta en Bariloche “mermó mucho el trabajo porque yo doy clases en colegios, edito discos, soy productor, toco y toco con todos los que vienen de Buenos Aires”, mencionó.

Su historial es nutrido. “He tocado con Luis Robinson, con Luciano Napolitano infinidad de veces y en vida, con Diego Rapoport”. La cuarentena “me afectó en la merma del laburo y al volver, vi todo totalmente distinto y anímicamente. Pero estoy poniéndole garra, tocando todos los días porque aún no cuento con el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE), así que estoy con un repertorio de soul, rock, reggae y algo de punk rock también, en la puerta del Banco Patagonia, en la calle Gallardo antes de llegar a Onelli”, precisó.

De las olas a la basura

Cuando todo se desató “estaba tocando en el mundial de surf femenino, en la localidad de Huanchaco, muy cerca de Trujillo (Perú). Empecé a escuchar que había un grupo de Facebook de repatriación y quise volver con mi familia y con mis amigos, así que nos pusieron en una lista, después de esperar 40 días. Estuve comiendo de la basura y pidiendo comida porque estaba todo cerrado y no podíamos tocar en ningún lado. Cuando estás de viajero con la guitarra no hay capacidad de ahorro, al menos a mí nunca me salió”, admitió.

La primera etapa del retorno se cumplió en la capital peruana. “Llegamos a Lima, mucho maltrato del cónsul pero los ayudantes nos trataron bien. Me pagaron un hostal de unos 20 soles pero no cubrían la comida, así que también tuve que salir y exponerme, saltar los cadáveres porque en Lima había montañas de cadáveres en las esquinas”, comentó. “Para serte sincero, cuando llegué quedé bajo tratamiento psiquiátrico, no por estar loco porque no lo estoy”, aclaró.

La precaución se explicaría porque “de tanto insistir en la Embajada, la única forma que hubo para que los tres músicos argentinos pudiéramos tomar el último vuelo del C 130 fue agarrar un cadáver de la esquina”, señaló Martínez. “Nos pusimos guantes de petróleo, tres barbijos, un traje biológico y revoleamos el muerto contra el portón del Consulado. Ahí nos detuvieron y mi mujer, Emi, de The Interrupters, me pidió que nunca le pregunte cuánto pagó por la fianza, pero nos sacó y al otro día nos metieron en el Hércules. Llegamos a Palomar y ahí tomamos un bus hasta Bariloche”, reconstruyó.

Con la vuelta parcial de la actividad callejera, “al menos puedo comer y pagar el techo. Estoy en un hostal, supuestamente el Estado con la repatriación me tenía que pagar pero eso no se cumplió”, resaltó el músico. “Son gente muy buena (en el hostal), a los ponchazos pero voy pagando y la gente en el banco colabora. Una de mis canastas dice Músico sin IFE, ya conocí al personal policial de ahí que me permite ir a tocar, aunque no voy mucho. Voy con distanciamiento social y con barbijo doble para no perjudicar a nadie, aunque con este viaje de repatriación, ya tengo seis hisopados negativos”, se ufanó Martínez.

El músico exhortó a que la gente adquiera los barbijos intervenidos artísticamente en las sucursales del supermercado Todo, ya que parte de esos fondos se canaliza a la asistencia de artistas que no ingresaron a las ayudas oficiales. En tanto, en la calle Gallardo suena “un repertorio variado. Si bien me dedico al punk, hago canciones de Cerati, de Pappo, de Virus, de rock nacional, de Sumo, de Bob Marley and The Wailers, de los Beatles o los Rolling Stones”, enumeró. Amplitud quizá necesaria para superar tanta angustia.

Buscar la sonrisa

Nano Martínez arma su lista de temas callejeros “según las cabezas que vea. Si veo pelitos blancos, también hago un valsecito ecuatoriano, si hay gente que gusta de la cumbia, arrancamos con un par de cumbias también. Como decís vos, en este momento a la gente hay que arrancarle una sonrisa, porque está toda bajoneada”, sostuvo, al responder la inquietud del cronista.

Además del cara a cara en la calle, “estamos en este momento craneando o ideando para los músicos callejeros que la estamos pasando mal, una asociación que se va a llamar A la gorra.com o Recitales a la gorra.com… Verán los que están organizando. El que ideó esto es mi gran amigo, guitarrista y compositor, Luciano Napolitano. Ni bien tengamos un número de CBU, de Personería Jurídica o de ONG, lo voy a acercar para que nos puedan dar una mano. La idea es que cada uno mande un videíto, una foto, un número de CBU o de Mercado Pago y que la gente de todo el mundo pueda depositar y dar una mano”, insistió Martínez. Difícil pueda olvidarse de 2020 y de Perú.

Adrián Moyano