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03/08/2020

Monopolio no es lo mismo que poder

Profesor - Abogado especialista en Derecho informático y TICs.

Profesor - Abogado especialista en Derecho informático y TICs.

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Los medios internacionales se focalizan nuevamente en los cuatro jugadores tecnológicos más fuertes del mundo. Dejaron afuera a Microsoft quizás porque luego de una década que duró el juicio acusándola de prácticas monopólicas, la Corte Suprema de Justicia de los EEUU terminó fallando a su favor.

Pero lo cierto es que los cuatro gigantes –Google, Apple, Facebook y Amazon- tuvieron que rendir examen, y responder algunos puntos.

Antes de tratar el fondo del asunto me gustaría recordar algunos datos para tomar dimensión de las empresas involucradas. Las cuatro suman una capitalización bursátil de casi cinco billones de dólares, y los ingresos anuales superan los 800.000 millones de dólares. Además de estos números económicos, hay que destacar que las cuatro continúan figurando entre las empresas más innovadoras del mundo. Como un dato de fortaleza de estas compañías podemos decir que durante la pandemia, mientras las economías del mundo se desploman, Amazon y Facebook vieron crecer su patrimonio un 60%.

Jeff Bezos de Amazon, Mark Zuckerberg de Facebook, Tim Cook de Apple y Sundar Pichai de Google se defendieron en la audiencia del pasado 29 de julio. Los argumentos de cada uno de ellos fueron interesantes y demuestran la fortaleza de sus visiones empresarias. Cada uno de los lectores podrá sacar sus propias conclusiones. Voy a rescatar algunas ideas de estos empresarios, cada exposición duró casi dos horas, que me convencen de lo complejo de la situación y que supera al simple problema planteado por la comisión antimonopólica de los Estados Unidos.

Para comenzar, Jeff Bezos dijo que Amazon tiene el 2% del mercado global y el 4% del mercado de los Estado Unidos. Afirmó que existe espacio para muchos otros competidores. Tim Cook mencionó que está convencido que el iPhone es el mejor celular –tienen el 14% del mercado mundial-, sin embargo existen otras opciones para el consumidor como Sansung, LG, Huawei o Google. Sobre la oferta de aplicativos iOS negó la acusación y reafirmó que Apple no tiene el dominio de ninguno de los mercados donde actúa. Las palabras de Mark Zuckerberg tienen un peso propio al decir que las compañías acusadas no son malas por ser grandes.

Cuando uno ve los números de estos cuatro gigantes tecnológicos queda abrumado, pero a su vez estas cifras en el mercado mundial son relativas. Como dijo Bezos, Amazon tiene el 4% del mercado mundial, nada más.

Entonces, al margen de determinar si realizan prácticas monopólicas tenemos que prestar una especial atención al poder que tienen estas empresas. Ser monopólico no es lo mismo que ser poderoso, y no existe en el mundo una ley que condene a los poderosos y ese es el real complejo problema al que nos enfrentamos.

La mayoría de estas empresas tecnológicas funcionan bien acaparando poder, que no es lo mismo que dominando el mercado. El ecommerce se sustenta en la confianza de los consumidores, y allí Amazon ganó buena reputación y se hizo fuerte. ¿Es eso ilegal? Los consumidores no eligen Amazon porque es el único, sino porque es el más confiable.

Pero existe otra característica que rodea a las empresas tecnológicas y que no podemos evitar más. Muchas de estas compañías solo funcionan eficientemente siendo grandes y eso no se puede corregir ampliando la oferta. La solución es mucho más compleja.

Que Facebook sea la red social más grande del mundo es consecuencia de que una red social eficiente es aquella que más usuarios reune y se impone así en el mercado. Si creamos una red donde no hay nadie, posiblemente fracase. Basta preguntarle a Google que le ocurrió con Google+. El mercado puede crear tantas redes sociales como quiera, pero nos vamos a reunir en Facebook, sencillamente porque ahí estamos casi todos -5 mil millones de usuarios-. Lo mismo ocurre con Booking.com si hablamos del mercado de turismo, Netflix si hablamos de streaming, o Uber en transporte.

Esta característica de muchos servicios tecnológicos nos hace pensar en una nueva realidad jurídica, que no es otra cosa que la necesidad tecnológica o, como digo, contratos de adhesión por necesidad tecnológica, que nos proponen un desafío para desatar el nudo que nos presentan.

En condiciones normales uno puede elegir en contratar o no, pero ahora ya no es posible en muchas circunstancias. Yo puedo elegir abrir cuenta en LinkedIn, pero la realidad es que las empresas reclutadoras piden el CV de la red social. Se acabó mi libertad. Puedo no estar en WhatsApp, pero mis clientes lo usan. Entonces ya no tengo la libertad de desinstalar el aplicativo, lo debo tener para mantener un buen servicio y atender los mensajes. En tiempos de pandemia, puedo ponerme duro y oponerme a que mis hijos usen Google Classroom, pero con seguridad van a perder el año escolar.

Entonces, ya no puedo elegir libremente estar o no estar. Debo estar por necesidad tecnológica, y aceptar las condiciones que estos gigantes me imponen. No importa que actúen en monopolio, porque de cualquier forma y por más amplia que sea la oferta en el mercado, siempre estarán en una posición dominante, por el poder que acumularon. Después de todo, el poder no se tiene se ejerce.

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