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DESCRIPCIÓN EN SUS “APUNTES PRELIMINARES”

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05/06/2020

Bariloche a los ojos de Moreno, en 1896

Bariloche a los ojos de Moreno, en 1896
Bariloche a los ojos de Moreno, en 1896

En los escritos del entonces perito no aparece la denominación que hoy conocemos, sino solamente la de San Carlos. Las imágenes que acompañan esta crónica aparecen en una versión de su trabajo que está en línea.

Un pergamino que encontró un cronista de El Cordillerano renovó la polémica sobre la antigüedad real de San Carlos de Bariloche y su diferencia con la formal. El documento es en realidad un homenaje que se prodigó a Carlos Wiederhold en 1925, según el cual el origen de la actual ciudad data del 2 de febrero de 1895 y no del 3 de mayo de 1902. La diferencia radica precisamente en el estatus jurídico que otorgó el famoso decreto de Julio Roca y Wenceslao Escalante, al poblado que como ya dijimos en otras ocasiones, venía creciendo desde la instalación del Fuerte Chacabuco.

En el verano de 1896, Francisco Moreno regresó al lugar donde prosperaba el asentamiento, como parte del trabajo como perito en Límites que desarrollaba para el gobierno argentino. Parte de sus apreciaciones, las volcó en “Apuntes preliminares sobre una excursión a los territorios del Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz”. El título se explica porque el viajero aspiraba a desarrollar con mayor detalle sus constataciones en el terreno, que eran consecuencia del tratado que Chile y la Argentina habían celebrado en 1881 para deslindar jurisdicciones.

Proveniente de Junín de los Andes el contingente, la aproximación a la zona tuvo estas características: “continuamos al día siguiente, costeando siempre la margen izquierda del Limay”, es decir, la orilla actualmente neuquina “y a las doce salimos delas angosturas para penetrar en suaves ondulaciones del valle que se ensancha, siempre dominado por la vieja toba porfírica: vemos algunas poblaciones en la margen opuesta; pasamos una hermosa morena frontal que antiguamente cerró el valle y en cuyas hondonadas ha trazado el río su tortuoso curso y descendimos al ancho y extenso valle del lago Nahuel Huapi, que se retira”.

Se puede precisar por dónde andaban Moreno y sus acompañantes porque anotó: “este valle, en el que próximo al lago está situado el Fortín Chacabuco (770 metros) o más bien sus ruinas, al pie de unos abruptos cerros volcánicos, debería estar ya completamente poblado. Sin embargo, sólo vimos algunas yeguas ariscas y corrales y casa abandonadas cuando se retiraron las fuerzas nacionales. Creo que estas tierras son fiscales aún, por suerte, y obra patriótica haría el gobierno que dispusiera su colonización inmediata”.

Sin embargo, la soledad no era absoluta: “al anochecer llegamos a la estancia del señor Juan Jones (820 metros), situada en el viejo valle morenisco (sic) del lago, resguarda por los montes y rodeada de praderas hermosísimas. Sus haciendas de raza alegran la vista y el espíritu”, consideró el por entonces director del Museo de La Plata. Las cifras que aparecen entre paréntesis en su texto, refieren a la altitud sobre el nivel del mar de cada paraje.

Cerca del cerro Leones

El perito consagró el capítulo V de sus “Apuntes preliminares” al Nahuel Huapi. Evidentemente, en primer término se refirió a lugares que forman hoy  parte de Dina Huapi. “Franca acogida recibimos de los enérgicos moradores de esa población industriosa, y con su consentimiento resolví hacer allí un campamento de reserva para las secciones del Museo que trabajan en esas zonas. En ese punto tenía en 1876 sus tolderías el cacique Inacayal, pero Shaihueque no consintió, cuando visité el lago en ese año que me acercara a la toldería de Tequel-Malal, que así se llamaba entonces el paraje”.

Al día siguiente se desplazó el observador “a la península del Oeste en busca de un punto prominente desde donde pudiera dominar el gran lago en sus ensenadas andinas, que nunca había visto antes”. Las observaciones que anotó son prácticamente apuntes de geología, aunque dejó constancia de “los espléndidos frutillares que proporcionaron ratos agradables a nuestro paladar”. Silvestres, se entiende.

“Este promontorio está situado a trescientos metros sobre el lago y se domina desde él el paisaje morenisco del valle oriental y vasta extensión del lago con sus cuatro islas y las preciosas ensenadas del oeste; toda la orilla hasta donde alcanza la vista, una faja de árboles en la que predominan los cipreses separa del lago la morena ondulada”, escribió Moreno. A esta altura de la narración, quizás haya que mencionar que con las morenas, se refería al viajero a fenómenos asociados al desplazamiento milenario de glaciares, en particular a lomas u otras elevaciones.

La versión impresa de “Apuntes preliminares” incluye varias imágenes al final. Después de dar cuenta de su visión panorámica desde aquel promontorio, escribió el explorador: “no puedo entrar ahora en una descripción de esa parte del lago, la que se hará a su tiempo, y refiriéndome sólo a las fotografías que acompañan estos apuntes, retrocedo a la estancia de Jones. Parece que si bien se produce allí trigo, necesita pronto abono la tierra; pero las papas, las arvejas, las habas, las cebollas, proporcionan abundante cosecha”. Nótese qué diversidad en los productos de la tierra, antes que la instauración del modelo turístico la convirtiera solamente en moneda de cambio inmobiliaria.

Transcurría marzo de 1896 y la crónica policial estaba al rojo vivo: “las pobladores inmediatos están alarmados” porque “un grupo de salteadores chilenos anda haciendo fechorías, y dos días antes de nuestra llegada han asesinado a un vecino y más tarde a uno de la pandilla para robarle las botas que había quitado al vecino”, se admiró el porteño. “Es imposible que la gobernación del Neuquén puede ejercer vigilancia en todo el territorio con el escaso personal de que dispone, y sería de desear que el Ministro de Guerra resolviera enviar un cuerpo de línea a Nahuel Huapi, el que podría ser el núcleo de una colonia militar útil. Cámbiese allí la colonia ‘Sargento Cabral’ ubicada en los escoriales de Catalin”, recomendaba Moreno.

El 8 de aquel mes, “temprano, cruzamos el Limay en el bote de señor Jones, frente a la estancia del señor Gabriel Zapata”. Después de andar un rato, “a medio día llegaba al campamento Schiörbeck, a cargo del señor Bernichan y situado al pie de la barranca donde en 1880 tuve mi campamento, en la choza abandonada del indio valdiviano Guaito”. Dieciséis años después, “esa choza había sido reemplazada por cómodas casas de madera, habitación del colono don José Tauschek, cuyo cultivos y productos pastoriles tienen ya fama entre los colonos alemanes de Llanquihue”. Testimonio que ilustra sobre el sentido que adquiría la circulación comercial desde el Nahuel Huapi por aquel entonces.

Estancia Tauscheck en Nahuel Huapi.

San Carlos sin el “de”

Se ve que el colono aprovechó la presencia del perito gubernamental para pasar un comprensible aviso, del cual Francisco Moreno tomó nota: “Pero (José) Tauschek, como los demás hombres industriosos que han poblado en las orillas del Nahuel Huapi, no es dueño del terreno que ha hecho valer con sus esfuerzos. Esto hace parte de una de esas inconcebibles concesiones de treinta y dos leguas y está expuesto a ser desalojado, sin tener derecho a indemnización alguna por el dueño de la concesión”, denunció.

Nótese la siguiente descripción: “el señor Schiörbeck (integrante de su comisión) se había internado ya por el Lago Gutiérrez siguiendo mis instrucciones, y me dirigí en su busca. Así volví a ver el venerable del lago, el centenario ciprés que había observado en 1880, próximo al arroyo Ñiereco (sic), en la falda de la morena y dominando a la población de San Carlos, construida últimamente por los hermanos Wiederholtz (sic), de Puerto Montt, hijos de alemanes y miembros de esa raza enérgica y trabajadora que está formando al Sud de Chile y que los argentinos deberíamos tratar de formar en Patagonia”. Repárese en el “últimamente”.

La observación de Moreno sobre la ubicación del árbol que ya no está, desmiente la afirmación que Ada María Elflein hiciera en 1916, cuando de visita por el pueblo como redactora de La Prensa, indicó que el ciprés se levantaba en realidad en Playa Bonita. Es más verosímil el relato que ubicaba al “venerable” en el actual Paseo de las Colectividades, sobre la calle –precisamente- Moreno. Por otro lado, adviértase que en la identidad del poblado, el explorador omitió la denominación “de Bariloche” porque como dijimos en otra oportunidad, esa precisión fue aporte posterior del Correo cuando necesitó diferenciar el San Carlos de aquí de una multitud de San Carlos que ya existía en la República Argentina. Pero que en 1896 el pueblo existía, existía…

Adrián Moyano