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10/02/2020

El hábito de la reflexión

El hábito de la reflexión

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

Quien es mamá, papá o líder de un grupo posee una determinada posición. Pero esta última en sí misma no significa nada si la persona no está dispuesta a ejercer su rol. Los humanos, ya sea que lo sepamos o no, venimos a este mundo completos. ¿Qué quiere decir eso?

Que vos y yo estamos equipados con un “potencial interior que no conoce límites”. Dentro de nosotros portamos todo aquello que necesitamos para vivir en plenitud. Entonces, ¿por qué mi vida está lejos de ser plena?, tal vez preguntes. Avancemos para hallar la respuesta…

Aunque uno tenga conciencia de sus recursos interiores, debe completarse a diario. Si bien estoy completo posicionalmente, es preciso que me complete cada día a partir de la experiencia. ¿Y cómo logro completarme? En primer lugar, conociéndome, sabiendo qué es aquello de lo que carezco y aceptándome tal como soy. Ese es el punto de partida… pero veamos algunos ejemplos:

Un adolescente es emoción pura. A esa edad no está completo porque le falta un elemento: la razón que suele manifestarse con la adultez. Por lo general, el adolescente posee demasiada emoción y poca o nada de razón. Por esa causa hace lo que le dicen sus emociones y se resiste a cumplir órdenes. La función de los padres de hijos en esta etapa conflictiva de la vida es enseñarles a reflexionar para reconocer las consecuencias de sus acciones.

A una persona muy exigente consigo misma, le resulta difícil prácticamente todo. Porque, en el fondo, siente que todo debe hacerlo a la perfección para ser aceptado por los demás. Sentir de esta manera es sinónimo de vivir en un estado permanente de tensión que no solo no nos permite disfrutar nada, sino que además nos podría llegar a enfermar. ¿Qué le hace falta a la persona híperexigente? Reflexionar sobre su comportamiento para ser capaz de abrir espacios de relajación y autoaceptación. Después de todo… ¡nadie es perfecto! Todos tenemos defectos pero todos podemos alcanzar nuestra mejor versión.

Una persona orgullosa, que es incapaz de reconocer sus puntos débiles, no conoce la reflexión. Esto es así porque no puede mirar hacia adentro y darse cuenta de que es valioso por el solo hecho de ser un humano con defectos y virtudes, como todo el mundo. Por esta razón cree que es mejor que los demás y exagera sus puntos fuertes. Quien tiene orgullo podría llegar a decirle a una eminencia: “No estoy de acuerdo con lo que dice”.

Cualquier rasgo negativo de nuestra personalidad que nos negamos a aceptar puede hacer que nos alejemos de una vida reflexiva. Quizás por ello a veces la vida nos permite atravesar situaciones dolorosas con el fin de ayudarnos a volvernos hacia adentro y reflexionar. Sin duda, convertir la reflexión en un hábito produce grandes beneficios.

Por eso, te animo a disponer de un tiempo breve cada día para detenerte a pensar en lo que hacés y, en especial, por qué lo hacés. De esta manera, lograrás ser honesto con vos mismo y realizar cualquier cambio necesario para completarte y avanzar en la vida.

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