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30/10/2019

CUENTOS Y CANCIONES AL REVES: La niña a la que le venían con cuentos

CUENTOS Y CANCIONES AL REVES: La niña a la que le venían con cuentos

Músico, docente, pero ante todo un papá inquieto que no duda en nadar contra la corriente si es a favor de lo que ama.

Ilustraciones: Guadalupe Vallejo

Músico, docente, pero ante todo un papá inquieto que no duda en nadar contra la corriente si es a favor de lo que ... (+ Info)

¡Andáaaa!… ¿A quién se le ocurre marcar un camino en el medio del bosque con miguitas de pan? Primero, si es un bosque como los de acá, ni hacen falta pajaritos para que desaparezcan las miguitas. Apenas las soltás o te agarra un viento patagónico que te las manda a dos kilómetros o, si tenés suerte que caigan al suelo se te pierden al toque entre la pinocha o las hojas secas ¡o peor! en un charco de barro donde se disuelven en no más de quince segundos. ¡Ay Hansel! Yo sé que seguro no se te ocurrió a vos o a tu hermana. No sé de dónde sacan los grandes las ideas para los cuentos ¿es que nunca fueron chicos? Así que lo de las miguitas, no se lo tragan ni los pajaritos ni yo.

Además, ¿sabés cuántas miguitas se necesitarían para marcar un sendero que se vea en un bosque? Yo me tomé el trabajo de hacer la prueba.

Encontré un pan de la mesada, no había común, mamá había comprado uno integral con semillas (pensé ¡mejor! ¡si es para los pajaritos más vale semillitas!), así que agarré ese y lo rompí en varios pedacitos… ni muy grandes ni muy chicos. Trocitos chiquititos para hacer mucha miga, pero que todavía puedan verse bien en el piso del living.

Antes tuve que hacer un poco de lugar. Guardé los juguetes con los que estaba jugando que estaban desparramados por el piso (bah, para que te voy a mentir, los pateé para los costados) y dejé una especie de pasillo que arrancaba en la cocina, hacía algunas curvas bajo la mesa y esquivaba un par de macetas hasta llegar al living. Yo calculo que habría un camino libre de más o menos treinta pasos largos de los míos.

Entonces, con paciencia de relojero (eso decía mi abuelo, aunque nunca le entendí por qué lo decía) me tiré de panza al piso y empecé a poner una por una: miguita, miguita, miguita, semilla, miguita, miguita con semillla, miguita… Cuando se me acabó el pan, que era más de la mitad del paquete, busqué en el costurero de la abuela el metro de plástico que usa para medirme cuando me hace esos chalecos que me hacen picar, y medí el largo desde la primer miga hasta la última. ¡ja! ¡Dos metros con treinta y cuatro centímetros! ¡Ni a la segunda maceta llegaba! ¡Y me quieren hacer creer que Hansel y Gretel marcaron un camino en el bosque con miguitas de pan que tenían en los bolsillos!

Ese tarde vino a casa a visitarme la tía, que trabaja no sé donde pero que la tiene re clara con los números y me ayudó a calcular que para, ponele, un sendero de más o menos unas tres cuadras de bosque, se necesitarían por lo menos ¡ciento veinte panes de molde! ¿Te imaginás? Porque aunque sean dos chicos, ¿cuántos bolsillos tenés que tener para guardar semejante bodoque de panes? ¡Y bancarte el peso! Un pan de molde pesa casi un kilo, ¡hacé la cuenta! ¡Y ni hablar de la plata que tenés que tener para poder comprar todo ese pan! Y en el cuento decía que eran de familia humilde ¿no?

Desde ese día empecé a escuchar los cuentos con más atención… No hay que dejarse engrupir, porque después de grande dice papá que te toman para el churrete (tampoco le entendí esa palabra).

Así que ojo, estate atento… que te lean cuentos sí, pero no permitas que te vengan con cuentos.

Miguitas de pan

Miguitas, chiquitas, trocitos de pan
marcan el camino para regresar
vayamos al bosque ¡no puedo esperar!

No me voy a perder, marqué el camino
con miguitas de pan.

Marqué el camino con bolitas,
diminutas, chiquititas...

Con trocitos de miguitas de pan.

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