Columnistas
21/10/2019

Gracias por la incomodidad

Gracias por la incomodidad

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el clarinete y el saxofón. Estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy...

Nacido en el barrio porteño de Floresta y de ascendencia griega, Bernardo Stamateas tiene habilidad para el ajedrez, el ... (+ Info)

A nadie le gusta sentirse incómodo pero, en realidad, deberíamos agradecer este sentimiento porque, solo cuando ya no nos sentimos cómodos donde estamos, nos decidimos a perseguir el cambio en nuestra vida. Sin incomodidad, no hay cambio. La mayoría de nuestras peores acciones están basadas en el egoísmo. Cuando una persona piensa: “Yo hago lo que quiero… a mí nadie me va a decir lo que tengo que hacer”, en el fondo, es orgullosa y aun sin darse cuenta puede llegar a perder cosas valiosas.

Algunos le muestran una “buena cara” al mundo, mientras se encuentran atravesando una situación complicada o dolorosa. Esto es así porque durante ese período se sienten incómodos. Como resultado, ocultan ciertos aspectos negativos en ellos (que requieren sanidad emocional), como por ejemplo la psicopatía que consiste en dañar a otros sin sentir culpa. En medio de las dificultades, eso no aflora. Pero cuando todo se mejora y vuelven a estar cómodos, comienzan a mostrarse tal cual son.

Cuando nos sentimos incómodos, cuando ya no queremos estar donde estamos, cuando no vemos la hora de que las tormentas de la vida se acallen, estamos recibiendo una señal de que necesitamos realizar algún cambio. Muchas veces esperamos, y exigimos, que los demás cambien sin darnos cuenta de que los que precisan cambiar somos nosotros. Si quiero que mi pareja cambie, tengo que cambiar yo primero. Si quiero que mis hijos cambien, debo cambiar yo primero.

¿Por qué? Porque:
Nada cambia afuera hasta que uno no cambia por dentro.

“Mi pareja se terminó por culpa de mi ex”, comentan algunos frente al dolor de una separación. Pero no se dan cuenta de que están muy cómodos en su posición y son ellos mismos los que necesitan urgentemente modificar algo. Toda incomodidad, en forma de dificultades, crisis, malas relaciones, deudas, etc., viene a entregarnos el siguiente mensaje: “Tenés que hacer cambios”. Aun así, algunos nunca logran reconocerlo y se pasan la vida quejándose, lamentándose y procurando cambiar a los demás.

¿Por qué a mucha gente le cuesta cambiar? Porque hay quienes poseen la capacidad de hacer pero carecen de coraje. Y hay quienes tienen el coraje de hacer pero carecen de visión. Para cambiar, se necesita tanto coraje como visión. Esta última nos permite, frente a la incomodidad, visualizar (ver con los ojos de nuestra mente) un mañana mejor. Entonces somos capaces de perseverar, de seguir adelante a pesar de los obstáculos, hasta llegar a nuestro objetivo. Lleve el tiempo que lleve.

La armonía, ese estado en el que sentimos que todo está bien, es en el fondo enemiga de la transformación. Solo cuando nuestras circunstancias actuales nos sacuden, logramos abrazar el cambio. Si te sentís mal porque la plata no alcanza, porque tus hijos no te hablan, porque no te llevás bien con tu pareja, tal vez ha llegado el momento de generar cambios profundos. Por eso, frente a la incomodidad en tu vida, elegí pensar que ella quitará todo rasgo de orgullo y te conducirá a la cima.

Por consultas, podés escribir a [email protected]

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